“Él llegó a mi cuarto. Era como un reflejo. Con su bata blanca y su sombrero negro se acercó a mi cama. Me puse nerviosa cuando lo vi. Pero, él me dijo: ‘Tranquila, vengo a hacerte el milagro’. Me operó y me quedó una herida muy finita en el abdomen, casi ni se veía. Aún conservo pedacitos de algodón y de gasa que dejó en un frasco”.A sus 71 años, la ama de casa Rosaura González Fernández recuerda –vía telefónica- aquel inolvidable momento sobrenatural protagonizado por José Gregorio Hernández en la habitación de su pequeña y sencilla casa. El primer centenario del fallecimiento del Venerable trujillano se conmemorará el próximo sábado 29 de junio.El hecho ocurrió, cuando ella tenía 30, en San José de Perijá, municipio Machiques de Perijá, estado Zulia, la madrugada del sábado 7 de octubre de 1977.Hace 41 años, ese “Siervo de Dios y Médico de los pobres”, como ella mismo lo llama, el mismo de la imagen que tenía en una mesita de noche, la curó “para siempre”. “Yo tenía algo muy grave, que me bajaba la hemoglobina a 5 y me causaba unos dolores muy fuertes en el estómago y en todo el abdomen, además de fiebre, que no se me aliviaban con nada. No había medicamento que me calmara. Estaba muy complicada”, cuenta la señora.“Los doctores en Maracaibo no me dijeron lo que tenía. Pero, sí que no me podían operar, que no podían hacer nada por mí y me desahuciaron. Pensaba que me iba a morir, pero mi fe en José Gregorio fue más fuerte y él me hizo el milagro. Él me sacó cálculos de la vesícula. Desde niña le tuve mucha fe, porque su imagen me llamó mucho la atención, y todavía se la tengo”, rememora.“Yo tenía cuatro hijos y después tuve dos más, una ese mismo año, a quien le puse el nombre de María Gregoria, por el milagro, y después otro varón”, prosigue.A la casa de Rosaura acudió todo el pueblo tras correrse la noticia de la “visita” y el “milagro” que el Venerable le había hecho. Se acuerda: “Aquí vino mucha gente, hasta el obispo de Trujillo”.Como su esposo, Romer Corona, era albañil, ella le pidió que le construyera una pequeña capilla para venerar al “santo” que la había sanado, en agradecimiento. Allí colocó una imagen de yeso del médico trujillano con su traje negro, que aún conserva el lugar, al de lado de una de la Virgen del Carmen.
Rosaura González Fernández sigue cuidando la capilla que le pidió a su esposo que le construyera en su propia casa en San José de Perijá.
De milagroso y “santo” califican al más ilustre de los hijos de Isnotú sus devotos más fervorosos, aquellos que, como Rosaura, han sido sanados de una enfermedad por un presunto milagro debido a su intercesión. Esa fama la obtuvo, incluso, en vida. Tal como lo mujer perijanera de origen wayuu, aseguran, incluso, que les operó, con su bata blanca y su sombrero negro.“Damos gracias al Dr José Gregorio Hernández por la curación de nuestro hijo. Tus devotos esposos Pereira Torres. Santa Cruz de Mora”, se lee en una de las más de 25 mil placas de agradecimientos por favores concedidos por el “Médico de los pobres” que “forran” las paredes del Santuario que lleva su nombre en su pueblo natal.Se suman las casi 20 mil que faltan por colocar, según aseguró Dulce Pacheco, secretaria del santuario. Ella dice que han sido llevadas allí por devotos de todas partes del país y del mundo. “Hay de gente de España, Chile, Colombia, Curazao, de árabes y del resto del mundo”.Estas piezas datan, incluso, de los años 60, según se evidencia en el lugar. Es solo una muestra de la concepción que tienen del “santo de Isnotú”. Incluso, le agradecen públicamente hasta por la recuperación de un vehículo y por haber culminado con éxito estudios universitarios.“Felícita de Castillo en agradecimiento al doctor José Gregorio Hernández curando a mi padre Carlos F. Arriaga Barquisimeto”, se lee en una placa. “Gracias DR JGH por haberme salvado tan milagrosamente Felicia Sulbarán”, dice otra más arriba. “Gracias DR JGH por la salud de nuestro padre Familia B. S. Caracas 1978”, se publica en otra.Allí, Dalia Rodríguez, al igual que los millones de fieles que los han visitado desde 1965, acudió a “pagar una promesa”. La visitante, proveniente de la llamada Zona Baja del mismo estado Trujillo, le prendió un velón y oró ante la imagen de su paisano, declarado Venerable por el papa Juan Pablo II en 1986.Contó que le ofreció a José Gregorio “venir aquí si sanaba a mi esposo. Se fracturó un brazo, por lo que tuvieron que operarlo y quedó perfecto. Él es milagroso, por eso quiero que la Iglesia lo declare beato y también santo, aunque para mí ya lo es”.
“Será un tremendo regalo para todos, porque tenemos la certeza de que él es santo, y solo hace falta que el Vaticano lo declare. Será una fiesta no solo para nosotros, aquí en Isnotú y en Trujillo, sino también para todo el mundo, porque en todas partes a él lo quieren mucho. Tenemos fe y la esperanza en que será muy pronto”, considera la secretaria del Santuario.