Una puerta más que cerrada, sellada. Tapiada por las convenciones sociales y encriptada por el miedo de las familias al rechazo social cuando les nace un niño con dos genitales. Esa es la puerta que Patricia Ortega, realizadora de cine, va a abrir de par en par cuando estrene su filme Yo, Imposible.
Siempre en la búsqueda de historias que nadie quiere contar, la zuliana que plasmó parte de la masacre de wayuu en el poblado colombiano de Bahía Portete y cómo los niños de esa etnia se enfrentan a los peligros de la calle en el centro de Maracaibo, terminó en diciembre las filmaciones de su nueva película, esta vez, rodada en el centro de Mérida y en los poblados La Mucuy y La Trampa de esa región. Actualmente está en postproducción. “Se trata de la historia de una chica llamada Ariel que descubre que nació intersexual y que cuando era niña fue sometida a varias cirugías de ‘normalización’ y cómo ella al conocer esa verdad se enfrenta a su madre, a sí misma y al desafío de quedarse como está o cambiar. Si la película transcurría en un pueblo, la carga conservadora y religiosa era más fuerte. Por eso me fui a Mérida, que es una ciudad rica en locaciones, es cerca de Maracaibo, y tiene la Escuela de Cine, donde tuve apoyo”.
Es inevitable pensar la razón por la que la realizadora llegó a una temática tan dura, y ella arguye: “Fue por un proceso personal, porque como feminista que soy he reflexionado que en cuanto a género somos todavía muy ortodoxos. Me comencé a conseguir estas historias y vi que esta sociedad lo que hace con los intersexuales es operarlos, sin que ellos tengan la oportunidad de decidir cómo se sienten”. “Los padres también son presionados por la sociedad y los médicos a decidir por qué género van a ‘modificar’ a sus hijos. Eso me conmovió mucho, porque muchos se dan cuenta de lo que son en la adultez, cuando ya no pueden hacer nada con un cuerpo que no desean. Sé que mi película es incómoda, pero es muy conciliadora”. A diferencia de El Regreso, esta nueva película es más pequeña en cuanto a personajes, personal, producción y puesta en escena. “Somos un equipo de 25 personas, cuando en El Regreso éramos 60 —detalló Ortega—. Fueron seis semanas de rodaje. Es una película intimista y de pocos personajes. Tenemos una coproducción con la productora Antorcha Films de Colombia. Por eso, la protagonista es la actriz colombiana Lucía Bedoya, al igual que la actriz María Elena Duque, que interpreta a la mamá de Ariel, y también Mateo Guzmán, el encargado de la fotografía. La postproducción también es en Cali, Colombia”.
