Cuando el amor empaca maletas no hay tiempo para saber quién sufre más: el que se queda o el que se va. Y es que el que toma la decisión de irse del país para emprender una nueva vida debe dejar a su familia o amigos; a veces, de la noche a la mañana. Abruptamente. La persona que se traza un nuevo destino está dejando al ser amado que está ingresando en las nuevas e incalculables estadísticas de corazones rotos y crisis existenciales que cada día se incrementan ante las imparables despedidas.
El buscar ayuda emocional a través de un psicólogo o grupo de terapias de realización de pareja, tips en Google o desahogarse con el mejor amigo son algunas de las acciones que le siguen al hecho de saber que la “estabilidad emocional” dejó de serlo para convertirse en una montaña rusa, en la que solo uno de los dos va sentado en el primer vagón y sin cinturón. Moda o no, los testimonios cada vez son más cercanos, variables e increíbles. El número de parejas casadas o con relaciones de años se han visto quebrantadas por este “fenómeno” de buscar estabilidad en otro lugar que no es el natal y en el que no se sabe si habrá reencuentros o si el amor con el tiempo se esfumará.
Es común escuchar: “El novio de una amiga es colombiano y ahora que terminó sus estudios en Venezuela retornará a Colombia con su familia ¿Qué hará?, no sé. Lo que sí es normal que suceda es que terminen”, esas son algunas historias que a diario se repiten.
Las primeras interrogantes al ver a alguien en medio de esta situación es: ¿qué haría si estuviera en su lugar?, ¿Intentaría una relación a distancia o no?, ¿Me iría con él dejando todo aquí?, ¿Rompería la relación? Hay quienes se encuentran en la misma situación, incluso hay parejas casadas que intentan “organizar” sus planes de emigrar con el fin de enviar recursos que le permitan mejorar su estatus o calidad de vida.
María Paula es una de ellas. Está casada, es maestra y tiene dos hijos. Uno de su primer matrimonio y el otro de su actual esposo. Ambos han hecho una vida “normal” en la que el amor ha sido el pilar fundamental para sobrevivir (como lo expresa ella). Juan ( su actual esposo) decidió irse a Miami. Ambos lo acordaron con la finalidad de que luego, en unos meses o años se juntarían en ese lugar y seguir sus vidas. Él le pidió a María Paula vender algunos de sus bienes más costosos como el carro, aires acondicionados y muebles que con tanto esfuerzo lograron adquirir. Ella y sus hijos se quedaron hasta sin cama, todo por reunir el dinero para comprar el pasaje de Juan. Él se fue, y desde entonces ella duerme en una colchoneta, se moviliza en transporte público que tanto odia y no se atrevía a usar a diario. De Juan sabe poco. Solo que no tiene tiempo para hablar por celular porque debe trabajar duro para subsistir en Miami y ganar algunos dólares para, algún día poderles enviar a su familia.
¿Dónde quedó el amor en esta relación? El periodista y conferencista argentino Julio Bevione expresó a PANORAMA que en el caso de las parejas casadas, para mantener el amor, en caso de que no se pueda volver en un lapso de tiempo extendido debe haber comunicación. “Ese es el lazo más valioso que los mantendrá conectados. No hablo solo de llamadas, sino de honestidad, confianza, afecto y todo lo que sintamos que podemos sumar aún a la distancia. Debe ser parte de lo cotidiano, el estar con el otro aún a la distancia”.
Pero, ¿cómo explicarle a los hijos que papá o mamá se tuvieron que ir del país para darles una mejor vida? “Con la sinceridad de contar con lo que está mal, que es la razón de esta decisión, pero sin acentuar en ello, sino poniendo la atención en lo nuevo y lo que pueden construir. También sumándolos al proyecto, dándole roles para que se sientan incluidos. Sobre todo, hacerles saber que todos deben sumar en esta etapa, que lo que sigue es bueno pero hay que construirlo y todos serán parte. Si la vida tiene cambios, quizás éste sea el primero de muchos que esos niños vivirán y un momento perfecto para acompañarlos en lo que ellos sientan”.
