Marcel Marceau, probablemente el mejor artista de pantomima de todos los tiempos, hubiese llegado a sus 96 años este pasado viernes 22 de marzo, pero su vida más que una honra al teatro es un ejemplo para las futuras generaciones.
Nació en el año 1923 y creció en Strasburgo, cerca de la frontera francesa con Alemania. Su padre, Charles Mangel, era un carnicero kosher y un cantante amateur. Su madre era la ex Ann Wezberg. A los siete años Marceau quedó cautivado por Charles Chaplin y comenzó a intentar imitar sus movimientos.
Durante la Segunda Guerra Mundial su padre fue deportado a Auschwitz, donde falleció, pero Marceau, su madre y su hermano sobrevivieron. Ambos hermanos se unieron a la Resistencia Francesa, donde asumieron falsas identidades y tomaron el apellido “Marceau”, en honor a Francois Severin Marceau-Desgraviers, un general de las fuerzas antimonárquicas de Revolución Francesa.
Una de sus tareas era llevar a niños judíos a través de los Alpes a Suiza, o al sur, hacia España, para evitar ser arrestados por los alemanes. Luego dijo que usó sus habilidades con la pantomima para mantener a los niños en silencio durante los momentos más peligrosos.
