La primera persona que se enterró en el cementerio “El Cuadrado” fue en el año 1871. Fue el señor D. J. Jugo y su sepelio inauguró el cementerio en ese mismo año. Aún su obelisco de mármol blanco se mantiene entre el caos que reina en un lugar que podría ser una referencia de la ciudad vieja, un reflejo del respeto por sus difuntos, pero nada más lejos de ello.
Este lunes 2 de noviembre es el Día de los muertos, y el camposanto más antiguo de la ciudad es un refugio de indigentes, de practicantes de la brujería y de la falta absoluta de mantenimiento por parte d ela municipalidad. Sus cuadrículas están enmontadas, hay tumbas profanadas, otras exponen huesos a la vista y una montaña de ataúdes oxidados reflejan el desprecio por la vida y obra de quienes allí reposan.
Los esfuerzos de su personal no son suficientes para mantener este espacio ubicado entre las avenidas Delicias y Padilla, lo que hace cien años eran las “afueras” de Maracaibo. El Sr Daniel Madueño, fiscal del cementerio “El Cuadrado” desde que tenía 15 años de edad, recibe a las personas que diariamente acuden a visitar a sus familiares y conocidos en el lecho de su descanso eterno. Se muestra siempre dispuesto a colaborar y responder cualquier interrogante que se presente, su experiencia de 57 años sale a flote al hablar sobre la historia y los huéspedes del lugar.
Daniel Madueño
“Los principales personajes enterrados en el cementerio son el insigne rector de LUZ en la reapertura, Jesús Enrique Lossada, el poeta Udón Pérez, el doctor Guillermo Quintero, el fray Junípero, Antonio Anselmo Pulgar y Luis Celis, estos últimos fueron escritores de Simón Bolívar” relata como una lección que se aprendió al dedillo, frases que ha dicho en numerosas ocasiones.
Un poco para romper el hielo relata una leyenda urbana sobre que, en una ocasión, llegó un grupo de personas a exhumar los restos de una dama prostituta de la cual desconoce su nombre pero le decían popularmente “pelotica e’ leche o bolita ‘e leche”. Al abrir su ataúd se consiguieron con un cuerpo intacto, las personas la consideraron una santa y no la tocaron.
Madueño se ofrece de forma voluntaria a dar un tour por el cementerio. A pesar de ser un hombre de edad avanzada, camina de forma apresurada y efectiva por el suelo lleno de escombros, monte y basura.
En la primera parada se encuentra el mausoleo de la familia Lossada, tumba de Jesús Enrique Lossada, poeta y gran protagonista de la reapertura de la Universidad del Zulia, Madueño imitando al mejor guía turístico de algún museo de fama mundial explica quien es el personaje allí presente y, de forma tosca, indica: “bueno tomen sus fotos pues pa seguir porque el sol quema”.
Mausoleo de la familia Lossada
A unos pocos metros se visualiza el imponente mausoleo de la familia Quintero Luzardo, hogar del doctor Guillermo Quintero Luzardo, prominente galeno, periodista y dramaturgo de la región. Madueño no duda en subrayar la falta de una placa de mármol en la entrada, alegando el hecho a: “los huele pegas que se meten de noche a romper las tumbas y hacer funciones”.
Mausoleo familia Quintero Luzardo
Promesas de ayuda incumplidas
Sobre el deterioro del cementerio, el ecónomo José Antonio Ferrer, afirmó que se le ha solicitado ayuda a las entidades regionales y municipales para limpiar y arreglar el terreno pero aun no ha recibido nada.
Huelepegas y maleantes usan espacios del cementerio para pasar la noche
“El año pasado estuvimos con el locutor Enio Trujillo en un proceso de recuperación de partes históricas de Maracaibo, esa vez fuimos a la Plaza del Buen Maestro, el me dijo que me ayudaría a recuperar el cementerio. Nos fuimos a la plaza, la alcaldesa se comprometió para ayudarnos con la recuperación pero aun estoy esperando la ayuda” declaró Ferrer.
El cementerio, por ser privado, se mantiene con un abono anual de 60 bolivares por parte de cada persona que cuente con una bóveda. Actualmente hay 10.364 personas con bóvedas pero solo el 10% cancela el condominio anual, dijo Ferrer.
