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Perfil. La tierra alienta a Leo DiCaprio

El protagonista de “El Renacido” concurre por quinta vez a la ceremonia de los Premios Oscar. La película se estrenará en los cines del país. Leonardo DiCaprio se ha enfocado en su batalla por la defensa del medioambiente. Mientras el día anterior estuvo en México de gira, al siguiente se reunió con el Papa.

Alexis Blanco

El corazón de la Pachamama resiste el asedio sentimental del actor Leonardo DiCaprio, quien, tras recibir su premio Globo de Oro por su interpretación de “El Renacido”, ofrendó un emotivo llamado de conciencia a la comunidad internacional sobre el trauma ecológico.

La deidad venerada por los incas y otros pueblos ancestrales del Sur concentra buena parte del discurso artístico del actor estadounidense que aún aguarda por ese premio Oscar para instaurarse formalmente en el reino dorado de las leyendas de cine.   Desde entonces hay derroche de sarcasmo cuando exponen escepticismo acerca de las reales posibilidades de un Oscar para Leo: “La estatuilla llegará, pero para aquel actor que, en el futuro, interprete la vida frustrada de DiCaprio esperando el Oscar”. Son algunos comentarios que se leen en las redes sociales. El actor no se da por enterado, continúa en su afán de concienciación. 

Ayer se reunió con el Papa Francisco, a quien le expuso al jefe de la iglesia católica su batalla por la defensa del medioambiente. En la gala de premios World Economic Forum’s Crystal, en Davos (Suiza), una semana atrás, Leo increpó al capitalismo mundial, mientras que anunciaba su donación de 15 millones de dólares para la preservación de los recursos naturales del planeta. 

La Pachamama  vibró, escuchándole: “Simplemente no podemos permitir que la codicia corporativa de las industrias del carbón, del petróleo y del gas determinen el futuro de la humanidad. Esas empresas con interés económico en preservar este destructivo sistema han denegado, incluso encubierto, la evidencia del cambio climático. Ya es suficiente. Ustedes lo saben. El mundo lo sabe bien. La historia les culpará por esta devastación”, aseguró en su discurso. 

 

Antes había cedido la misma cantidad para los mismos propósitos, subrayando que “la generosidad es vital para el futuro del mundo”. También resalta su apoyo a los activistas de los derechos de los homosexuales. En abril de 2013 donó 61.000 dólares a Glaad, una organización que defiende los derechos de la comunidad  gay en diversas instancias.

Pero la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, ente creado en 1927 por Louis B. Mayer y que concede el premio, no es una ONG consagrada al asunto ecológico o a la preservación de la salud del planeta, o a los derechos minoritarios, sino una compleja red de intereses que este año realizará su octogésima octava edición de los Oscares. Y aunque las casas de apuestas favorecen abiertamente la opción (ha sido nominado cinco veces) de Leo por “El Renacido”, la verdad es que el actor lidia con una fiera mucho más terrible que el oso grizzlie con el que lucha a muerte en la película del realizador mexicano, interpretado por Glenn Ennis, actor de doblaje. 

En la cinta, que se estrenará pronto en las salas de cine nacional, Leo igualmente deja maestría de su talento y  lo que nadie podrá negar es la trayectoria extraordinaria de un intérprete que ha trabajado, además de González Iñárritu, con maestros del oficio, como Martin Scorsese, Clint Eastwood, Woody Allen Sam Mendes, Lasse Hallström, Quentin Tarantino o James Cameron. 

Además se ha codeado con el cosmos actoral y siempre resaltan sus cualidades histriónicas. Carlos Boyero, crítico de cine de El País enfatiza: “No sé qué tiene que hacer DiCaprio para que le den el Oscar. Lleva mucho tiempo siendo un actor eminente, en realidad lo fue siempre, compruébelo cuando era un adolescente en ‘¿A quién ama Gilbert Grape?’”.

Vida de este chico (1993), dirigida por Michael Caton-Jones, donde compartía cartel con Robert de Niro, fue la obra que lo catapultó al éxito. La película le valió el Premio Nueva Generación y las respectivas candidaturas al Globo de Oro y el Oscar al mejor actor. Tommy Lee Jones ganó ese año el lauro.  Después hizo un “western” con Sharon Stone y Gene Hackman. Un año más tarde, en 1996, estrenó Romeo y Julieta, con Claire Danes, un intento de aproximar al nuevo público masivo al bardo inglés.

El hijo de George, vendedor de comics, y de Imerline, lleva en sus genes una exótica mezcla de sangre eslava y teutona. Cuando ella estaba embarazada, la pareja visitó el museo El Louvre, en París, y cuando ella se detuvo frente al cuadro “La Mona Lisa”, el bebé pateó el vientre de la madonna y entonces quedó decidido su nombre, Leonardo. Esa anécdota vinculada al maestro Da Vinci formaliza otra gran pasión de la estrella: un refinado coleccionista de arte.

El constructivismo ruso y el expresionismo alemán, registran el interés en esta área, donde, junto con la pintura, reune piezas de arte popular, entre ellos los carteles originales de El acorazado Potemkin o El gabinete del doctor Caligari. Artistas como Walton Ford, Julian Schnabel, Banksy o Elizabeth Peyton, ambientan su Fundación DiCaprio, absolutamente consagrada a su ministerio conservacionista. 

 

Su debut fue de terror, en 1991, con el filme “Crippers”, un astracán. En 2005 coronó su primera nominación por El Aviador, un trabajo excepcional donde mostró el lado humano del excéntrico Howard Hughes, pero todo se fue al traste cuando Jamie Foxx triunfó con su memorable rol de Ray Charles. Sin embargo, Leo ya enseñaba sus alas.

Dos años después, otro afroamericano, Forrest Whitaker, erizaba la piel de quienes veían su transformación en Idi Amín, en El último rey de Escocia y se llevó “La preciosa”. DiCaprio había hecho Diamantes de sangre, del director Edward Zwick, junto con  Djimon Hounsou. Leo encarnó a un construidísimo “Danny Archer”, pero, nada.

El genio de DiCaprio resplandeció como nunca en su nueva colaboración con el increíble Scorsese, quien le dirigió en  El lobo de Wall Street. Obtuvo la nominación pero ese año, 2014, el mundo cinematográfico quedó pasmado con Matthew McConaughey, quien interpretó a un contagiado de VIH en el filme Dallas Buyers Club. Pero DiCaprio posee el temperamento suficiente como para saber jugar y aprender de la derrota. Vale el apunte de su gran pasión (junto con las mujeres de ensueño), por el mundo del automovilismo, lo cual le llevó a fundar, hace tres años,  la escudería Venturi Formula E Team78 para competir en el campeonato mundial de Fórmula E organizado por la Federación Internacional del Automóvil (FIA).

Eso lo motiva a conservar la calma y esperar la ceremonia de los Oscar 2016, el próximo 28 de febrero en el Teatro Kodak de Los Ángeles. La influyente revista Vanity Fair pronosticó: “Este es el año en el que conseguirá su Oscar”. Pero el artista de 41 años piensa solo en sus nuevos proyectos, que incluyen sus campañas ecologistas, una nueva novia espectacular, Kelly Rohrbach, de 25 años (aunque también se especula acerca de un flirt con la cantante Rihanna), y la próxima filmación de una película sobre el escándalo de la Wolkswagen, también una cinta  sobre Putin, además de producir y estelarizar la adaptación del libro de Daniel Keyes “The Minds of Billy Milligan”. 

 

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