Al ritmo de las pailas de los steel band, los pitos y las bandas show, los carupaneros van moviéndose cadenciosamente con sus manos en alto, los niños desfilan vestidos alegóricos a cientos de cuentos y hermosas morenas mueven sus cuerpos al sensual son de los tambores. Comenzó el Carnaval carupanero y la contagiosa emoción se siente en todo el pueblo playero.
“Carnavales hay mucho, pero como el de Carúpano ninguno”, es el eslogan de los Carnavales Turísticos Internacionales de Venezuela que, desde 1964, se celebran ininterrumpidamente en esta pintoresca ciudad al noroeste del estado Sucre. Una festividad que contagia de algarabía a todos sus habitantes y logra aglomerar a miles de turistas en cada una de sus ediciones.
En la península de Paria, a lo largo de una hermosa bahía natural que colinda con el mar Caribe, se extiende Carúpano, capital del municipio Bermúdez y patria del poeta Andrés Mata, un pueblo de gente alegre y espíritu bochinchero. El mercado municipal, sus iglesias y las plazas repletas de frondosos árboles, delineadas por las ventas de empanadas de cazón, brindan, junto a sus hermosas costas bañadas por el mar, una diversidad de propuestas para disfrutar de estupendas vacaciones.
El gentilicio de su gente, participativa ante cualquier jolgorio, es completamente descrito en el canto popular que dicta: “Carúpano es de pinga, to’ el mundo aquí echa vaina y nadie le para bolas. Aquí tomamos ron, amanecemos emparrandaos, y nadie le para bolas…”.
Pero es entre los meses de febrero y marzo, en la época de Carnaval, cuando se forma la verdadera algarabía, aunque para los carupaneros las fiestas carnestolendas comienzan casi con el “reventón” del año nuevo, con el Grito de Carnaval, que se celebra durante los primeros días de enero.
De allí en adelante inicia la cuenta regresiva: las bandas show empiezan a ensayar, los artesanos diseñan las carrozas, las plumas y lentejuelas comienzan a coserse para las fantasías, los planteles educativos convocan a sus niños para las comparsas y las comunidades organizan también sus representaciones festivas. ¡Todos participan! Itinerantemente las candidatas también sorprenden por las calles cualquier día de enero, lanzando caramelos y saludando al pueblo para conquistar la euforia en la elección. La seguridad, de manera tradicional, ha permanecido siempre bajo la responsabilidad de la Infantería de Marina, de la mano con la policía local.
El viernes antes de Carnaval es la elección de la mini reina, un fastuoso evento que suele convocar a los artistas juveniles venezolanos más sonados del momento y donde, además, las pequeñas candidatas hacen gala de admirables trajes en conjunto con elaborados escenarios alusivos a fantasías, cuentos y mitologías.
Ya para entonces es Carnaval en Carúpano: una fiesta que recorre bailando toda la ciudad con sus desfiles escolares y de adultos. Los Steel Band y bandas show acompañan a las comparsas y cada carroza lleva una estridente miniteca con calipso, soca, tambores o la variedad de géneros bailables ‘pegajosos’ que estén de moda para el momento. Los niños bailan, las mujeres, los hombres… ¡Todos! Hasta los ancianos. Lo frecuente es observar a los turistas mirando el desfile desde las aceras y, de vez en cuando, verles contagiarse por el disfrute hasta meterse a bailar con los grupos musicales que van pasando.
“En las escuelas forman las comparsas como en enero. Yo participé cuando estaba en quinto grado, era una fantasía del sol y la luna. En la mañana sale el desfile de los escolares con algunas ‘band’ (bandas show) y en la tarde salen los adultos, artesanos, las reinas y todos los grupos. Se ve de todo: en las comparsas uno va disfrazado, caminando y bailando; y las carrozas son los carros con plataformas que van adornados. Uno siempre se divierte porque todos los años se ven cosas nuevas”, resume Alba Sofía Hernández, de 14 años, estudiante.
Para los lugareños se trata más que de una tradición y no titubean en defenderlo: “El Carnaval es alegría, es lo que define a Carúpano y lo que nos ha dado a conocer internacionalmente”, explica Gustavo Alfredo Bonillo, residente de Bermúdez. Y claro, entre los personajes típicos no pueden faltar los diablos, el más famoso es ‘el Diablo Luis’, “el primero”. Costumbristamente pintan su cuerpo de negro y sostienen en la boca una esponja con líquido rojo, llevan alas de cartón pintado de negro y rojo, también mantienen un tridente que a veces puya de verdad, y así asustan a cuanta persona les pasa por delante, mientras que les piden una colaboración monetaria.
