El ser humano, como integrante de la sociedad, requiere dominar ciertas capacidades o destrezas para desenvolverse de una manera competente y adecuada. Estas, definen el alcance de sus posibilidades y oportunidades tanto sociales, como culturales. Son, la base del desarrollo de su conocimiento, de sus valores y de sus actitudes, las cuales, condicionan la manera como enfrenta las situaciones existentes en el entorno, así como, las exigencias y desafíos que se presenten.
Una de esas habilidades, es la capacidad de conocerse a sí mismos, como punto de partida del desarrollo de la identidad y de la autonomía, basado en factores como, la personalidad, las cualidades, los atributos, las fortalezas, las debilidades, las flaquezas, los valores, los principios, los gustos, las aficiones, la actitud, entre otros. Requiere además, observarse internamente, saber con cuáles recursos se dispone tanto desde el punto de vista social, como personal. Así mismo, exige establecer las metas personales en la vida.
Igualmente, se debe considerar el fortalecimiento de la capacidad para desarrollar las relaciones interpersonales de manera armónica y adecuada. Esto, permite dominar la forma en la cual, se mantienen conexiones positivas con las demás personas, con quienes se interactúa diariamente, en los distintos ámbitos, bien sea, en el hogar, en los estudios, en el trabajo, en los espacios donde se desenvuelve socialmente, etc. Es importante, para tratar de construir nexos significativos y beneficiosos.
