El 12 de octubre de 1997 la delegación vinotinto había regresado al entonces moderno hotel Excelsior de Asunción. Una caída 1-0 con Paraguay, tras generar varias situaciones de gol entre Juan García y José Luis Dolgetta, evitadas por José Luis Chilavert, homenajeado antes del juego por el premio al mejor arquero del mundo.
Por primera vez se disputaba la Eliminatoria Sudamericana todos contra todos, lo que generó que se extendiera la actividad de una selección que antes se armaba para competir solo durante un par de meses. En las mesitas del hotel se palpaba una larga despedida. Se había terminado el compromiso, que por fin generó el primer ingreso millonario para la Federación, y se iba a desmantelar el combinado nacional por mucho tiempo.
Rafael Dudamel era uno de los líderes del plantel, dirigido por Eduardo Borrero. Las últimas actuaciones habían sido dignas, con orden táctico y falta de gol. Al arquero le angustiaba que se cortara el trabajo y se lo planteó al presidente de la FVF. La Vinotinto estaba creciendo lentamente con la competición continua e iba a retroceder si se desaprovechaba el tiempo.
Sucedió lo imaginado. Durante un año no hubo entrenador, mientras Rafael Esquivel conversaba con decenas de candidatos, incluso durante el Mundial de Francia. José Omar Pastoriza llegó a finales de 1998 para comenzar de cero. Reaparecieron los recursos pero el tiempo perdido no se pudo recuperar.