Para María Paula o cualquiera que esté pasando por esta situación similar Bevione asegura que las relaciones a distancia pueden sobrevivir, siempre que no sea definitiva, sino una parte del proceso. “La distancia hace que las relaciones con lazos sólidos se consoliden y los que están flojos terminan de caer”, comentó. Claro está que todos los casos son diferentes, porque todas las parejas son distintas. Quizá al recibir la terrible o, al menos, triste noticia de que la pareja se muda al extranjero, el mundo se les viene encima, pero hay varios caminos que se pueden tomar y esto dependerá de los sentimientos de la pareja y también de sus personalidades.
Jéssica tiene una relación de 6 años con su novio. No quieren casarse, pero sí tener una familia. Desde hace algún tiempo hablaron sobre el tema de irse a otro país porque en este no encuentran las maneras para consolidar su “nido de amor” y sus ingresos tampoco se lo permiten. Pero hace unos meses Carlos (su novio) expresó su decisión de consolidar la ida de ambos. Ella entró en pánico y cambió de opinión. Esto ha traído mucha tristeza y fracturas amorosas de las que aún no se han podido mejorar. “Sé que Carlos lo hace por el bien de nuestro futuro como familia, pero no puedo dejar atrás todo lo que he consolidado aquí para irme a un lugar en el q ue no conozco a nadie, ni sé en qué podré trabajar”.
Ante esta premisa el también escritor de libros dijo: “Cuando uno de los dos toma la decisión y no se retracta, lo mejor es dialogar, revisar los compromisos de cada uno con la relación y establecer acuerdos posibles. El amor no muere, de ninguna manera. Las relaciones pueden terminar. Si hay amor, las crisis nos traerán regalos. Si no lo hay, habrá un final”.
Y ese es uno de los grande temores. Qué pasará luego…
“No hay agendas para el sufrimiento, ni geografías. Cada quién va viviendo como puede el proceso del cambio. Lo que suele haber en quien se va es culpa, y a toda la emocionalidad natural por este cambio le agregan el peso de lo que sienten que ‘no deben’. Aquí hay que ordenarse y asumir la decisión. Después, habrá sentimientos que necesitaremos sentir: la nostalgia de no estar, la esperanza de volver a vernos, la tristeza de lo que no fue… Esto hay que vivirlo como llega, pero no entretenernos demasiado”, añadió Bevione, quien asegura que el éxodo, como tal, es parte del vivir del ser humano en comunidad. “En el caso de Venezuela, no podemos hablar de una moda, sino de un deseo de vivir en un entorno más amable, en cuanto a economía o seguridad. Hay una tendencia a pensar que hay algo equivocado al elegirlo, pero es tan antiguo como el ser humano social. Nosotros salimos de la casa de nuestros padres cuando queríamos un entorno más parecido a lo que necesitábamos en determinado momento y nos mudamos de casa cuando creemos que es necesario.
Somos seres que buscamos el cambio. Mientras unos van, otros vienen. Y algunos regresan cuando se van. Y el mundo sigo girando como nosotros. Emigrar no es mudarse. Las mudanzas son cambios externos, que nos resulta más sencillo sobrellevar porque si no podemos, alguien nos ayuda. Pero emigrar tiene, además, un factor interno que si no lo consideramos, perderemos mucha energía. Cada quien podrá asesorarse en lo que necesite, con quien necesite, de acuerdo a su plan, pero lo más importante es estar seguros que enfrentaremos tiempo de incertidumbre que serán naturales para la experiencia pero no tan comunes para el ser humano”.
Pero no todo es tan triste, ni nostálgico. También existe el caso de parejas ya establecidas en todos los aspectos, pero uno de los dos decide irse a trabajar y regresar con ingresos para mejorar su calidad de vida.
Las dudas, nostalgia y la incertidumbre o el olvido son algunos aspectos que empeoran las relaciones. Lo mejor es siempre soltar, desapegarse y respetar las decisiones. Así lo hizo saber el psicólogo Alberto Barradas, quien recalcó: “Existen personas cuya relación a distancia es perfecta. Si hay amor lo tienen todo ganado. No creo en distancias, ni mucho menos en decisiones a solas. Lo que es de dos debe ser para los dos”.