En la adversidad más grande es cuando sabemos cuanta fuerza somos capaces de tener; donde la motivación, la fuerza y la resistencia, se hacen personalidad. Caminamos cumbres borrascosas y queda de cada uno decidir cómo la caminará mirando hacia la meta, o llorando por lo dejado atrás.
En la adversidad no siempre las lágrimas son de tristeza. Muchas veces son de rabia y auguran tempestades llenas de cambios. Es justamente aquí donde definimos nuestro temple, nuestra estirpe, nuestra verdad.
No se puede pensar en derrota cuando has perdido todo. Quien lo pierde todo, lo único que le queda es ganar y dejar atrás a quien te dice que no se podrá.
Cuando todo va mal, seguir rumiando el dolor no es opción. Es obligatorio hacer algo para salir del atolladero porque la desesperanza solo es un recurso de la mente para soportar el dolor. No lo escojas, escoge la resiliencia que es la capacidad de surgir.
En la adversidad no importan las voces que te digan que todo está mal, eso ya lo sabes.
Importan las que proponen soluciones, alternativas. Si bien puedes quejarte todo lo que te dé la gana, no te servirá de nada. Si lo entiendes rápido, podrás demorarte menos en accionar.
En la adversidad si alguien te ayuda es excelente, pero esperar por siempre esa ayuda, más bien te hundirá. Tampoco se trata de tener valentía cuando las cosas van mal, se trata de tener dignidad.
Este es un mundo con demasiados problemas y gente mala para andar llorando en las esquinas. Tenemos que contribuir a cambiarlo y para ello es fundamental la unión. No entenderlo es hacer una apología a la más grande muestra de imbecilidad posible.
Los buitres y carroñeros intentarán aprovecharse de ti, no te dejes, lucha contra todo aquel que abuse de ti. Miedo sentimos todos, por eso es necesario recurrir a la valentía.
De nada sirve andar lamentándose por lo perdido. Debemos convertirnos en creadores, pioneros, gente que lucha y vibra. Algunos optan por estar analizando, otros criticando, otros echándoles la culpa a otros. Yo prefiero el lado de los que hacen algo.
Nadie nació cobarde ni valiente. Cada uno va siendo educado para un camino o el otro.
Ante la adversidad estamos obligados a dejarnos de autocompasión, obligados indefectiblemente a surgir o perecer. Ignora a quien te que te diga que no hagas nada; siempre habrá gente que nos critiquen, nos odie, nos ame o no le importemos. Lo importante es que piensas tú de ti mismo.
Claro que siempre nos puede ir peor, incluso de forma inimaginables, por eso es menester la acción, el despertar. Si ante la adversidad te tienes que ir, vete. Si te tienes que quedar, quédate, pero no te quedes en la inercia, no te contemples en no saber qué hacer.
Camina siempre por los senderos que te dicte la conciencia, de hecho, siempre tendrás que vivir con ella a cuestas. ¿Vaticinar el mal cuando estamos en adversidad? Hasta el más tonto de los tontos lo sabría hacer. El inteligente ve futuros de oportunidad.
Ante la adversidad rechaza a quien te quiere infundir desesperanza, de hecho, si lo hace actúa como tu enemigo.
@Psicovivir