Las momias de Hauschild, una novela de suspenso sociológico que nos invita a conocer la transformación de un personaje mientras descubre al culpable de un asesinato durante una dictadura ambientada en la Venezuela de 1928; eso es lo que promete Natalia Sánchez en su primera novela publicada, la cual será presentada este miércoles en el Teatro Baralt a las 06:30 p. m.
A propósito de esta presentación, la escritora ofreció una entrevista al diario PANORAMA, vía telefónica, donde dio detalles de la historia.
Tardó casi dos años en escribir esta novela y su inspiración para escribirla fue la reflexión de “cómo los gobiernos autoritarios hacen que las casas de las personas sean muy silenciosas y cómo las personas buscan la manera de lograr la libertad”.
Sánchez estuvo cerca de diecisiete años dando Enfoque Sociológico de la Cultura en la Universidad del Zulia hasta que decidió irse a Margarita, donde esccribe.
¿Qué la inspiró para escribir este libro?
La novela es un thriller sociológico, una novela de suspenso que comienza con el personaje principal que encuentra un cuerpo sin vida en una playa, en Macuto. Está ambientada en 1928, en las cercanías del Hotel Miramar, bajo la dictadura de un general ficticio llamado General Monteverde.
Se tomaron unas cosas de la historia venezolana, pero con nombres diferentes y situaciones absolutamente ficticias. Es una novela intimista, está soportada en las reflexiones de la persona que encuentra el cuerpo sin vida. Se desarrolla en esa costa y con un grupo de personas que están en el hotel.
Lo que me llevó a escribirla era la expresión de cómo los gobiernos autoritarios hacen que las casas de las personas sean muy silenciosas, haya mucho miedo, no hay conversación, palabra o libertad y cómo las personas buscan la manera de lograr eso; muchas veces la manera de alcanzar esto lleva a situaciones complicadas, complejas y peligrosas.
Esa es la reflexión de la novela: la forma en que una mujer consigue liberarse a la par que encuentra quién es el autor del crimen.
Ella resuelve el asesinato y la búsqueda hace que ella se transforme y consiga mayores libertades de las que tenía antes.
Es decir, que de antemano sabemos que habrá una resolución…
Sí, hay una resolución. Se encuentra un cuerpo y pasa todo el proceso de pesquisa que lo hace una mujer que no pertenece a ningún cuerpo policial sino que un día se está bañando en una playa, se encuentra con el cuerpo y se compromete a descubrir quién es el culpable de ese acto; lo hace porque está implicado con temas de su pasado, en donde hay un hecho doloroso. Al final descubre quién es el asesino.
La autora tardó casi dos años en escribir esta novela. Estuvo entre seis y nueve meses estudiando los años veinte y el Hotel Miramar, que actualmente está en ruinas. Hizo una investigación de archivos gráficos y audiovisuales de toda la época y de las élites venezolanas que acudían a ese lugar.
Expresó que tuvo muchos meses “empapándose”, de los elementos históricos y sociales y de la estética de esa década. Escribir la novela le tomó diez meses más.
¿Qué espera causar con esta novela?
En mis clases yo citaba a Alain Touraine, quien alguna vez dijo que la sociología tenía que ser subjetiva para poder responder y darle algún tipo de luz a la gente de la sociedad contemporánea que siempre quería sentirse sujeto de derechos ellos y no tanto formando parte del grupo social.
Creo que la literatura hace que eso sea posible; me parece que de alguna forma trato de reflexionar desde las teorías de lo social, pero es mucho más humano porque uno no trata teorías en las novelas sino de las visiones de las personas, de las emociones, de los miedos, del ansia de libertad y eso siempre está presente en las novelas que he escrito: el deseo de la libertad.
En la nota de prensa dice: “Serie que promete un desarrollo mayor”, ¿por qué?
Aunque esta es la obra que tengo publicada, ya he escrito dos más entornadas en los mismos años y escribí una última ambientada en 1955; tengo proyectos para seguir trabajando y participando en algunas cosas pero siempre escribiendo como si fuera este país; como dice en la contraportada del libro: “Es como una Venezuela paralela en un pasado paralelo”.
Yo no utilizo los nombres de las personas que estuvieron en esa época, solo utilizo algunos elementos y, a partir de allí, creo los personajes que son todos ficticios.
Evidentemente, en Venezuela había una dictadura en 1928, pero no trabajo directamente con los sucesos que realmente pasaron en el país durante ese periodo, aunque sí con situaciones que pudieron haber sucedido dentro de las casas de las personas que vivían en ese tipo de país que teníamos.

La escritora prometió que seguirá escribiendo aunque ya tiene tres novelas listas y ambientadas en la misma época. Insistió en que siempre trata de rescatar esa parte “subjetiva” porque encontró que en la literatura, de suspenso y de ficción, se puede hacer una sociología muy intimista.
¿Por qué decidir ambientar en una época específica y optar por personajes ficticios?
Es dejar solo lo esencial, me refiero a que las dictaduras todas se parecen, los dictadores todos se parecen y no es importante si se llamaba Gómez o Monteverde porque la esencia, el efecto que produce una dictadura, que es la ausencia de libertad y de derechos individuales y sociales, es el mismo.
Entonces, no es tan relevante cómo se nombre sino lo que ocasiona; por eso utilizo el marco de lo que significan esos contextos para los humanos, pero no me interesa profundizar en las personas que estuvieron allí porque son lo de menos; lo importante es la consecuencia que tienen en la gente, pero ellos no.
Todos los dictadores se parecen, no importa la época ni los años, todos son iguales porque al final producen las mismas desesperanzas en las personas y la misma ausencia de derechos.
A pesar de que el contexto histórico es muy relevante en sus libros, aseguró que sus novelas no son históricas ni políticas.

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