Trajo el cabello riso enmarañado, un jeans naranja y una franela con el rostro universal ensombrerado de Charles Chaplin, la única pista en la estampa de Nibaldo Castro que lo evidenciaba como un hombre en cuyas venas transita el teatro. De lo que no daba señas su pinta es de ser un agitador cultural capaz de hacer confluir gente de muchos países en la misma intención de desarrollo del arte de actuar: el Encuentro Internacional de Teatro de Barranquilla (Enitbar) en el Atlántico y la Región Caribe, que este año cumple 10 años. De cómo lo logra, en visita a PANORAMA respondió valiéndose primero de la humildad: “No soy quien para dar un consejo. Pero hay que tener la libertad de creer en lo que uno hace”.
Luego dejó fluir su autoridad en el tema: “Hay que pensar el teatro no solo como el grupo de personas que se paran a actuar y listo, sino como un conjunto de saberes que se proporcionan al público en el acceso a la creación teatral”, argumentó el también director de la compañía Cofradía Teatral, de Barranquilla, quien pese a las dificultades para pasar la frontera, llegó a Maracaibo de la mano de la Dirección de Cultura de la Universidad del Zulia, instancia con la que ofreció el conversatorio Formación de público, la ciudad como aula de aprendizaje y otro llamado Análisis activo del texto a través de la improvisión.
El primer conversatorio tuvo que ver con la primera estrategia de Cofradía para lograr un festival teatral con 10 años de éxitos. “Nosotros comenzamos con la formación de público para poder tener un proyecto de vida con el teatro. No podíamos ofrecer una función teatral sin enseñar a la gente a amar lo que nosotros hacemos. De nada servía hacer teatro con el auditorio vacío —explicó Castro su estrategia inicial— . Entonces si llevamos 10 años de encuentro, primero llevamos 14 años de formación de espectadores, en las escuelas, y desde allí, los niños educan a toda su familia”. Es así como las cifras del Enitbar hablan más duro que Nibaldo: Han llevado formación a 15 mil estudiantes, involucrado a ocho países, más siete departamentos de Colombia, y este año tendrán la participación de 168 artistas. Otra de las estrategias educativas de Nibaldo y su “Cofradía” fue el explotar la muy buena literatura colombiana y, así, el grupo llegó a hacer más de mil funciones de la pieza Diatriba a la ausencia, una versión libre de Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez. “Escojimos esa obra de García Márquez porque, con el mismo empeño de formar al público, necesitábamos montar una obra que la gente leyera. Intuímos que era la que más se leía y la que me permitía hacer una obra muy cinematográfica, con la superposición de los tiempos. La contamos desde la perspectiva de una madre que sabía que iban a matar a su hijo. Esta obra la traeremos al Teatro Baralt en mayo ”. Sobre la proliferación de monólogos en el teatro latinoamericano Castro fija una posición clara: “La gente puede decir que se puede hacer una obra de teatro con una botella, y sí, es cierto. Pero el público muchas veces quiere más. Entonces hay que darle bastante. Mucho más que un actor en escena. Por muy bueno que sea hay que darle más. Lo ideal es que al monólogo lo respalde una compañía. Por ejemplo, yo pienso explorar el stand up comedy, pero es algo de lo mucho que he hecho. Y si alguien de mi compañía quiere hacer un monólogo tiene maquillistas, escenógrafo, director y todo un equipo para aportar calidad”. La búsqueda de esa excelencia hace la diferencia: “Aunque el teatro sea una prolongación de uno, tiene que llegar a la gente”.