La oscuridad frecuentemente abierta con el filo de la luz y la presencia de personaje oculto bajo un velo, asexuado y husmeador, instala en la obra reciente de la artista zuliana Carolina Pirela el aura de misterio en sus lienzos. Así se aprecia en su nueva propuesta artística, su primera individual llamada Telón de boca, que expone en la Galería de Arte Florida, en Caracas, donde permanecerá abierta hasta el 28 de junio, dispuesta a la cotemplación de todo público de lunes a viernes de 9:00 am hasta el mediodía. Curada por el crítico de arte Carlos Maldonado-Bourgoin, miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte Aica, Capítulo Venezuela, y Enrique Viloria Vera, escritor y poeta venezolano. “El título de la muestra está inspirado en la obra homónima de Juan Goytisolo (Premio Miguel de Cervantes 2014), que se refiere al telón que se abre a los ojos del espectador para motivarlo y para conmoverlo”, explica Maldonado-Bourgoin. Se trata de una narración autobiográfica, a decir de la misma artista marabina que es arquitecta y licenciada en artes plásticas, puesto que sus pinturas revelan vivencias recientes, que la llevaron a plantearse reflexiones generadas tras padecer un tumor cancerígeno en la zona frontal izquierda del cerebro, situación milagrosamente ya superada y asumida como un compromiso espiritual de apoyar a los enfermos de cáncer como una inquietud interna. “La exposición esta estrechamente relacionada con esa inspiradora situación de salud, pero no fue la enfermedad el vehículo que me llevó a la expresión plástica —aclaró—. Yo he pintado desde niña, solo que ahora pude reunir por primera vez una serie de obras para concretar esta primera individual”. Carlos Maldonado-Bourgoin describe que en la pintura de Carolina Pirela hay una lucha antagónica entre las realizaciones, las añoranzas, las renuncias y las carencias, soportados y trascendidos por su inquebrantable voluntad, esperanza y fe. “Su obra puede ser definida como biográfica —insistió el curador—, del mismo modo puede ser apoyada en valores culturales universales”.

“La obra precedente de Carolina Pirela -explica Maldonado- había sido definida de  fresca, insolente y lúdica. Ella provenía de la formación académica, la investigación y la experimentación, de lo efímero y azaroso del hacer en el taller, del jugar y del crear formas, líneas, texturas y colores. Poco interesaba a la autora la catalogación a su trabajo porque lo suyo era crear siempre crear y sorprender. Y lo logró con creces. Hoy, en Carolina Pirela encontramos a la artista madura, sincera y honesta consigo misma, con crecimiento de conciencia que testimonia un paréntesis superado de su vida. En su actual obra maneja un discurso de tonalidad dramática con ciertas claves de humor negro. En ese hacer, en la ocupación antes que la preocupación, en la convivencia antes que el aislamiento, ella se re-encuentra, se acepta, se reconoce psíquica y corporalmente para elevarse”.

“Durante el proceso del trabajo, hay una lectura y una aproximación al desarrollo  integral de la persona y de la artista. Carolina Pirela fue llevando un registro de los estados anímicos, fisiológicos y espirituales, compañados de su formación plástica e investigación, cuya experiencia ella misma califica de bendición por haberlos podido seguir y por haberlos podido plasmar con acierto y propiedad”.