Foto: AP
El historiador francés y mexicano honorario Jean Meyer fue agasajado el martes en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara con una mezcla perfecta entre el pasado universal, el pasado de México y sus propias memorias.
«Los homenajes tienen una desventaja, y es que llegan con la edad», dijo Meyer al agradecer al grupo de ponentes reunidos para exaltar su contribución a la historiografía.
«Es muy triste llegar a viejo, pero es más triste no llegar», dijo Meyer citando al investigador mexicano José Ramírez Flores.
El viernes Meyer recibirá un doctorado honoris causa otorgado por la Universidad de Guadalajara, organizadora del homenaje en la FIL.
Meyer (Niza, 1942) llegó a México en la década de 1960 para investigar el levantamiento de los Cristeros ocurrido 40 años antes, un conflicto armado originado por la prohibición de las autoridades mexicanas para que los fieles católicos realizaran cualquier tipo de actividad religiosa que interviniera con actos civiles, como bodas, bautizos o entierros.
Desconocía además la autoridad jurídica de la Iglesia Católica para la adquisición y administración de propiedades, o para impartir enseñanza religiosa. El conflicto es conocido también como Guerra de los Cristeros o la Cristiada, como se titula el libro representativo de Meyer sobre el tema.
«La palabra Cristiada no existe en el diccionario de la Real Academia Española», dijo Meyer. «La palabra cristiada ha sido impuesta por la vox populi».
Meyer ha investigado sobre la historia agraria y la Revolución de México, pero también de Rusia, el siglo XVII e incluso del antisemitismo europeo.
En el homenaje, organizado a manera de ponencias con temática libre, también participaron el autor David Miklos, el historiador César Moheno, el historiador Aristarco Regalado, la editora Verónica Flores, el autor Adolfo Castañón, la historiadora Clara García, el historiador Juan González y de manera remota el historiador Mauricio Tenorio.
Todos dijeron que Meyer les pidió expresamente que no hablaran de él durante su participación, pero varios rompieron la regla.
«En las páginas de Jean Meyer existe una permanente e inédita forma de encender las locomotoras del pensamiento, leyendo sus historias se intensifica el sentimiento de estar vivo», dijo Moheno.