Todas las personas, en algún momento de sus vidas, enfrentan la soledad. Ésta puede ser el resultado de muchas situaciones como por ejemplo, la muerte de un ser querido o un rompimiento de relación. En ocasiones, el miedo a la soledad puede ser muy fuerte hasta el punto de llevar a la persona a emprender acciones de las que luego se arrepienten.
El miedo incontrolado a quedarse solo debe ser canalizado porque siempre es necesario un espacio, un momento íntimo, de desahogo o en el que la persona se encuentra consigo mismo. Las opiniones de los demás afectan, en gran medida las emociones, en especial cuando los familiares o amigos recuerdan un fracaso o un momento desagradable que ya fue y sol provoca frustración.
Cuando este miedo descrito a la soledad se acentúa y crece, muchas veces se vuelve incontrolable, provocando que, lo que resulta ser un mecanismo natural de defensa, se transforme en una «autofobia», en el miedo a uno mismo, al abandono y a ser excluido por los seres más queridos.
Todos los problemas de soledad son subsanados hoy día en las redes sociales; estas sirven de compañía y de entretenimiento.

