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Jesús Paz: Un siglo de vida y 100 sueños cumplidos

Llegar a 100 años de vida significa el más grande milagro de la vida y para quien lo alcance, como Jesús Paz que los cumple este viernes, conlleva a un cúmulo de reflexiones por tantos sueños cumplidos y otro poco por aquello que no se ha logrado.

Pero la balanza en la vida de Jesús se inclina a favor de lo alcanzado pues tuvo una prolífera descendencia que, a su centenario de vida llega, a 100 parientes entre hijos, nietos, bisnietos y tataranietos.

“Para mí este es el mejor sueño cumplido y lo que más le agradezco a la vida. La familia es lo más importante y por ellos luché siempre”, reveló el oriundo de los Puertos de Altagracia, municipio Miranda.

De ese centenar de descendientes 15 son hijos de los que viven 8, todos, criados y formados con los más fervientes principios de educación que los padres de comienzos del siglo pasado trasmitían a su prole.

Compartió su vida con Adriana Rivero, su esposa, que murió hace dos meses. Convivió con ella durante 80 años.

Este abuelito desempeñó varios oficios para levantar a su familia. “Trabajé como albañil, carpintero y chofer de la industria petrolera. De todos lo que más me gustó fue la construcción y en ella laboré como 25 años”, dice.

Siempre gozó de buena salud hasta los 89 años cuando le fue diagnosticada insuficiencia cardíaca, enfermedad que controla con tratamiento médico. Previamente, a los 85, había sido sometido a un transplante de córnea, operación que resultó infructuosa perdiendo la visión en un 90%. “Todavía observa el bulto de las cosas frente a sus ojos y los billetes como que los ve clarito porque no se pela al contarlos”, dice su nieto Jonairo Paz.

«Además de buena salud, siempre muestra un espíritu altivo. No se decae ante nada y frecuentemente manifiesta que se siente como un toro al levantarse», señala Elsi Vergara, su yerna y quien lo atiende en el cuidado del tratamiento.

A los 94 fue operado de la vesícula, cirugía que normalmente no se realiza a esta edad por los riesgos que implica, pero Paz se recuperó en un 100% de la misma y hoy puede comer de todo, con las limitaciones que impone su cardiopatía.

Cazar era uno de sus pasatiempos favoritos. En ello invertía el tiempo libre y de paso ayudaba con el sostén de la familia. Al hablar de ella, indaga entre sus recuerdos y la remembranza de las calamidades que padeció para levantarla, le entrecortan las palabras.

“Criar a los hijos en aquellos tiempos era muy difícil. No había las facilidades de hoy y teníamos que completar la comida cazando animales en el monte. El sueldo no alcanzaba para el pan de todos los muchachos. Había momentos en que uno quería, pero no podía”, afirma.

A pesar de todo, Jesús Paz es hoy uno de los abuelos más orgullosos sobre la faz de la tierra pues tiene, según él, la familia más hermosa y la longevidad de muy pocos afortunados en este planeta.

Jesús Paz con parte de su familia

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