Su alma grita como un delfín en agonía justo cuando llega a los 50 años, o el medio cupón, como dicen. Karina sabe precisamente cómo duele comprender, cómo duele sonreír, en una etapa que pone a prueba sus emociones. No en vano, tiene justo lo que rodea a un artista: éxito, drama, dolor, una separación y hasta un hijo transgénero. Los requisitos indispensables en una telenovela de Alberto Gómez. Y es que ella es como la Gilda Barreto de la música; le ha pasado de todo.
Los 80 no hubiesen sido los mismos sin ella, sin sus lentejuelas, sin sus canciones, sin su autenticidad y sin esa melodía que sigue sonando en cada recuerdo, en cada despecho, en cada viejo disco de acetato que quién sabe cuántos seguidores guardan como el más preciado tesoro.
Karina cumple sus cinco décadas atrapada en un pequeño cuerpo que se hace gigante en cualquier escenario. Las generaciones pasaron y su voz sigue en la radio o en cualquier niña de ocho años que se atreve a cantar ¿A quién? Porque más allá de Soy Luna, en Latinoamérica, ella sigue presente. Sigue presente en las hijas o nietas de sus fanáticas que sin saber mucho de su historia la mantienen vigente con sus letras.
Desde Ciudad de México, donde estuvo para ofrecer un par de conciertos, la diva del cabello alborotado habla de lo que ha sido su vida, estos años tan difíciles y de cómo se alista para una nueva etapa en la que el tema de las arrugas y las canas se hará más recurrente.
— Las mujeres viven un eterno drama con eso de la edad. ¿Qué pasa por su mente al saber que ya llega a los 50 años?— Hay un coctel de emociones; sin duda ese número temerario, terrible, suena muy grande y puedo pensar que me estoy poniendo vieja, finalmente. Pero simultáneamente hay una sensación de certeza y de relax, ¿por qué? Porque hay mucha seguridad de los que tú eres, de lo que puedes hacer, incluso de tu mismo cuerpo. Ya no hay esa inquietud de estar perfecta o querer serlo. Yo me he relajado mucho respecto a eso. Hay un nivel de aceptación que nunca tuve. Y a pesar de que voy a comenzar una etapa más adulta, siento que todavía hay un pedazo productivo de mi vida que voy a aprovechar como nunca lo aproveché.
— ¿Se ha puesto a pensar en todo lo que ha vivido y en lo que le falta?— Bueno, yo realmente no visito mucho el pasado; nunca he sido de recordar. Porque en mi caso particular, los últimos años han sido terribles, muy duros, de muchas pérdidas, entonces me abrazo un poco más a lo que viene, a las posibilidades, a los nuevos comienzos y a esta nueva etapa. Ahora sé que hay menos de tiempo y eso me crea cierta conciencia, muy importante, por cierto. Ahorita quiero concentrarme más en la oportunidad, que en la melancolía de haber llegado a los 50 como si fueran el final. Pues no, este es el comienzo de una etapa interesante, un poco más limitada, tal vez. Quiero optimizar, porque por ejemplo, dos de mis hermanos murieron muy cerca a esta edad, en sus primeros años de los cincuenta. Y eso para mí es como un llamado de atención.
— Ciertamente estos últimos años han sido como un huracán en su vida, ¿cómo hace para digerirlo todo a la vez?— Estoy en eso. Todavía no he digerido todo; hay cosas que se me hacen surreales. En un período de tres años perdí a mi padre, que se fue con Alzheimer. Era muy joven, tenía 59 años cuando comenzó la enfermedad, y murió casi 10 años después. Era físicamente un tipo con buen perfil, parecía de 50. Luego, al año y pico se fue mi hermana, por un cáncer en el pulmón, fue una agonía de 15 meses. O sea, mi papá se murió y a los tres meses le diagnosticaron a mi hermana el cáncer. Y después, hace cuatro meses, se fue mi mamá. Todo esto se aderezó con lo de mi hijo y lo más reciente es la separación de mi esposo, Marcello. Batallo mucho y trato de estar muy ocupada en lo que yo hago, intento llenar mis días para poder continuar, y esa es la clave de todo esto. Si uno deja de pedalear, se cae de la bicicleta. Tengo una coach maracucha que me está ayudando a seguir avanzando y a entender que hay cosas que finalmente no puedo cambiar.
— Divorciarse en la plenitud de los 20 o de los 30, no debe ser igual que a los 50…— Claro que no, pues a esta edad ya uno cree que estás con el definitivo. La verdad es que yo le di la patada a la mesa casi que al momento de perder a mi madre. Una semana después de su muerte me dio esa locura, sin embargo ya llevábamos tiempo intentado resolver diferentes cosas que no resultaban, y al contrario, yo siento que ahorita es que sé lo que quiero exactamente. Sé que tengo tiempo para rehacer mi vida, sin embargo no sé si hay una posibilidad de reconciliación. No lo he descartado porque nosotros recién estamos separados, no nos hemos divorciado. Yo tengo la mejor disposición. Si las cosas no cambian, pues bueno, continúo mi camino. Ahorita estoy concentrada en mí, tengo que sanar, tengo muchos muertos encima, tengo mucho duelo encima, y debo trabajar en mí. No puedo responsabilizar a nadie por mi felicidad. Las cosas entre él y yo no estaban bien, hacía mucho que no estaban bien, yo no estaba satisfecha y bueno, a la edad que sea, da igual. Ahora pienso que si a lo mejor lo hubiese hecho antes, tendría más fuerza. Pero en fin, a lo hecho pecho. ¿Qué más voy a hacer? Ya di ese paso.
