Los seres humanos vivimos con necesidades fundamentales para nuestra supervivencia como oxígeno, alimento y agua. De la satisfacción de estas necesidades depende la existencia de nuestro organismo.
Otras, como la necesidad de actividad sexual, cuya base radica en las hormonas sexuales secretadas por nuestras gónadas, puede permanecer insatisfecha en forma indefinida sin crear un problema de supervivencia para el individuo.
Nuestra sexualidad esta regida por centros de inhibición y de excitación presentes en nuestro cerebro, los cuales son capaces de inhabilitarla o facilitarla, como efecto de lo aprendido desde que somos niños hasta que llegamos a la adultez. Lo aprendido en nuestro hogar, en la escuela, por nuestros amigos y las creencias religiosas influyen sobre nuestra conducta sexual, y es en estos escenarios donde asimilamos las normas que debemos cumplir.
Ahora bien ¿Qué nos motiva a buscar el contacto sexual con otra persona? Entre las motivaciones conocidas tenemos: las fisiológicas y las sociales.
