Piel clara, cabellos lisos, voluminoso trasero y cintura de avispa. Así es físicamente “María”, una mujer deseable para cualquier hombre, capaz de dar y recibir placer.
Ocho meses atrás, María, de 20 años, tuvo su primer contacto sexual; sin embargo, algo en ella no permitió que su pareja la penetrara. “Pensé que era el miedo de la primera vez, pero intentamos en reiteradas ocasiones y siempre ocurría lo mismo; era una especie de espasmo, como si mi vagina no quisiera que fuera penetrada. Lo peor era que yo no era capaz de controlar esa situación”, comparte la joven.
La chica, estudiante de derecho, agrega que la relación se rompió al poco tiempo. “Mi novio no entendía lo que pasaba. Pensó que era un juego mío y por eso decidió terminar el noviazgo”. El médico Ángel Turmero, ginecólogo de la clínica Di Vianco, en la ciudad de Caracas, explica que la condición presentada por María, se conoce como vaginismo.
El especialista la define como una forma de disfunción sexual que se caracteriza por la contracción involuntaria de los músculos perivaginales, momentos antes de la penetración. Normalmente, esta condición no depende de la voluntad de la mujer. Es un acto reflejo ante cualquier intento que haga su pareja, para introducir su dedo o su miembro en la cavidad vaginal.
Sin embargo, el sexólogo y urólogo Juan Delgado Dupont, de la policlínica Maracaibo, aclara que las mujeres con vaginismo pueden disfrutar de los juegos preliminares dentro de la relación sexual; inclusive, pueden llegar a tener orgasmos con la estimulación del clítoris, mediante masturbación o sexo oral, pues el problema está restringido al hecho de la penetración en sí.
Turmero, por su parte, expresa que la intensidad del trastorno tiene grado variable. Resalta que entre más alto sea el número de veces que se intente la penetración sin éxito, mayor será el nivel de vaginismo. “En la medida en que se repiten los episodios, la mujer irá acrecentando la expectativa de dolor, causándole un gran conflicto para la interacción con su pareja y, por supuesto, para la reproducción”.
El doctor destaca que hay casos en que la mujer no tolera ni un examen ginecológico mediante espéculo, el examen manual, con transductores y tampoco la inserción de tampones. No obstante, aunque la penetración sea posible, finalmente será dolorosa, por la carencia de relajación e inhibición de la lubricación por falta de estímulo.
Delgado Dupont dice que el temor representa el motivo más frecuente por el cual la contracción muscular se adelanta a la penetración. “El trastorno no está determinado por causas orgánicas ni asociado a otras condiciones médicas”, expone.
A su vez, Jenny Ortega, ginecóloga del centro clínico ambulatorio La Misión, manifiesta que el vaginismo es producto de una respuesta aprendida, relacionada a la dispareunia (dolor al intentar el coito). “En ocasiones se puede eliminar la causa de la dispareunia, pero el recuerdo del dolor puede mantener el vaginismo”.
Para Turmero, las razones que producen el desarrollo del vaginismo en la mujer se asocian a experiencias sexuales iniciales o no, desagradables, que dejan como secuela el temor al dolor que se pueda experimentar (ansiedad sexual). Enmarca, igualmente, que el vaginismo se puede inducir por ideas muy conservadoras (sociales, religiosas) en cuanto a la sexualidad, intentos de coito bajo presión (incesto), miedo por una violación ocurrida, disgusto por separación o divorcio y sentimientos de culpa por una relación extra marital o luego de la viudez.
Los especialistas puntualizan que esta patología es producida sólo por factores psicológicos y no debe ser confundido con la vaginitis, que es un trastorno ocasionado por la inflamación de las paredes vaginales y que al ser penetradas, causa dolor. También exponen que hay casos poco habituales en los que existe alguna anomalía congénita en la vagina, que impide la inserción del órgano sexual masculino.
Poseer una correcta educación sexual y asumir el problema por ambos miembros de la pareja son fundamentales para comenzar cualquier tratamiento. Los especialistas concuerdan en que la paciencia es la mejor medicina para superar el vaginismo, ya que pueden pasar meses o hasta años, para que la afectada supere esta condición y pueda disfrutar la relación de pareja sin limitaciones.
Las psicoterapias son el tratamiento que aconsejan los especialistas. En ellas, el psicólogo puede identificar el grado de ansiedad que tiene la paciente o si existe algún temor escondido que afecta el desarrollo de la relación sexual. Los “Ejercicios de Kegel” ayudan a tonificar los músculos pélvicos. Consisten en contraer los músculos paravaginales tanto tiempo como sea posible y después relajarlos.