— Sin embargo, se le ve muy optimista en las redes sociales, bromeando, cantando, echando chistes…¿Es una mujer feliz? — Ehhh, bueno… (pausa). ¡No! Claro que no, pero estoy en la búsqueda constante de la felicidad y quiero que la gente vea en mí una parte de luz. Porque todos somos luz y oscuridad. Yo también soy oscuridad, y tengo vulnerabilidades que he compartido últimamente porque eso también lo debe aprender la gente, a ser vulnerable. No tengo problema en aceptar que hoy estoy jodida. Ya mañana estaré mejor. Por ejemplo, ayer tuve un día muy malo y tengo que vivirlo también. Yo no le vendo a nadie el concepto de la felicidad y mucho menos el mío porque me está costando mucho. Pero no voy a desistir, ni por la edad, ni por mi estado civil, ni por mi peso, nada de eso. Eso es absolutamente irrelevante. En lo que sí tengo que trabajar es en lo que viene, en lo de adentro. Porque todo está ahí. A veces vemos a una gorda que creemos horrenda con un tipo hermoso y el secreto es que ella tiene actitud, cree que se la está comiendo. Uno tiene que encontrar la paz, esa que es tan difícil.
— ¿Qué es lo más duro de este momento?-Me costó mucho estar sola, después de estar cuidando a todo el mundo. Mi hija ya se fue de la casa, ya casi no la veo. A mi hijo lo tengo que repartir con mi futuro exmarido. Es muy duro estar en mi casa sola, además porque es gigante y se me ha hecho triplemente más grande. Lo que estoy pasando no es fácil.
— ¿Y cómo drena toda esta carga?-Con la música. Ella es mi hogar, es mi centro, es mi todo, mi bastión, mi salvación, eso y Dios es lo único constante en mi vida. La música es sanadora, es un amor infinito, algo que me nace del alma, sino no hubiese podido con todo esto, porque además la carrera me regala viajes, gente, distracción. Aparte me ayuda a regar ese ego que ciertas personas quieren destruir.
— Es que mucha gente piensa que al llegar a cierta edad el tren ya pasó… ¿Usted se veía cantando a los 50 años?— Yo realmente estoy en esto de manera accidental y se convirtió en mi gran revelación de vida. Me pasan tantas cosas que no me da tiempo de hacer proyección, siempre tengo actitud de ver lo que va a pasar, pero no tengo la capacidad de planificarme porque siempre me pasan cosas diferentes, entonces todo lo que hago lo hago a muy corto plazo porque siempre me pasa algo a la mitad. Desde pequeña.
— ¿Qué se plantea a esta edad? — Quiero hacer un par de viajes sola, quiero seguir produciendo porque yo necesito siempre estar muy activa. Incluso, a nivel económico, debo echar pa’ alante sola, cosa que no es muy diferente a antes porque yo he tenido una carrera fructífera en ese aspecto. Pero sí quiero ocuparme de mí, hacer más yoga, dedicarme tiempo. Por ejemplo, nunca hice cine y ahora quiero buscar un proyecto de cine que me guste.
— Son muchas vivencias. ¿No ha pensado en escribir un libro?— (Risas). Cuando cierre mi proceso de recuperación creo que voy a poder hacer las canciones, los libros y todo eso, porque siento que ahorita estoy muy sensible a todo. A ver, todo me duele mucho o me frustra, o tengo arrecheras, rabias. Y yo creo que el dolor debe ser puro, no debe ir pegado de la frustración, tiene que ser solo. Todas las emociones deben ser depuradas. Yo ahorita tengo una mezcla de mil cosas, mucha confusión, porque es un momento muy raro. Fíjate que yo siempre sé lo que quiero hacer para mi cumpleaños, y este año no estoy segura. No sé si me quiero ir en un crucero, no sé si quiero hacer una fiesta pa’ reventarme hasta el final. Todavía estoy pensando, porque ha sido mucho. Ando muy revuelta.
— Pero por ahí se dice que hará un gran espectáculo…— Sí, se llama Celebration, y está concebido para festejar todo, mi edad, mi carrera, mis éxitos, mi vida. O sea, quiero decirle a la gente: ‘Cumplo 50 años y todavía estoy aquí, todavía sigo cantando’. No cualquiera puede decir eso, sobre todo por el significado que le doy yo a la vida en estos momentos. Este show será en Miami, el 1 de diciembre, quiero cantar todo lo que he hecho.
— ¿Hay por ahí cierto miedo a las canas, las arrugas?—Para nada, las vivo con dignidad. De hecho, hace poco me aplique botox por primera vez y creía que me iba a desmayar, no del dolor, sino de la sensación de que me iba a cambiar la cara y el tipo me echó tan poquito que yo estaba detrás de mi hija diciéndole: ‘¿Me ves algo, se me nota algo?… Es que yo me quiero parecer a mí, quiero que la gente siempre me vea a mí, como soy, es muy importante.