Experiencia Panorama

Conoce la ley de los seis grados de separación

Existe una teoría matemática que intenta explicar el que una persona está conectada con cualquier otra por una cadena relativamente corta de intermediarios, de seis. 

Recientemente la puso en práctica Michiel Das, un belga que lleva varios años viviendo en Barcelona ( España) y trabajando como responsable de marketing online. Él  decidió dejar atrás la forma clásica de buscar trabajo que llevaba haciendo durante seis meses y no le estaba dando mucho resultado, y lanzarse a un proyecto arriesgado aunque, como ha demostrado la evidencia, efectivo.

El proyecto de Das consistía en entregar una tarjeta de presentación a tres contactos suyos, que a su vez deberían entregarlas a otros tres amigos suyos, y así hasta llegar a las manos de alguien que esté buscando a alguien especializado en marketing que, con los datos de la tarjeta, podría ponerse en contacto con Das y hacerle una oferta.

Desde el 13 de junio de 2012, a las 4: 35 de la tarde que Das entregó la primera tarjeta, en total éstas han pasado por las manos de 16 personas diferentes y han viajado 1.412 kilómetros, primero por Barcelona y después por el resto de España. Como resultado, Das recibió en su correo 11 ofertas de trabajo y ha participado en cuatro procesos de selección diferentes que finalmente le permitieron volver a trabajar otra vez.

Como agradecimiento a todas las personas que participaron en la búsqueda de trabajo de Michiel, entre los que se encuentran Pau García-Milà y Andreu Buenafuente, también se creó una web en la que se iba publicando un artículo con una foto de cada participante y un mapa que permitía conocer el viaje de cada tarjeta. Más de 357 personas escribieron sobre #elviajedemitarjeta en Twitter y más de 600 retuitearon actualizaciones del blog. Además, el mapa ha recibido más de 2.700 visitas únicas, la página en Facebook tiene más de 700 fans y la web ha recibido un promedio de 1.042 visitas mensuales y un total de 6.254 visitas únicas.

Se basa en que el número de conocidos crece exponencialmente con cada eslabón de la cadena, y solamente hacen falta unos pocos eslabones para que ese grupo de conocidos englobe a la humanidad entera. 

La teoría fue enunciada matemáticamente en los años 50 por Ithiel de Soda Pool y Manfred Kochen, y “demostrada” empíricamente por el psicólogo Stanley Milgram en 1967.  El experimento del “Pequeño Mundo” consistió en seleccionar al azar una serie de personas del Medio Oeste americano, para que enviaran postales a un extraño del cual conocían el nombre, la ocupación y la localización aproximada. El sistema consiste en enviar la tarjeta postal a la persona conocida con más posibilidades de conocer al extraño, y darle instrucciones para que hiciera a su vez lo mismo.

 

Aunque se esperaban decenas o cientos de enlaces, los paquetes llegaron con un número sorprendentemente bajo de enlaces (5 a 7).  De ahí le vino a la teoría su sonoro nombre. Aunque esta historia es relativamente conocida, merece la pena contarla para que conste que no se trata de una leyenda urbana (como los cocodrilos albinos de las alcantarillas de Nueva York), sino de un experimento real.

También se dice que  la teoría fue inicialmente propuesta en 1930 por el escritor húngaro Frigyes Karinthy en un cuento llamado Chains. El concepto está basado en la idea de que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena, y sólo un pequeño número de enlaces son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en la población.

 El sociólogo Duncan Watts, en el libro “Six Degrees: The Science of a Connected Age”, asegura que es posible acceder a cualquier persona del planeta en tan sólo seis “saltos”.

Según esta teoría, cada persona conoce de media, entre amigos, familiares y compañeros de trabajo o escuela, a unas 100 personas. Si cada uno de esos amigos o conocidos cercanos se relaciona con otras 100 personas, cualquier individuo puede pasar un recado a 10.000 personas más tan sólo pidiendo a un amigo que pase el mensaje a sus amigos.

Estos 10.000 individuos serían contactos de segundo nivel, que un individuo no conoce pero que puede conocer fácilmente pidiendo a sus amigos y familiares que se los presenten, y a los que se suele recurrir para ocupar un puesto de trabajo o realizar una compra. Cuando preguntamos a alguien, por ejemplo, si conoce una secretaria interesada en trabajar estamos tirando de estas redes sociales informales que hacen funcionar nuestra sociedad. Este argumento supone que los 100 amigos de cada persona no son amigos comunes. En la práctica, esto significa que el número de contactos de segundo nivel será sustancialmente menor a 10.000 debido a que es muy usual tener amigos comunes en las redes sociales.

Si esos 10.000 conocen a otros 100, la red ya se ampliaría a 1.000.000 de personas conectadas en un tercer nivel, a 100.000.000 en un cuarto nivel, a 10.000.000.000 en un quinto nivel y a 1.000.000.000.000 en un sexto nivel. En seis pasos, y con las tecnologías disponibles, se podría enviar un mensaje a cualquier individuo del planeta. Por ejemplo, imaginemos un limpiabotas de la calle. Este limpiabotas conoce a un portero de un hotel de dos estrellas; dicho portero conoce al dueño del hotel y éste al dueño de un hotel más prestigioso; el dueño de este hotel conoce a una persona que trabaja en la Casa Blanca y esta persona conoce al presidente de los Estados Unidos. En unos pocos enlaces se ha conseguido ligar un limpiabotas con el presidente de los Estados Unidos.

Evidentemente cuantos más pasos haya que dar, más lejana será la conexión entre dos individuos y más difícil la comunicación. Internet, sin embargo, ha eliminado algunas de esas barreras creando verdaderas redes sociales mundiales, especialmente en segmentos concretos de profesionales, artistas, entre otros.

Con este tema, además, se han hecho una película y una obra de teatro: Seis Grados de Separación, de John Guare, y Small World (Mundo Pequeño), una obra escrita por el novelista británico David Lodge.

Además, hay comprobaciones en curso que tienen más que ver con otros aspectos de la vida real. Una involucra al famoso actor Kevin Bacon. Watts y Strogatz tomaron una base de datos en donde figuran todos los actores/actrices que hayan actuado alguna vez en alguna película (“incluyendo películas mudas o hechas en la India, o lo que sea”, como dice Strogatz). Allí figuran más de 350.000 actores y, naturalmente, cada vez la cantidad es mayor. Los que participan usan esta base de datos para jugar al juego llamado “Seis Grados de Separación de Kevin Bacon”, que permite calcular la distancia a la que está todo posible actor del propio Bacon. 

Aquellos que trabajaron con él en alguna película, están a distancia uno. Los que no lo hicieron, pero trabajaron con alguno que sí trabajó con él, están a distancia dos. Y así siguiendo.

 El laboratorio de investigacion de Facebook el año pasado, intentando validar la teoría que predice que dos personas cualesquiera están conectadas por seis grados de separación, vio que, al menos en su red, todos estamos conectados por un promedio de 3,57 personas. Según esta teoría predice que hay estructuras que no deberían de ser posibles. 

Como ejemplo, el mismísimo Mark Zuckerbger, fundador de Faceboo,  tiene un promedio de 3.17 grados de separación y Sheryl Sandberg, la segunda al mando de Facebook, cuenta con 2.92.  Hace casi 20 años la conectividad mundial recién comenzaba una expansión notoria y la famosa teoría sobre los “seis grados de separación” cobraba cada vez más relevancia y era definida como una realidad. Hoy se mitifica.

 

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