Venezuela le recordará por muchas cualidades, entre ellas, la de creer en la profesionalización de los cantantes. Con la partida ayer, a los 92 años, de Don Mario Suárez, quedan asignaturas pendientes que él soñó y que, por el bien de la música y del talento venezolano, sería justo hacerlas cumplir. Soñó con una escuela de cantantes, tal como lo dijo en diversas entrevistas. Lo decía con la autoridad de haber educado a decenas de artistas en ese difícil campo, entre ellas a la también zuliana Lila Morillo, una de las voces más privilegiadas del país.“Cuánto dolor siente mi alma! Amigo querido, mentor mío y de tantos, pionero de nuestro arte! Gracias por la oportunidad que me diste, por apostar al talento, por amar nuestra música Venezolana, por tu entrega a Venezuela, que gran vacío dejas en esta industria que tanto amaste y en mi corazón…Vuela alto mi Mario amado, se que nuestro Señor te recibe con aplausos al son de cuatro, arpa y maracas… fue un honor conocerte y no sabes cuánto voy a extrañarte… vivirás en mi corazón y en el Venezuela para siempre! Mis oraciones y amor a toda tu familia, esposa e hijos… Amigo amado, siempre te recordaré”, escribió Lila Morillo al conocer la noticia.Mario Suárez cantó y enseñó a cantar, orientó carreras musicales en una época en la que no existían más recursos que convencer al público con talento verdadero, puro, sin trucos.Su tránsito vital le regaló al siglo XX venezolano el mejor momento de su folclor, su redescubrimiento y el despertar de un movimiento que elevó la canción criolla a los más importantes escenarios del mundo.Pero Mario Suárez era, además de un riguroso del canto, un hombre con vocación para la promoción del talento que encontraba a su paso. Él mismo recuerda en una entrevista con el periodista Eduardo Fernández una de tantas anécdotas que lo definían desprovisto de toda vanidad por el reconocimiento. No le hacía falta. Su peso específico no fue otro que el de un grande de la música, fue la figura venezolana de los años 40, 50, 60,70… vivía en la cumbre, con los mejores.“Chelique Sarabia me dijo un día: Mario, te tengo un tema, Ansiedad. Le dije. Dáselo a Rafael Montaño, hay que ayudarlo, y Rafael se consagró con ese temazo.También me pasó con Simón y Caballo Viejo, no le hice caso a Simón y allí está el caballito, dándole la vuelta al mundo. Bueno, fue para Mirtha Pérez, la primera que lo grabó. Estos recuerdos me contentan”, contó.Varias generaciones de venezolanos siguieron su carrera, compraron sus discos en todos los formatos. Su imagen con liqui-liqui elevó el amor por lo nacional, por los versos populares.Temas como: La Potra Zaina, Moliendo café, Romance en el Morichal, Toy contento, Sinfonía en el Palmar, Campesina, El pájaro chogüí, Ensoñación, Sabaneando, Maracaibo en la noche, entre otras, constituyen su patrimonio musical y el del país .Mario Enrique Quintero Suárez nació el 19 de enero de 1926 y desde niño mostró cualidades únicas como intérprete.Pudo recordar como un momento luminoso de sus primeros recuerdos, al mismísimo Carlos Gardel tocando su cabello y diciéndole a su padre; ¿Este pibe es tuyo?, cuidalo, cuidalo”.Era 1935 en una Maracaibo impactada por aquella visita casi fantástica que no solo marcó a miles, sino que inspiró a aquel niño para toda la vida. Mario vivió en la pobreza, pero muy joven inquieto por el canto, se fue a Caracas, donde fue buhonero, ciclista y hasta sastre. No perdió la fe en su potencial. Fue escuchado y apoyado por el tenor mexicano Pedro Vargas, para entonces un icono de la música Latinoamericana. La radio en vivo era el tribunal y allí demostraba su don. Con Juan Vicente Torrealba grabó pasajes y tonadas llaneras, lo que proporcionó un gran impulso a la difusión de la música tradicional del llano venezolano. Fue el padrino de muchos cantantes, un maestro que dejó huella.