Hoy día, la larga calle Juncal, también conocida como el ‘Carnavalódromo’, ha llegado a albergar más de los 300 mil visitantes. Los conciertos también tienen buena acogida debido a los artistas que presentan en tarima. Ya el viernes de Carnaval el acto central es la elección y coronación de la reina, una gran puesta en escena en la que las candidatas derrochan radiantes fantasías carnestolendas, repletas de plumas, cristales y las lentejuelas.
El fin de semana es de desfiles y más concursos. El sábado se elige y corona a las “muchachonas”, un importante evento en el que las abuelas se visten de galas carnestolendas y desfilan, para luego recibir sus coronas y premiaciones. La gran fiesta se despide con el ‘Mega desfile de Carnaval’ que parte desde el parque Karupana y recorre nuevamente el ‘Carnavalódromo’, pero el verdadero fin es un costumbrista pero deslumbrante espectáculo pirotécnico, desde el cerro El Fortín.
Se dice que la celebración de las fiestas del rey Momo comenzó en el pueblo a principios del siglo XX, cuando las familias adineradas salían a lucir sus trajes mientras lanzaban caramelos a los presentes. Posteriormente, el paso de un ciclón, en 1933, sumió a la ciudad en la depresión económica, con lo que también las celebraciones carnestolendas. Las siguientes décadas serían dedicadas al juego del carnaval con agua.
Germán Bonillo, de 59 años, carupanero de pura cepa, recuerda que su padre subía varios tanques de agua a la parte trasera del camión “y nosotros (los entonces muchachos) íbamos atrás, lanzándole agua a todo el mundo”. La práctica era bastante fuerte y solían darse casos que terminaban en tragedia, por ello, a principios de la década de los 60 surge undecreto municipal que la prohibiría. Es entonces cuando, en sustitución, se propone un carnaval de bailes y reinas…
Aunque la primera edición se celebró en 1964, no fue sino hasta el siguiente año cuando, el llamado “padre del carnaval de Carúpano”, Humberto Angrisano, le dio el colorido artístico y emotivo que aún hoy lo caracteriza. La exitosa aceptación permitió que en 1966, durante la VI Convención Nacional de Turismo, se le otorgara el título de “Carnaval Internacional de Venezuela”.
La tradición también trajo consigo la creación de escuelas de samba y steel band, en el ateneo de la ciudad y, posteriormente, la consolidación de un importante número de grupos musicales para la zona. Se considera que en su evolución estas fiestas han tenido una evidente influencia musical de los carnavales barranquilleros, en Colombia, pero sobre todo, de la isla de Trinidad.
Una vez internacionalizado, estados y países vecinos enviaban reinas y espectáculos en su representación. De diversos sitios arribaban candidatas, inclusive, en una oportunidad fue electa una joven norteamericana, que estaba de intercambio en el liceo Simón Rodríguez.
Sin infraestructura hotelera para la época el pueblo se topó rápidamente con la llegada de un gran número de turistas que cada año continuaba incrementándose. “Los colegios y liceos eran acondicionados para acoger a los visitantes; y también hubo el caso de mucha gente que brindaba sus casas para alojar más y más temporadistas, sin cobrarles nada, lo hacían para colaborar”, destaca emocionado Germán.
Es que todo el pueblo se sumaba en cuerpo y alma a la celebración, hasta el punto en que cada sector, en cada calle, se conformaron pequeñas juntas de Carnaval que, a su vez, los representaba ante la Junta municipal. Se llegaron a contar cerca de 500 carrozas y unas mil comparsas.
“En la gente existía un compromiso de hacer su propia comparsa, sus propias carrozas, con sus reinas. Era la época de la plaza de Carnaval y la concha acústica, a orillas del muelle de Carúpano”, que aún permanecen vigentes en la tradición.
Actualmente existen varias opciones de hospedaje aunque, tratándose del Carnaval, muchas veces se tornan insuficientes. Lo recomendable es reservar casi un año antes.
La celebración en general ha tenido sus altibajos. Los habitantes consideran que durante los últimos tres años las fiestas han vuelto a florecer, aunque nunca como las de antaño. La inseguridad también ha afectado el disfrute, aun así los carupaneros continúan celebrando sus carnavales con la misma alegría contagiosa de siempre.