En la vida hay muchas etapas, algunas bastante intensas y otras bastantes tranquilas en realidad. Hay edades donde pareciera obligatorio el arte de soñar. Suena un poco incorrecto que seas joven y no estés dispuesto a aventurar. Y eso puede sonar hasta racional, pues es la edad donde cuentas con la energía que en teoría te permite arriesgar, iniciar proyectos que si no resultan igual hay tiempo para rectificar o volver a empezar.
Pues que divino ha sido descubrir nuevamente, quizás entonces la palabra correcta sería recordar, que a cualquier edad se puede soñar, y me gustaría ser más osada y decir a cualquier edad se DEBERÍA soñar. Hace poco en mi consulta se sentaron dos personas frente a mí, el de 88 años y ella de 83. Al comenzar a hacer mis preguntas de rutina, me llamó la atención que desconocían el historial médico uno del otro.
Por ejemplo, preguntaba si lo habían operado alguna vez y mientras uno de ellos me contestaba el otro asombrado le decía: “Ahh pues no sabía que te habían operado de eso.” Y pues el asunto me extraño, hasta que dije: “Tenía entendido que ustedes eran pareja” a lo que me respondieron que sí. A lo que siguió, para mi sorpresa: “es que nos conocimos hace seis meses y apenas llevamos viviendo juntos tres.”
Así de bonita era su historia, ambos habían enviudado hace muchos años atrás, un día se vieron mientras compraban en el mercado, según su relato, él se dio cuenta de que ella era muy guapa y pensó que no estaba de más acercarse e invitarle un café, un amigo de su misma edad le acompañaba y le animó diciéndole “Atrévete que no tienes nada que perder “y tenía mucha razón, además ella aceptó. Se citaron varios días para seguir con el café y de conversación en conversación llegaron a la misma conclusión.
