Pasar una mañana en la playa puede bastar para que el pelo pierda definición y se vuelva más difícil de controlar. Aunque la humedad suele llevarse la culpa, detrás del encrespamiento también están la radiación solar, el cloro, la sal del mar y algunos hábitos que debilitan la fibra.
Noelia Jiménez, peluquera y propietaria del salón que lleva su nombre, resume el problema en una idea clara: la mayoría de los cabellos encrespados están deshidratados.
La hidratación es la base para que la cutícula no se abra
Según Jiménez, cuando la fibra pierde agua busca la humedad del ambiente y se expande. Eso hace que la cutícula permanezca más abierta y que el frizz se note con más facilidad.
Por eso, la solución no pasa solo por recurrir a aceites o sérums pesados. La estilista sostiene que ese enfoque es insuficiente si el cabello no está hidratado desde el interior.
En los meses de calor, recomienda apostar por mascarillas hidratantes y tratamientos que ayuden a reconstruir la fibra, sobre todo cuando el cabello está teñido o dañado.
Sol, calor y decoloración: los factores que empeoran el frizz

La experta recuerda que la radiación ultravioleta deteriora la cutícula, sensibiliza el color y multiplica el frizz. Por eso considera imprescindible usar productos con protección solar capilar antes de la exposición y reaplicarlos si esta se prolonga.
También advierte que el exceso de calor juega en contra. Si el cabello ya está castigado por el sol y además se usan planchas o secador, el encrespamiento puede empeorar.
Jiménez aconseja reducir el uso de herramientas térmicas y optar por peinados más naturales, ondas suaves y secados menos agresivos. Darle un descanso al cabello durante el verano también ayuda a conservar la hidratación.
Los cabellos decolorados necesitan más cuidado
No todas las melenas reaccionan igual frente a la humedad. Los cabellos decolorados, muy teñidos o dañados tienen una cutícula más abierta y absorben con mayor facilidad la humedad ambiental.
En esos casos, la recomendación es reconstruir la fibra desde el interior con tratamientos reparadores que refuercen su estructura. Cuando el cabello recupera cohesión, también mejora su brillo y su capacidad para resistir el encrespamiento.
Entre los gestos cotidianos que ayudan a mantener el frizz bajo control, la estilista menciona no frotar el cabello con la toalla, desenredarlo con un peine de púas anchas cuando aún está húmedo, aplicar los productos antifrizz antes de que se seque, no abusar de los aceites cerca de la raíz y dormir sobre una funda de satén o seda para reducir la fricción nocturna.
Jiménez concluye que la meta ya no es lograr un pelo excesivamente liso y rígido, sino una melena flexible, brillante y más fácil de peinar durante el verano.
