Así recuerda la marabina Clara E. de Fernández sus primeros meses en Calgary, Canadá, donde ella, su esposo e hija, de ahora de 9 años, decidieron irse a vivir, en 2008. La decisión que tomaron hace cinco años significó un giro de 180 grados en sus vidas. Atrás quedaron la familia, los amigos, los tumbarranchos que venden frente al club Bella Vista que tanto le gustan y el sol abrasador que “quema” la piel, pero que cambiaría con los ojos cerrados por el frío rompe huesos.
Los Fernández, así como otros miles de venezolanos, han visto en la última década a Canadá como uno de los destinos favoritos para buscar mejores rumbos, aunque eso signifique enfrentar una cadena de sacrificios. “Es cierto que en Venezuela dejamos parte de lo más importante de nuestras vidas, pero también dejamos atrás la inseguridad, la corrupción de la administración pública y los servicios básicos ineficientes”, comentó Javier Fernández, de 39 años, esposo de Clara.
Provenientes de distintos orígenes étnicos y culturales, Canadá tiene una población de inmigrantes de más de 6 millones de ciudadanos. Cada año recibe, en promedio, unas 240 mil nuevas personas, previamente seleccionadas. Este año, el Gobierno anunció que permitirá la entrada de hasta 265 mil inmigrantes, aumentando el número de residentes de aquellos extranjeros que ya estudian o trabajan en el país de forma temporal.
Muchos pensarán que la mayor parte de quienes deciden hacer las maletas proviene de Latinoamérica. Pues no, aunque el aporte de la región va en aumento. Reino Unido, China, India, Filipinas, Italia y EE UU comandan la lista.
Se calcula que más de 400 mil latinoamericanos viven en Canadá, el segundo país más grande del mundo, pero con apenas 35 millones de habitantes. La manufactura, ventas y servicios son los sectores de la economía con el mayor número de latinos. Los grupos de la región más numerosos provienen de México, El Salvador, Colombia, Chile, Perú, Guatemala, Ecuador, Brasil, Argentina, Nicaragua y Venezuela. Desde nuestro país, cada vez salen más familias desde Maiquetía (directo) o desde Maracaibo (con escala) hacia la tierra que tiene a la hoja de arce de once puntas como símbolo nacional.
La mayoría de los latinoamericanos están establecidos en Toronto, Montreal y Vancouver, tres grandes centros urbanos que acogen al 65% de los hispanos parlantes. Otras ciudades en la lista de preferencia son Ottawa, Calgary y Edmonton. Estas dos últimas, por cierto, con un sostenido crecimiento de venezolanos porque ambas ciudades están ubicadas en Alberta, una provincia energética por excelencia.
No es fácil establecer con exactitud cuántos nacidos en Venezuela viven ahora en Canadá. Se trata, como ya dijimos, del segundo país más extenso del planeta. Sin embargo, por la embajada en Ottawa o las oficinas consulares de Montreal, Vancouver y Toronto han pasado 11.548 coterráneos para realizar sus registros, según datos aportados desde la embajada ubicada en la capital canadiense. Esto quiere decir que la cifra pudiera ser más alta porque cabe la posibilidad de que existan personas que todavía no han realizado sus trámites.
Lo exacto es que en el consulado de Toronto se han anotado 6.320 venezolanos, seguido por Vancouver (2.455), Montreal (2.064) y Ottawa (709).
Canadá, como Venezuela, es un país petrolero. En este sector, la mano de obra venezolana especializada se siente más que el de cualquier otra nacionalidad de la región. Por eso, muchos criollos con experiencia en la industria nacional o graduados en carreras afines han apuntado hacia el gigante helado.
De hecho, los Fernández aplicaron para establecerse en Calgary porque él es ingeniero. “Comencé tumbando casas con mandarria en mano. Aquel fue mi primer trabajo. Luego pasé a un concesionario y, finalmente, ahora trabajo para una compañía trasnacional de tuberías ligada a la industria petrolera”, explicó Javier.
Como Clara también trabaja, ahora la familia Fernández explica que tienen una casa propia y dos vehículos que pagan puntualmente. “Esto no lo hubiésemos logrado en Venezuela en tan poco tiempo”, señaló ella.
Otros como Luis Adalberto Lamata, su esposa e hijo de cinco años, prefirieron aplicar para Montreal, donde viven desde hace año y medio. “Como ingeniero en computación, pocas eran las buenas oportunidades que encontré en mi Venezuela natal. En Montreal estudio y tengo un trabajo de medio tiempo, al igual que mi esposa. Visualizo aquí mejores oportunidades para mi familia”, indicó Luis, de 37 años.
