Emigrar es vivir en medio de sentimientos encontrados. Es asumir la realidad ajena y desprenderse de la propia. Emigrar es un canto silencioso en el lenguaje de tu tierra, sonriendo a la poesía del nuevo lugar donde habitas. Emigrar es un grito silencioso que llama a tierra, desde otro lugar distinto al tuyo.
Pero emigrar no es malo. Es encontrar la felicidad en otros destinos, es cambiar un problema por otro pero también crisis por soluciones. Emigrar no puede ser depresivo, porque para deprimirte entonces mejor quédate en tu sitio. No tiene sentido sufrir por lo dejado, cuando por no tener nada fue que emigraste. Se extraña al familiar, al amor dejado atrás, pero no por eso debemos vivir llenos de melancolía como si emigrar fuese la peor noticia del mundo.
