Con su rostro de muchacho manso, el merideño Nascuy Linares subió al escenario del Teatro de la Ciudad de México, ante un auditorio repleto de experimentados realizadores de cine, para recibir su Premio Iberoamericano Fénix 2015 y aunque la primera frase que le salió fue: “No sé que decir”, de inmediato agradeció la oportunidad al director Ciro Guerra de hacerle encomendado hacer la banda sonora de la película El abrazo de la serpiente.
“A todos allá en Mérida”, dijo conmoviendo a sus coterráneos y finalmente, “sin saber qué decir” dijo mucho por sus ancestros: “A todos los indígenas de nuestra América que nos han dado sus canciones para hacer cine”.
Ahora la misma película con la que ganó un “Fénix”, El abrazo de la serpiente, tiene la proeza estar en una competencia más compleja, los Premios Oscar 2016, nominada a como Mejor Película de Habla no inglesa.
Por tanto, el compositor y arreglista concedió a PANORAMA una entrevista vía telefónica, aún con la experiencia fresca de haber visitado Maracaibo por ser uno de los cinco homenajeados del Festival Nacional de Cortometrajes Manuel Trujillo Durán.
“Por allá por Maracaibo comí muy rico”—soltó inmediatamente al saber de dónde venía la llamada—. En el festival zuliano, Linares compartió homenaje con el destacado músico Aquiles Báez, así como con Mario Nazoa, Frank Rojas y Alejandro Blanco-Uribe.
“Me sentí muy honrado de estar en ese grupo. Varios de ellos han sido mis maestros. Mario Nazoa me dio clases cuando estudié cine. Con Frank Rojas he aprendido mucho. A blanco-Uribe lo conocí hace años. Y Aquiles Báez, un modelo al que le tengo mucha admiración”.
De acercarse a la cultura indígena, Linares aseguró que aprendió la posibilidad de tener una conexión con los orígenes.
“La música occidental pierde eso”—opinó—.
El compositor y arreglista venezolano inició su carrera tocando música popular con su amigo Alberto Arvelo (cineasta), en bares, y a mediados de los 9, Arvelo le propuso hacer la música de su largometraje Una vida y dos Mandados. A partir de entonces entró de lleno en el cine, y lo estudió en Venezuela y posteriormente se formó como diseñador de sonido en Inglaterra.
Trabajó junto a Gustavo Dudamel, en la Banda Sonora de El Libertador como arreglista y productor musical, así como en la producción de los concierto de la Filarmónica de Los Ángeles, que dirige el maestro barquisimetano.
—¿En qué consiste tu trabajo en esos conciertos? —A veces soy editor o director de escena. Allí sincronizo las imágenes que se proyectan con la música. Es el proceso al revés de como se hace en el cine. Con Dudamel creo que voy a repetir la experiencia de montar la obra completa La Suite de una Noche de Verano en el hollywood Bowl.
—¿Qué otros proyectos tiene? —Estoy haciendo la música de un documental para la televisión de Chile. También la de un largometraje venezolano y con Arvelo estoy en varios proyectos.
—Teniendo Venezuela tantas orquestas, ¿qué es lo que hace falta para desarrollar más bandas sonoras para las películas? —Es que la industria del cine en nuestro país ha tenido mucho auge, pero todavía está en desarrollo. Por eso en la medida que crezca, crecerá cada área, en este caso, la industria de la música para cine. No se trata de falta de músicos. Tenemos muchos y muy buenos, por eso estoy seguro que eso viene pronto. Las condiciones están dadas.
—¿Qué le hace falta a Venezuela y demás países latinoaméricanos para estar en las nominaciones del Oscar? —A veces se mueve mucho el azar en los premios y sobre todo del Oscar. Hay películas excelentes que no llegan porque no salieron en el tiempo correcto. A veces hay un tema de moda y pega. Esta vez entró “El abrazo” y creo que es porque es muy humilde y honesta. Aunque corrió muchos riesgos en el rodaje. Pero con muy poco transmite mucho.
—¿Cree que “El abrazo” puede ganar? —Si está nominada es porque hay chance. Yo estoy cruzando los dedos…