Algunas personas se enamoran de alguien que necesita ayuda, pero no para amarla sino para sentirse útil y querida. Estas relaciones son problemáticas y se convierten en destructivas. Conozca cuáles son las características de estos individuos y qué hacer para superar esta patología.
En sociedades como las venezolanas resulta común encender el televisor y observar telenovelas, donde la mayoría de sus personajes establecen relaciones codependientes. Es decir, se ve cómo la protagonista dedica su existencia a cuidar y ayudar a su pareja, pero sin resolverle todo, ya que, lo que le da sentido a su vida es sentirse útil y necesitada. Utilizan a la persona con quien comparten una relación sentimental como una droga para aliviar su vacío interno.
De acuerdo con Rosaura Andara, psicóloga clínica, esos patrones de comportamientos distorsionados, obsesivos y compulsivos se ven reflejados, de forma idealizada, a través de los medios de comunicación. “Esto explica porqué a través del televisor se perciben en determinados programas este tipo de amor, en la mayoría de los miembros del sexo femenino. “Generalmente, son vínculos muy conflictivos e imposibles, donde se exalta y elogia la victimización y el sacrificio de la mujer.
Para Marielena Sánchez, profesora de la cátedra de psiquiatría de la Facultad de Medicina de LUZ, la codependencia como tal es una adicción a las relaciones inadecuadas, porque estas personas sienten satisfacción al resolver la vida del otro. Se trata de un “juego de poder, una lucha en que cada uno ejerce su forma de control sobre el otro asumiendo papeles de víctima o de salvador”.
Ambas especialistas coinciden en afirmar que este comportamiento hoy día es considerada una patología. Y resulta más común en la mujer que en el hombre. “Culturalmente los patrones de conducta de estos individuos son más inculcados en las chicas por los roles sexuales”, enfatiza Andara.
Según explica Sergio Hernández, médico psiquiatra del Hospital Noriega Trigo, hay cuatro factores que definen a las personas que poseen esta enfermedad: “La primera: la obsesión mental, el individuo está todo el tiempo pensando en el objeto de amor. Aunque quiera, no tiene control voluntario de sus pensamientos. Una segunda característica es la compulsión física y está relacionada con los actos. Trata, bajo cualquier circunstancia ejercer el dominio. Otro aspecto tiene que ver con las consecuencias negativas. En la parte mental, el individuo pierde la capacidad de atención y concentración, comienza a deteriorarse la salud. Mala alimentación y trastornos del sueño por estar pendiente del otro”.
Mientras la última característica es la negación. “El paciente niega que esas conductas sean anormales y por lo tanto, no cree tener problemas. Minimiza las consecuencias negativas y no establece una relación causa efecto entre todo su comportamiento codependiente y sus consecuencias negativas”, enfatiza Hernández.
Por su parte, la médico psiquiatra Arely Marcano comenta que esta enfermedad puede provocar también una serie de síntomas psicosomáticos inespecíficos, dolores de cabeza, desarreglos digestivos y menstruales, insomnio o trastornos psicológicos como la depresión, la obesidad y la bulimia. “Los primeros síntomas de alarma serían no estar a gusto, no sentirse feliz, no querer llegar a casa, no sentir deseo… Ante esto siempre cabe preguntarse a uno mismo ¿qué pasa?”
Ricardo, un señor de 51 confiesa a FACETAS que fue un codependiente. Desde hace tres años asiste al Centro Codependientes Anónimos (Coda). Para ofrecer su testimonio pidió que no fuese revelado su verdadero nombre. Así admite su problema: “Después de 22 años de casado y de aparente felicidad, me impresioné cuando mi esposa decidió dejarme. Me quedé sólo con tres hijos. Al principio traté de que el vínculo entre mi esposa y yo no se rompiera definitivamente. Así decidí utilizar una serie de artimañas y manipulaciones para tratar de mantener a mi esposa cercana”.
De esta manera, Ricardo asegura que él se valía de la negación para no reconocer que su esposa ya no lo quería. “Lo veía de otra manera, -continúa- en el fondo me decía que ella es muy buena. Nunca imaginé humillarme tanto ante ella, con tal de lograr su amor y aprobación”, aclara.
Asimismo, manifiesta que en esta situación duró tres años. “Luego de estar en terapias con psicólogos, asesores en parejas y el grupo de autoayuda Coda, descubrí que era una falla de autoestima que tenía y provenía de detalles que hubo en mi infancia y juventud. Y que hizo que dependiera demasiado de la madre de mis hijos”.
En Coda Ricardo aprendió que la vida no se acaba si una persona te deja. “Ahora veo que fue un gran beneficio para mí, porque descubrí una forma de vivir sin sufrir”, pronuncia.
El temor a la intimidad, al compromiso, a la dependencia amorosa que hoy se da con mucha frecuencia resulta también un tipo de relación dependiente. “Hay muchas personas que cuando surge el deseo, la atracción por alguien o se enamoran le levanta automáticamente el miedo a la dependencia. Suelen darse estas situaciones en personas con experiencias anteriores dolorosas y frustradas o en gente con padres separados”, sentencia la psicóloga Norvelia Velásquez.
Rosaura Andara asegura que la gran paradoja del amor dependiente es esta precisamente, desear imperiosamente amar y ser amado: “miedo al rechazo, al dolor, a perder el control, a la personalidad del otro y, muy especialmente, temor a conseguir la felicidad”.
De esta manera, quien teme a la intimidad y al compromiso inicia una relación que desea realmente pero que corta a medida que el deseo toma forma. Así va inclinándose a relaciones que nunca se consolidan y entra en un ciclo que se va repitiendo. Si no se sinceran consigo mismos y no afrontan cuáles son sus verdaderas necesidades y se arriesga al compromiso, los especialistas mencionan que, difícilmente, encontrarán lo que tanto desean y buscan: ser felices.
