Hablar es un acto inherente a los humanos. Comunicarse parece la acción más normal, común, como si desde el nacimiento guardáramos un ‘chip’ con un universo de vocabulario listo para usar, muchas veces empleado en modo automático, sin detenerse a analizar que cada palabra tiene una composición, una función y un significado invaluable dentro del idioma que se maneje.
De esto sabe muy bien Francisco Javier Pérez, quien desde la lexicografía ha dedicado gran parte de su vida a estudiar el español y sus variantes en Venezuela y América Latina. Este venezolano también es licenciado en Letras, con maestría y doctorado en Historia. Presidió la y actualmente es el secretario general de la (Asale), conviviendo así con hispanohablantes de 23 academias que reúne la institución.
“Es evidente la riqueza del español con el que hablamos en Venezuela. La notable capacidad expresiva y la creatividad en sus procesos podrían ser algunas de sus fortalezas más incuestionables”, refirió desde Madrid, sobre el habla venezolana, tema que ha abarcado en varias obras como el Diccionario del habla actual de Venezuela: venezolanismos, voces indígenas, nuevas acepciones (1994), Las disciplinas lingüísticas en Venezuela: situación actual, otras miradas y nuevas expectativas (2004) y Estudios de lexicografía venezolana (1997).
En una realidad donde cada aspecto de la existencia busca ser estandarizado, en el campo de la comunicación, el valor se encuentra en la diversidad: es ésta una de las fuerzas que dan sentido y carácter a nuestra lengua, afirmó el académico. “Los usos regionales colorean la lengua con formas muy expresivas y ellas, en otro sentido, retratan los modos culturales propios de cada región y los intereses y afectos de los que hablamos español”.
Los cambios dentro de la lengua debido al paso del tiempo son inevitables, esto lo reconoce, por lo que está de acuerdo en la aceptación de los mismos ya que eso no significa necesariamente ‘contaminación’ del español, “al contrario, nuestra lengua anuncia su futuro y pervivencia en la medida en que acepta las diferencias como modos genuinos dentro de ese marco de creación y crecimiento que supone el español general: los acuerdos para la aceptación de la variedad; su panhispanismo”.
Esta evolución del lenguaje también arrastra la prolongación de ‘vicios’ lingüísticos. Uno de ellos, la utilización reiterada de femeninos y masculinos en todo contexto, ¿esto es efectivo? «La sabiduría de la lengua común rechaza esta manía al no ponerla en práctica; una nueva demostración de la nobleza y buen tino de la lengua común, frente a la impostura, afectación y estulticia de esos otros grupos minoritarios de usuarios”.
Y para determinados estratos, la ‘modernidad’ en la lengua viene dada por el acento ‘neutro’. Es el eterno afán de las producciones televisivas hechas desde Miami o México, que busca causar un efecto homogéneo en sus audiencias, así como la aceptación de las mismas en el mercado internacional. Ante este panorama, Pérez afirma que es una tarea difícil, catalogando esta meta “un sinsentido, pues, junto a las dificultades de alcanzar esa forma estándar de pronunciar, no tiene sentido acabar con una de las fortalezas del español como es su diversidad”.
Y aunque muchas veces despreciado por la sociedad por catalogarlo de vulgar o soez, el acento natural de una región junto a sus expresiones coloquiales, nunca deben ser objeto de vergüenza. Francisco Javier Pérez insiste en que no hay que avergonzarse de ningún uso lingüístico, “siempre que estos vengan refrendados por el uso y por las buenas intenciones al hablar. El elemento coloquial constituye un sector profundamente rico en el habla de cualquier lengua, pues constituye el habla libre y espontánea”.
Empobrecimiento del idioma
La libertad que ofrece el español a sus hablantes es plena. Son infinitas las expresiones a usar al momento de comunicar cualquier tipo de mensajes. El contexto, en ocasiones, nos dicta nuevas expresiones que logran prolongarse en el tiempo. Pero esta libertad muchas veces es más bien libertinaje, transformando sin medida la lengua madre hasta hacerla irreconocible.
En voz del poeta larense, Rafael Cadenas, Venezuela está aquejada de un grave descenso lingüístico cuyas consecuencias, aunque no sean fácilmente visibles, resultan incalculables para nuestra sociedad. “El lenguaje no solo le da su rasgo más característico al hombre: también lo configura (…) El desconocimiento de su lengua lo limita como ser humano en todo sentido. Lo traba; le impide pensar (…) Lo priva de la herencia cultural de la humanidad, lo convierte en presa de embaucadores, pues la ignorancia lo torna inerme ante ellos y no lo deja detectar la mentira en el lenguaje”, puede leerse en su obra En torno al lenguaje (1985).
Francisco Javier Pérez complementa esto al afirmar que la lengua no es ajena a procesos en donde el conocimiento es cada vez menos valorado. “Cuando se descree de todo tipo de saber la lengua no hace sino reflejar esa situación y la refleja manifestando deterioro y alarma. Conocemos por medio de la lengua y gracias a ella. Todo conocer supone un uso eficiente del lenguaje como medio de interpretación y divulgación del conocimiento”.
