Rubén Darío nació en Metapa, Nicaragua, que hoy lleva el nombre de Ciudad Darío, el 18 de enero de 1867. Sus padres, Manuel Darío y Josefa Sarmiento, se separaron cuando era apenas un niño, y fue criado por su abuela en León, lugar al que siempre consideró el de su origen.
Con apenas 14 años, su abuela lo presentó en Managua, donde fue reconocido por sus dotes literarias y artísticas, como un prodigio. Era creativo, memorioso, recitaba poesía y leía a poetas franceses.
Viajó por Europa y América, representando a su país, como cónsul y embajador.
En 1886, viajó a Chile, donde publicó «Abrojos», «Canto épico a las gloria de Chile», y «Rimas», todas en 1887. En 1888 «Azul
» fue su primer gran libro, elogiado por la crítica, sobre todo por el escritor español, Juan Valera y el uruguayo José Enrique Rodó.
Triste, muy tristemente (1916)
Un día estaba yo triste, muy tristemente viendo cómo caía el agua de una fuente. Era la noche dulce y argentina. Lloraba la noche. Suspiraba la noche. Sollozaba la noche. Y el crepúsculo en su suave amatista, diluía la lágrima de un misterioso artista. Y ese artista era yo, misterioso y gimiente, que mezclaba mi alma al chorro de la fuente.
La gitanilla
Maravillosamente danzaba. Los diamantes negros de sus pupilas vertían su destello; era bello su rostro, era un rostro tan bello como el de las gitanas de Miguel Cervantes. Ornábase con rojos claveles detonantes la redondez obscura del casco del cabello, y la cabeza, firme sobre el bronce del cuello, tenía la pátina de las horas errantes. Las guitarras decían en sus cuerdas sonoras las vagas aventuras y las errantes horas, volaban los fandangos, daba el clavel fragancia; la gitana, embriagada de lujuria y cariño, sintió cómo caía dentro de su corpiño el bello luis de oro del artista de Francia.