La revista FACETAS recuerda con sus lectores parte de sus contenidos más leídos y que nos muestran momentos de los personajes más reconocidos del país y del mundo a través de sus entrevistas. Esta vez, una semblanza de la siempre recordada Marilyn Monroe y su influencia para 1992:
La humanidad que aún la adora, anduvo ausente cuando drogada y desnuda sobre la cama, Marilyn Monroe volvía a ser Norman Jean Backer. Se le halló con un teléfono en la mano, pasando a ser, entre todos los célebres amantes que habían visitado ese acolchado espacio, un misteriosa persona a la que iba dirigida la última llamada de la Monroe. Alguien que la hubiese podido salvar… pero quizás nunca quiso acudir al encuentro.
Marilyn Monroe. El nombre evoca mucho más que sex-appel. Mujer voluptuosa, sensual, inocente… víctima. Sí, porque sin duda, la imagen más predominante de la Monroe _la que incluso ha ocupado su sensualidad: es la de Marilyn víctima de su belleza y glamour, de la que se dice que usaba el olor de su sexo como perfume para atraer más a los hombres, pero que lo que realmente “atrajo” fue su propia destrucción.
Es por eso que todos compadecen a Norman Jean Baker, chica solitaria, neurótica, hambrienta de amor, que a los 36 años, murió sola, desnuda, con un teléfono en la mano. La necesidad imperiosa de afecto separó a Marilyn del montón de rubias platinadas que hicieron nombre en los años 50, como Jayne Mansfield e Inger Stevens. Y el foco de su atracción no era su innegable atractivo físico sino su conmovedora vulnerabilidad. Esta le acercó hombres tan importantes y poderosos como el escritor Arthur Miller, al astro de beisbol Joe Di Maggio, al presidente John F. Kennedy su hermano Robert.
ATRACCIÓN FATAL
El papel que jugaron John y Robert Kennedy fue crucial y determinante en la vida de Marilyn, según muchos que vivieron el “drama” de cerca. Para comprender por qué algunos sugieren que su atracción por los Kennedy la llevaron al borde del precipicio, es preciso regresar a esa época que los norteamericanos bautizaron Camelot. El capítulo de la rubia platinada y los famosos hermanos comenzó en 1951 en la oficina del agente de la artista. Cuando el actor Peter Lawford _un playboy irredimible que aún después de casado frecuentaba casas de dudosa reputación_ vio a Marilyn por primera vez, se sintió desmayado por su belleza y su aire de mujer sencilla. Salió con ella, pero el affaire terminó cuando Peter se casó con una Kennedy. A partir de ese momento, Lawford y su cuñado John _un joven con futuro prometedor_ comenzaron a salir juntos en lo que ellos llamaban “excursiones de cacería”. Su presa: mujeres de todo tipo y figuras. Es que los dos tenían un apetito libidinoso insaciable.
Kennedy llegó a admitirle a un empleado de la Casa Blanca: “Si no tengo relaciones sexuales por lo menos una vez al día, me dan unos dolores de cabeza terribles”.
BOMBA DE SEXO
En 1954 Marilyn era una de las mujeres más “traídas y llevadas” de Hollywood. Estaba casada con el astro del beisbol Joe Di Maggio y la unión del atleta con la bomba del sexo había capturado la imaginación del público… Sin embargo, el matrimonio de solo seis meses ya enfrentaba serios problemas: Di Maggio era excesivamente celoso (quizás con justificación) y Marilyn se resistía a convertirse en simple ama de casa como él quería.
Ese verano, Peter Lawford les consiguió a John Kenedy y a su esposa Jacqueline una invitación a comer en Hollywood. En la cena, cuando el futuro presidente vio a la rubia curvilínea sonriente y sensual, del brazo de su Otelo italiano, quedó prendado de la joven y no le quitó los ojos de encima en toda la noche. Jackie y Di Maggio se dieron cuenta del coqueteo entre la actriz y el político. Pero a pesar de la atracción incontrolable de los dos, Marilyn y Kennedy no comenzaron a verse en serio sino hasta el año 55, después del divorcio de ella. Según los chismógrafos profesionales que rondan en la capital del cine, el romance continuó aún después de casarse con el famoso dramaturgo Arthur Miller.
SUEÑOS DE PRIMERA DAMA
Marilyn soñaba, según buenas fuentes, casarse con Kennedy y ser primera dama. Ella aspiraba a que la respetaran como a una gran señora. Es comprensible. En aquellos momentos, después del fracaso de sus dos matrimonios, de sentirse usada por todos los hombres que se le acercaban y con miedo de que sus días como estrella de cine estaban contados, soñaba refugiarse en los brazos de un hombre maduro y respetable.
¿Y quién mejor que el presidente John Kennedy? Se rumora que la actriz se dejó llevar por la fantasía, al punto de llamar a la Casa Blanca y hablar con Jackeline Kennedy para informarle que su esposo la amaba y que se divorciaría muy pronto para casarse con ella. El 19 de 1962, el país entero fue testigo de la declaración pública de amor de la Monroe al presidente de la nación al celebrar el cumpleaños. Marilyn, envuelta en un traje que acentuaba cada una de sus curvas, le cantó Happy Birthay, susurrando cada sílaba y dándole un doble sentido cargado de tensión sexual.
Según íntimos de la pareja, el affaire estaba en su apogeo. Peter Lawford no solo servía de intermediario, sino que prestaba su casa. Pero a mediados de año, Marilyn comenzó a desesperarse; sentía que Kennedy no tenía intenciones de “darle su lugar” y que como todos, la había usado. Esa actitud de ella fue lo que asustó a Kennedy, quien ya no respondía a sus llamadas ni cartas. Hay que recordar que el Presidente tenía muchos enemigos y cualquiera podría armar un escándalo para minar su posición.
MUERE UNA ESTRELA
Las circunstancias que propiciaron la muerte de la Monroe nacieron con Norma Jean Baker. Su madre padeció problemas mentales y Marilyn tenía pavor de terminar sus días en un manicomio como ella. La chica nunca conoció a su padre, lo que le creó una necesidad emocional que nunca pudo saciar. Vivió en orfelinatos y hasta abusaron sexualmente de ella cuando era apenas una adolescente.
Todo hizo crisis la noche del 4 de agosto de 1962. El día anterior, Marilyn llamó a Robert Kennedy por teléfono y le suplicó que fuera a verla. Bobby accedió y pasó a visitarla con su cuñado Lawford. Según recuerda este último, Marilyn estaba bebida. El tomó una copa de champaña y salió a la terraza para que ella y Robert pudieran hablar en privado. Le dejó saber que él y el Presidente no querían volver a saber de ella, que nada de cartas, ni de poemas. Marilyn se puso histérica y amenazó con contar todo, según admitió Lawford, quien murió en 1984. Trató de pegarle a Bobby, pero Peter logró dominarla. Robert llamó enseguida al siquiatra de la actriz para que la serenara. El resto de lo que ocurrió ese viernes permanece en el misterio.
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Domingo 21 de junio de 1992