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El Trastorno Afectivo Bipolar (TAB) es una enfermedad relacionada con los estados de ánimo y sus desequilibrios o cambios, por fallas en los neurotransmisores encargados de modular las emociones. Quien lo padece se encuentra en un vaivén entre la depresión y la euforia o manía, es decir, en dos polos opuestos. De allí que se le denomine “bipolar” al afectado.
La dinámica de la enfermedad va de salir de un polo para pasar al otro. Cada episodio se hará más notorio o intenso, por así calificarlo, a medida que el tiempo transcurra, si quien la padece no se trata.
En el polo de la depresión, explica la psiquiatra Ledys Mata que el enfermo se siente desvalido, tiende a echarse al abandono, la cama es su mejor amiga, el hambre se esfuma por meses, y el sentido de la vida, en general, se pierde. “Son prácticamente las mismas reacciones y actitudes que toman los seres humanos en su mayoría cuando están deprimidos: no tienen ánimos para realizar ninguna actividad como bañarse, comer o caminar”.
La manía es totalmente distinta. La persona es autosuficiente, siente que no necesita de nadie, se cree súper mujer o súper hombre, no le teme a nada, se arregla con exageración y tiene la necesidad de caminar o correr.
“En el polo de la euforia es común que el afectado venda muchas de sus pertenencia y hasta objetos ajenos para tener dinero y salir a gastarlo en cosas que generalmente son innecesarias. También sucede que gastan el dinero que no tienen. Las ideas que manejan son de grandeza. Imaginan que tiene mucho dinero, son afamados, o que van a inventar la cura del Sida, por ejemplo”, manifiesta la especialista.
Otros se vuelven aprensivos, creen que les quieren hacer daño, que se está armando un complot en su contra. La psiquiatra Gladys Cardozo lo describe como si el paciente “tuviera fantasmas en la cabeza que lo persiguen, les dicen cosas y atormentan”. Además, son muy irritables y potencialmente agresivos.
Cardozo enfatiza la pérdida de sueño como una característica determinante en la euforia. El paciente es sumamente enérgico, puede pasar 24 horas sin dormir y en estado activo, realizando cualquier actividad. “Son incansables”.
Los afectados por TAB son muy creativos y desarrollan inteligencia y habilidades durante los episodios de euforia, pero según Cardozo, todo lo dejan a medias. Si comienzan a pintar un cuadro no lo terminan, pues se aburren rápidamente de las actividades, y pasan de una a otra.
Sin embargo, el panorama es bueno para quienes padecen esta enfermedad, pues entre los trastornos mentales es uno de las menos incapacitantes debido a que puede controlarse. Al salir de las crisis depresivas o de euforia, el paciente vuelve a un estado en el que es completamente normal.
Para mantener al afectado en eutimia (estado de ánimo normal), evitar las crisis o ayudarlo a salir de ellas, es fundamental someterlo a tratamiento psiquiátrico. Paulatinamente, la familia también debe asistir a las consultas para comprender cómo debe comportarse y actuar ante la situación, además de cultivar la tolerancia, pues los bipolares en estado eufórico tienden a pelearse con sus seres queridos y a herirlos sentimentalmente, sin una intensión consciente, para luego regresar deprimidos, pero sin aparente arrepentimiento y sin saber por qué.
“Se puede perder la estabilidad familiar y, por ende, crear un desequilibrio emocional en los parientes del enfermo. Por ello la familia debe tomar terapias, para saber controlar situaciones inesperadas que puedan suscitarse. Lo ideal sería que todos estén dispuestos a colaborar con el caso, y que se intente desarrollar un entorno tranquilo en el que la convivencia sea pacífica”, indicó el psicólogo clínico Rafael Pérez.
Además de las terapias, resalta la importancia que tiene el suministrar los medicamentos indicados por el psiquiatra, principalmente el Carbonato de litio para la estabilización biológica de los estados de ánimo.
Entender la bipolaridad como una enfermedad mental en la cual el paciente no puede controlarse, proporciona una mejor calidad de vida tanto para el enfermo como para sus seres queridos, porque contribuye a la superación de las crisis que de ella se derivan, y genera un ambiente sano, de armonía en el hogar, que ayuda a vivir en las mejores condiciones afectivas.