“Aunque el costo de la vida es alto y se pagan elevados impuestos, el poder adquisitivo es mucho mejor. Admiro, además, el orden del país, el respeto a las leyes, la seguridad que se respira en cualquier parte a cualquier hora y los buenos sistemas de salud y educación públicos”, agregó.
La inmigración venezolana y latinoamericana en general es relativamente reciente en Canadá. Se calcula que un 50% de los latinos residentes allá llegaron en los últimos 10 años.
Canadá es considerado uno de los países con el mejor nivel de vida del mundo. Vancouver, Toronto, Montreal y Ottawa aparecen entre las 25 mejores ciudades del globo para vivir, según la lista que todos los años publica Mercer.
Constantemente, el Gobierno canadiense está buscando profesionales y trabajadores calificados en distintas áreas para mantener y mejorar su economía, que por cierto, se vio muy afectada por la crisis económica global que particularmente golpeó a EE UU.
“Canadá está ahora entre los primeros cuatro países más estables del mundo desde el punto de vista económico, político y social”, aseguró Shilan Seyeddi, asesora del grupo Modern Immigration Canada. “Allá hay ofertas de trabajo, pues tienen déficit de personal en áreas como servicios de comida, hoteles, choferes de camiones para largas distancias o carpinteros”, agregó Seyeddi, quien señaló que las posibilidades de empleo no se limitan a los campos profesionales especializados. Aunque aclaró: “Inmigrar tampoco es tan fácil, hay que tener un perfil”.
A diferencia de Panamá, el otro “boom” que también seduce a los inmigrantes venezolanos, Canadá escoge a través de un proceso de selección por puntos a sus futuros residentes. Se trata de inmigrantes con perfiles distintos. En general, una parte considerable de los que se mudan a Panamá invierten en un negocio propio y visitan a Venezuela con mucha frecuencia. Por el contrario, las familias que emigran a Canadá no suelen visitar a sus familiares en el país con la regularidad deseada, dada la distancia y el costo de los pasajes.
Seyeddi explicó que “lo máximo que se paga para una residencia en Canadá son unos 4.000 dólares, sin contar lo que se exige tener depositado en un banco”. En este último sentido, las nueve provincias británicas piden unos 10 mil dólares en una cuenta bancaria como fondo para cubrir los gastos del primer año. Para la provincia de Quebec se exigen unos 3.000 dólares.
Mirando con lupa, existen 60 formas de inmigrar a Canadá. Buscar asesoría puede ahorrar dolores de cabeza.
Claro está que muchas veces la vida del inmigrante es dura. La cultura latina dista mucho de la canadiense. Hay que tomar en cuenta también la barrera del idioma. Según los casos, es necesario tener un elevado nivel de inglés o francés. El frío es uno de los principales retos. Las noches de invierno en Calgary, por ejemplo, entre enero y febrero pueden ubicarse entre los -15 y los -25 grados de temperatura. No obstante, esta puede caer a -30 grados y la sensación térmica puede ser más baja todavía por culpa del viento.
No todos llegan con un trabajo fijo. El proceso de la búsqueda de un empleo puede tomar su tiempo, en especial el especializado.
Y aunque para muchos la experiencia ha sido color de rosa, pese a las adversidades, existe el otro lado a veces un tanto amargo. Francisco A. Gómez, con 41 años en Canadá, escribió que “después de haber trabajado para el sector público y privado por cuatro décadas, y haber contribuido con un 35% de mi sueldo en impuestos, los 65 años en mi calendario me permiten recibir una pensión de la tercera edad que no me alcanza para pagar el techo donde vivo. Tuve que salir a buscar trabajo para cubrir mis gastos”.
“Averigüé que podría calificar por una vivienda subsidiada. Después de llenar la planilla me informaron que tenía que esperar 5 años. Después quise tener una limpieza gratis de mis dientes, y me dijeron que tenía que esperar un año (…). Claro, no se puede negar que tenemos buenas carreteras, seguridad, servicio de salud y escuelas, pero ¿por qué se olvidan de las personas de la tercera edad? Fueron muchos días en los que llegué a casa con los testículos congelados cuando hacía -45 grados en pleno invierno. Esto parece que se les olvidó a quienes tienen la responsabilidad de mejorar los beneficios a los viejitos”, reflexionó Gómez.
Con sus altos y sus bajos, Canadá seduce cada vez más a muchos venezolanos. Las posibilidades de encontrar una mejor calidad de vida y dejar atrás los problemas políticos y la inseguridad animan a decenas de personas cada año a dar el paso. “Nadie ha dicho que es fácil, pero vale la pena”, concluye Clara.