Es cierto también que la colectividad suele tomar como referencia a personajes públicos al momento de actuar y expresarse, ya que, en teoría, son modelos a seguir de un “buen hacer intelectual y de una manera de decir con inteligencia”. Sin embargo, el académico ve con preocupación “cómo esta enorme responsabilidad no se cumple y, en cambio, se maltrata sin clemencia a la lengua, en ocasiones, casi haciendo alarde de dislates y malos usos”.
Con esta especie de desprotección del lenguaje, ¿qué se puede esperar de la sociedad venezolana para las décadas venideras? “Debemos esperar muy poco en esta materia si no se revierte la propagación deliberada de formas impropias de hablar”.
Sobre el voseo maracucho
Uno de los rasgos definitorios de la zulianidad es el voseo. Constituye la identidad lingüística de quienes habitan en esta región, y a pesar de esto, hablar de ‘vos’ parece ser un crimen al ser empleado en diferentes contextos de la vida cotidiana, tal como lo es el colegio, por ejemplo, donde se enseña, en teoría, lo que es ‘correcto’, catalogando el voseo como algo vulgar y soez, de baja categoría.
En la mayoría de los casos, la lengua regional es menospreciada sin tomar en cuenta que ésta guarda los datos claves de nuestro desarrollo y evolución como comunidad, región y sociedad. Rechazarla sería rechazar así mismo nuestra historia y cultura.
El habla de Maracaibo y de toda la región zuliana, por su potente carácter distintivo, afirma Francisco Javier Pérez, “luce como de las más elocuentes y seductoras del español venezolano. Restringir o coartar su funcionamiento libre y creativo es, a todas luces, un disparate y un sinsentido, pues la energía con la que propone sus contrastes frente al español del resto del país difícilmente podrá frenarse (…) En Venezuela, la fragmentación dialectal constituye un verdadero sistema con características y modalidades distintivas propias”.
El purismo lingüístico “es una manera atroz y anacrónica de observar los valores de la lengua o, más bien, de castrarlos”.
Las voces de una lengua perduran siempre que el uso las mantenga vivas, sostiene. La expresiones coloquiales “nos sirven a los venezolanos para expresar de muy buena forma nuestros ánimos y para marcar determinadas situaciones que solo por vía del humor o de la ironía podemos asumir. Son, por lo tanto, expresiones muy propias y representativas”.
¿Se despierta alguien, un día cualquiera, queriendo ser lexicógrafo?
«No se despierta uno, un día cualquiera, para estudiar lexicografía y, menos, como creen algunos, que se hace un lexicógrafo de la noche a la mañana. Nunca se es lexicógrafo por haber hecho algún curso eventual sobre esta disciplina, ni por haber hecho alguna incursión fugaz en sus quehaceres. El estudio del léxico de una lengua y la tarea de confeccionar los mejores instrumentos para describir ese léxico, los diccionarios, suponen una enorme pasión por la lengua y una indesmayable disciplina (asuntos ambos mediatizados por la responsabilidad). Estas condiciones, cada vez más raras, resultan imprescindibles en todo aquel que quiera proponer los mejores valores de nuestra lengua contando con los mejores instrumentos para hacerlo. La “vía fácil”, como la he llamado, solo abonaría la farsa de los que sin pasión (amor a la lengua) y sin rigor (ciencia del lenguaje) quisieran aproximarse a la lexicografía sin contar con los valores innatos y aprendidos para lograr los productos nobles a los que está llamada la lexicografía».
Ya se encuentra en las principales librerías del país, el segundo volumen del Diccionario histórico del español de Venezuela, de Francisco Javier Pérez, publicado bajo el apoyo de Fundación Empresas Polar, Bid & co., Academia Venezolana de la Lengua y Embajada de España en Venezuela, obra que el autor considera “de notable importancia para el conocimiento de nuestro español, al describir la biografía de nuestras palabras más determinantes, componiendo la historia verbal de cada una de ellas, que es como decir la historia del país por medio de sus palabras”.
Francisco Javier Pérez
Licenciado en Letras y máster y doctor en Historia. Francisco Javier Pérez es profesor titular de la Universidad Católica Andrés Bello y director de la Cátedra Andrés Bello en esta misma universidad. Miembro de número del Instituto de Estudios Canarios. Presidente de la Fundación Julio César Salas. Miembro fundador de la Fundación Pedro Grases. Además, es el director del Boletín de la Academia Venezolana de la Lengua desde el 2006 hasta la actualidad. Ha sido coordinador de la Comisión de Lexicografía (2007-2011) y coordinador de la Comisión de Ortografía (2007-2011).
Ha recibido, entre otros, el Premio de Ensayo Julio César Salas; la Mención Honorífica en el Premio de Ensayo Orlando Araujo; el Botón Profesor Luis Díaz (Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, Vicerrectorado Académico de la Universidad de Carabobo); el Premio IBBY (International Board on Books of Young People) por el Diccionario venezolano para jóvenes. Además, el Encuentro de Profesores e Investigadores de la Lingüística le rindió homenaje en su edición número XXIII, celebrada en el Instituto Pedagógico Rural El Mácaro (estado de Aragua), en 2004.