Las celebraciones por la remontada de los New York Knicks frente a los San Antonio Spurs en las Finales de la NBA desbordaron Nueva York y alcanzaron…
Las celebraciones por la remontada de los New York Knicks frente a los San Antonio Spurs en las Finales de la NBA desbordaron Nueva York y alcanzaron incluso Santa Mónica, un contraste que deja en evidencia el desafío que afronta el Mundial en Estados Unidos, donde la selección nacional se apresta a debutar contra Paraguay el sábado a las 02:00 BST.
Mientras en Manhattan hubo aficionados subidos a sus vehículos y en California se escuchaban los vítores de los bares junto a la playa, el torneo de fútbol más importante del planeta sigue intentando abrirse espacio en un país donde el baloncesto y el fútbol americano concentran la mayor parte de la atención deportiva.
Un torneo que todavía no despierta entusiasmo masivo
Una encuesta reciente sugiere que a la mitad de los estadounidenses consultados no les importa el Mundial. La combinación de tensiones políticas y boletos costosos también ha pesado sobre el ambiente previo a la competencia, en una nación que organiza por segunda vez la Copa Mundial masculina, después de haber sido sede en 1994.
Aquel certamen dejó una huella importante en la cultura futbolística del país, impulsó el crecimiento del deporte y abrió el camino para la creación de la Major League Soccer. Sin embargo, más de tres décadas después, el regreso del torneo aún no logra conectar de la misma manera con el público estadounidense.
Señales visibles, pero atención dispersa
En Nueva York ya aparecen algunos signos del inicio del campeonato. Hay vagones del metro decorados con los colores de distintas selecciones, una gigantesca valla con la imagen de Lionel Messi en Times Square y seguidores que se desplazan por la ciudad con camisetas de Marruecos y Brasil.
Esos dos equipos se enfrentarán el sábado en el primero de los ocho partidos que se disputarán en el MetLife Stadium, que para el torneo fue rebautizado como New York New Jersey Stadium. Aun así, en la ciudad la conversación dominante sigue siendo el baloncesto.
Los Knicks dominan por 3-1 la serie de las Finales de la NBA ante los Spurs y pueden conquistar el título nacional por primera vez desde 1973 si ganan el sábado.
Un aficionado resumió el ambiente con una frase que deja poco espacio para otros deportes: «No me importa nada más que los Knicks».
Otro seguidor comparó el posible festejo con una escena de Gotham si el equipo se corona, mientras que un tercero admitió que ha estado al margen de todo lo relacionado con el Mundial porque su única prioridad ha sido la campaña de Nueva York.
Frank, otro hincha, aseguró que su atención está puesta en los Knicks y que, una vez termine esa serie, se enfocará en la Copa del Mundo. También señaló que, por ahora, el equipo de baloncesto se ha adueñado por completo de la ciudad.
Un aficionado vestido con la camiseta azul marino y naranja del conjunto neoyorquino reconoció de forma directa: «Voy a ser sincero. No sé mucho de fútbol».
Los Ángeles prepara el torneo, pero el interés sigue siendo desigual
En Los Ángeles, donde el equipo anfitrión disputará dos de sus tres encuentros de la fase de grupos, la promoción del Mundial también está en marcha. En las vías cercanas al aeropuerto se observan pancartas de LA26 y del torneo, mientras en pantallas electrónicas aparecen imágenes de jugadores de la selección estadounidense.
En el centro de la ciudad, un gran mural rinde homenaje a Lionel Messi y algunas tiendas de conveniencia ya venden artículos vinculados con la Copa del Mundo. Sin embargo, para quienes no siguen el fútbol, el inicio del certamen podría pasar casi desapercibido.
Un taxista que llevaba a colegas del Servicio Mundial de la BBC se mostró sorprendido al enterarse de la cercanía del evento y preguntó: «¿Hay un Mundial? ¿Quiénes juegan?»
Los organizadores confían en que la expectativa crezca a medida que avance la competencia. Larry Freedman, copresidente del Comité Organizador de la Copa Mundial de Los Ángeles, señaló que el interés ha ido creciendo poco a poco y que ahora se encamina hacia un frenesí.
También sostuvo que el torneo llevaba mucho tiempo esperándose y que, en una ciudad con tantos deportes y actividades, la gente suele pensar más en lo inmediato que en lo que ocurrirá dentro de dos o tres años. A su juicio, la diversidad de Los Ángeles y la presencia de comunidades de todo el mundo ayudarán a elevar la emoción cuando ruede el balón.
Entre la ilusión y el desconocimiento
En Santa Mónica, Isaiah y Husna, ambos del condado de Sacramento, esperaban vivir la experiencia del torneo con entusiasmo. Isaiah aseguró que nunca ha visto un Mundial, pero que lo seguirá este año, convencido de que será algo distinto por celebrarse en Los Ángeles.
Husna afirmó que mucha gente en la ciudad no sabe qué es el Mundial, pero que al jugarse en un lugar tan popular terminarán enterándose y viéndolo.
Ambos admitieron, sin embargo, que desconocían cuál será el rival de Estados Unidos en su primer partido.
Entre los aficionados más jóvenes, aquellos que no vivieron la última Copa del Mundo en suelo estadounidense hace 32 años, el entusiasmo parece mayor. Mahon contó que han organizado reuniones para ver el encuentro y que están muy ilusionados.
Explicó además que tratan de convencer a amigos a los que no les atrae demasiado el fútbol, recordándoles que se trata del equipo de Estados Unidos y de un motivo de orgullo nacional.
Las entradas, un obstáculo para muchas familias
Uno de los principales problemas para aficionados locales y visitantes ha sido el costo de las entradas. En los días previos al debut de Estados Unidos todavía quedaban boletos disponibles, pero los más baratos costaban 1.120 dólares, una cifra que dejó fuera a muchas familias.
En el centro de Los Ángeles, Chris, Angie, Layla y Lauren dijeron estar felices de tener la Copa del Mundo cerca de casa. Chris comentó que tienen dos hijas que juegan fútbol en un club y que son seguidores del deporte, aunque lamentablemente verán los partidos desde sus hogares por el precio y la disponibilidad de los boletos.
Una situación similar describió Brennan, que estaba acompañado por su esposa Erica y sus hijos Stephanie y Marcel. Aseguró que, si las entradas fueran más asequibles para las familias, asistirían sin dudar, pero que de todos modos seguirán el torneo desde casa.
El rendimiento de Estados Unidos puede cambiar el ambiente
La evolución de la selección estadounidense también será determinante para el interés del público. Cuanto más lejos avance en la competición, mayor respaldo recibirá y más atención generará en un país donde el Mundial todavía compite con otros deportes y con una agenda deportiva muy cargada.