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Recordamos poemas del mexicano Octavio Paz, a 18 años de su muerte

El poeta y ensayista mexicano Octavio Paz Lozano, Premio Nobel de Literatura 1990, falleció hace 18 años, el 19 de abril de 1998, a los 84 años, en la Casa Alvarado, en Coyoacán, actual sede de la Fonoteca Nacional.

Fue despedido con un Homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes, pero de entonces a la fecha no ha dejado de gravitar en la cultura mexicana, donde se siguen generando publicaciones, ensayos, discusiones y análisis en torno a su vida y obra.

En 2013, un año antes del Centenario del Natalicio de Paz, se editó al escritor Alberto Ruy Sánchez, quien escribió un ensayo sobre la trayectoria artística e intelectual de Paz, Una introducción a Octavio Paz, en la que proporciona al lector herramientas interpretativas básicas para la comprensión de su vasta obra.

 

 

La carrera del único mexicano que ha obtenido el Premio Nobel de Literatura (1990) inició con “Mar de día”, su primera obra poética publicada en 1931. A lo largo de su prolífica carrera fue reconocido con premios como el Xavier Villaurrutia en 1957 por “El arco y la lira”.

El Premio Internacional de Poesía de Bruselas, Bélgica en 1963, el Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura, el Premio Jerusalem y el Nacional de Letras de México, los tres en 1977.

En 1979 recibió el Premio Gran Águila de Oro del Festival Internacional del Libro en Niza, en 1981 el Premio Cervantes, en 1985 el Premio Internacional Alfonso Reyes y al Mazatlán de Literatura por Hombres en su siglo.

El Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades lo obtuvo en 1993 por la revista Vuelta y en 1994, la Gran Cruz de la Legión de Honor de Francia y la Medalla Gabriela Mistral en Chile.

Poema Acabar con todo

Dame, llama invisible, espada fría,  tu persistente cólera,  para acabar con todo,  oh mundo seco,  oh mundo desangrado,  para acabar con todo.  Arde, sombrío, arde sin llamas,  apagado y ardiente,  ceniza y piedra viva,  desierto sin orillas.  Arde en el vasto cielo, laja y nube,  bajo la ciega luz que se desploma  entre estériles peñas.  Arde en la soledad que nos deshace,  tierra de piedra ardiente,  de raíces heladas y sedientas.  Arde, furor oculto,  ceniza que enloquece,  arde invisible, arde  como el mar impotente engendra nubes,  olas como el rencor y espumas pétreas.  Entre mis huesos delirantes, arde;  arde dentro del aire hueco,  horno invisible y puro;  arde como arde el tiempo,  como camina el tiempo entre la muerte,  con sus mismas pisadas y su aliento;  arde como la soledad que te devora,  arde en ti mismo, ardor sin llama,  soledad sin imagen, sed sin labios.  Para acabar con todo,  oh mundo seco,  para acabar con todo.  

Poema Dos cuerpos

Dos cuerpos frente a frente  son a veces dos olas  y la noche es océano.  Dos cuerpos frente a frente  son a veces dos piedras  y la noche desierto.  Dos cuerpos frente a frente  son a veces raíces  en la noche enlazadas.  Dos cuerpos frente a frente  son a veces navajas  y la noche relámpago.  Dos cuerpos frente a frente  son dos astros que caen  en un cielo vacío.  

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