La Eliminatoria Sudamericana se despedirá de Venezuela en San Cristóbal, la ciudad más futbolera del país, con debilidades geográficas y económicas que le impiden ser la sede permanente. El difícil acceso por sus aeropuertos cercanos y la localía de la que se apropió Colombia se suman a la incompatibilidad del poder adquisitivo con los precios de las entradas que aspiran los organizadores. Pueblo Nuevo tiene dos antecedentes favorables para Uruguay, que ha padecido años sin triunfos ante la Vinotinto. En 1993 celebró allí un sufrido 1-0, cuando con Enzo Francescoli no pudo clasificar a Estados Unidos. Y en la Copa América 2007, Diego Forlán cortó la ilusión nacional. La Celeste aparece en su máximo esplendor en las situaciones límite. Pasó en Puerto Ordaz cuando Brasil 2014 iba a ser el primer mundial vinotinto. En este ciclo tenía una holgura que se fue achicando y, recién cuando la situación se volvió apretada, ganó en Paraguay para quedar a un paso de Rusia. El favoritismo los afecta, la garra aflora cuando todo está en contra. El triunfo en los Andes los llevará a Moscú, pero si les va mal, podrán lograrlo luego al recibir a Bolivia. Saldrán al campo como si fuera la última oportunidad y los recibirá una camiseta que les resulta difícil. Siempre Rondón complicó a sus marcadores y Rincón les peleó la mitad del campo a los especialistas en que no crezca el pasto por donde pasan. Dudamel mantiene al plantel que empató con Colombia y Argentina, en un encuentro entre los consolidados, las últimas apuestas y los Sub-20 para conocer los grandes desafíos. Será clave que se mantenga la buena respuesta de los zagueros, contando con la garantía de Faríñez. Habrá que acertar en el lateral derecho, con el posible debut del prometedor Ronald Hernández. Rincón tiene alternativas de buenos compañeros para el combate de la mitad. Y la clave para el gol pasará por cómo se acompañe la lucha de Rondón. Aquella ocasión perdida en Cachamay se basó en plantear un duelo de juego aéreo frente a los maestros del cabezazo. Sus defensores padecen a los rápidos y creativos en un menú que ofrece a Josef Martínez, Murillo, Otero, Savarino, Soteldo, Orozco y hasta al juvenil Sosa, con su inolvidable tiro libre en Corea. Las gradas de Pueblo Nuevo verán al futuro vinotinto frente a la urgencia de una selección que será mundialista. Merecen estar repletas de testigos de la esperanza.