Hogar de próceres y santos
El fiscal prosigue el recorrido serpenteando la crecida vegetación, claramente descuidada. Pasa por alto el sepulcro de los Fernández Moran, donde reposa una lápida dedicada al científico y médico zuliano Humberto Fernández Moran, inventor del bisturí de diamante, y se dirige hacia un hueco donde, días antes, fue hallado el cuerpo de un joven que acudió al cementerio para comprar un arma: “mijo aquí no pasa nada bueno” subraya.
Entre nichos abiertos con huesos a la vista y tumbas en precario estado, algunas de las cuales datan de finales del 1800 y principios de los 1900, está una curiosa tumba llena de cuadernos y textos escolares, pertenece al Fray Junípero de la Escalada, el cual en vida fue un religioso que se dedicó a enseñar a leer a los analfabetas. Numerosas personas, estudiantes en su mayoría, le llevan sus textos luego de alguna promesa cumplida. La tumba ha tratado de ser relocalizada pero, acorde a los sepultureros, se pone demasiado pesada y no la pueden levantar. Aun el cuerpo se conserva intacto con la vestimenta en la que fue enterrado, dice Madueño.
Tumba del Fray Junipero
Acto seguido se consigue el que fuera sepulcro del escritor, dramaturgo y poeta zuliano Udón Pérez antes del traslado de sus restos al panteón regional el 30 de enero de 2004. Madueño hace un alto en este sitio para relatar una muy breve biografía del personaje antes de seguir caminando.
Tumba Udón Pérez
Esquivando mausoleos y sepulcros llenos de lujo cubiertos en mármol y esculturas, se aproxima a una serie de nichos donde, en uno de ellos, se encuentran los restos de Antonio R. Pulgar, prócer de la independencia de Venezuela. “Ahí en ese huequito esta un prócer de la independencia, nadie le presta la atención que merece. Es triste” recalca Madueño.
Nicho del prócer Antonio R. Pulgar
Mausoleo de la Familia Briceño, en perfecto estado
El recorrido finaliza, irónicamente, frente al sepulcro del primer residente del cementerio, D.J. Jugo, sepultado el año de 1871 en el mausoleo de la familia Jugo mucho antes de la apertura oficial del cementerio en el año 1876.
Mausoleo Familia Jugo
Contraste Mundial
Alrededor del mundo varios cementerios son visitados anualmente por miles de turistas, los cuales acuden a pagar sus respetos hacia un personaje famoso o histórico que se encuentre en dicho cementerio, o por apreciar las esculturas y el arte sacro presente en el lugar. Estos camposantos son preservados en perfecto estado.
Entre los sepulcros más famosos está el de La Recoleta en Argentina, hogar eterno de Eva Perón en el mausoleo de la familia Duarte y de varios personajes ilustres argentinos como Raúl Alfonsín y Victoria Ocampo.
Tumba de Eva Perón en La Recoleta
En París se encuentra el Père-Lachaise, el más visitado del mundo. Cerca de dos millones de personas se pasean anualmente por sus terrenos, visitando las tumbas de Oscar Wilde, María Callas, Molière, Chopin, Rossini, Balzac y Proust, pero la más visitada es la del vocalista de The Doors Jim Morrison. Morrison curiosamente había visitado el cementerio dos días antes de su muerte y, según testigos presentes, mencionó que le gustaría ser enterrado en ese lugar. Tumba de Jim Morrison en el cementerio Père-Lachaise de Paris
En Inglaterra está el Highgate, lugar de ambientación gótica donde se encuentran los restos de Carlos Marx y la familia Dickens. Es frecuentado por fanáticos de lo oculto ya que existe la leyenda sobre un vampiro que se paseaba por sus laberintos en la década de los años 70.
El cementerio Zentralfriedhof, ubicado en Viena, es hogar de ilustres figuras de la música clásica como Beethoven, Schubert, Salieri, Brahms, Strauss, Gluck entre otros. Miles de fanáticos y músicos lo visitan cada año para rendir homenaje a estos genios de la composición. Sepulcro de Beethoven en el cementerio Zentralfriedhof
En Praga se encuentra el cementerio judío, el cual contiene más de 12.000 lápidas, siendo la más antigua del año 1439, es muy frecuentado por los practicantes de dicha religión. Como es costumbre entre los judíos, piedras con notas escritas en papel sustituyen a las flores. Aunque desde el siglo XVIII no hay enterramientos, existe un pequeño museo con una placa que exhibe los nombres de 75.000 judíos exterminados en el campo de concentración de Terezin y los dibujos de los niños que sufrieron ese terror.