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Honor al ingeniero del patrimonio zuliano: Leon Achiel Jerome Hoet

Honor al ingeniero del patrimonio zuliano: Leon Achiel Jerome Hoet

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Autor: PANORAMA Online

 El ingenio, la influencia visual europea y el trabajo incansable hizo que el belga Leon Achiel Jerome Hoet, en solo nueve años, construyera las edificaciones de mayor valor patrimonial de Maracaibo. Un legado de cuatro monumentos nacionales para la región, y hoy, tras cumplir 80 años de la remodelación del Teatro Baralt, se le otorgará un reconocimiento postmortem.

 

 

 

Es la orden Rafael María Baralt a las Artes Escénicas en su V Edición y en la categoría excepcional, lo que esta noche, a las 7:00, representantes del Teatro Baralt le concederán a Franklin Hoet, hijo menor del constructor del patrimonio zuliano. La entrega será en el acto central del 129 aniversario del Baralt.

A propósito de este evento, Franklin, el último de los cuatro hijos que Leon Hoet tuvo con la trujillana María Eudocia Linares, habló con PANORAMA del lado humano de su padre, menos conocido por los zulianos que heredaron construcciones de suma importancia arquitectónica e histórica, como la remodelación de la Basílica, el Museo Urdaneta, el Mercado Principal, hoy Centro de Arte Lía Bermúdez, y el Teatro Baralt, que son cuatro monumentos nacionales, además del Hospital de Niños de Veritas, el Paseo Colón y otras edificaciones de valor patrimonial.

“Se le atribuye la construcción del hotel Granada pero eso nunca lo he podido determinar”, reconoció el hijo. Todo lo que hizo fue durante el mandato del presidente Vicencio Pérez Soto, quien gobernó entre 1926 y 1935, y tras su admiración por el trabajo de Hoet se hicieron compadres. Soto bautizó a la primera hija del belga.

“Mi papá nació en Amberes, Bélgica en 1892 y murió en enero de 1944. Su primera profesión fue la de agrimensor, título que obtuvo en su país natal a los 14 años. Estuvo en el Ejército y se fue de su país antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial. Emigró a Estados Unidos y allí se graduó de ingeniero civil, y también hizo estudios de arquitectura, pero no he podido determinar si se graduó. Allá lo contrató la Caribbeam Oil Company, y se lo llevó a Mene Grande”.

“Allí, durante cada fin de semana libre —continuó Franklin— con su traje de lino blanco, corbatín y un casco de explorador africano, se montaba en una mula, atravesaba el río Motatán y visitaba los pueblos andinos. Y por andar de explorador fue ‘cazado’ por María Eudocia, hija de agricultores. Se casaron en Escuque y se fueron a vivir a Maracaibo, donde tuvieron cuatro hijos: Edmé Therese, periodista que luego de casada y haber tenido 12 hijos se hizo misionera ecuménica; Lenie Emperatriz es médico pediatra, Eduardo León es ingeniero agrónomo y yo, Franklin Teodoro, abogado internacionalista”. “Mi familia se fue a vivir un tiempo a Bélgica con la intención de que mis hermanos aprendieran varios idiomas, pero se regresaron huyendo de la Segunda Guerra Mundial y en 1943, nací yo, pero 11 meses después falleció mi papá de infarto. Lamentablemente no lo conocí. En esa época trabajaba en la construcción del aeropuerto Grano de Oro”, expresó Franklin, quien al igual que Lenie y Eduardo, son actualmente los hijos vivos de Hoet.

“Mis hermanos me cuentan que papá era muy amoroso. Acostumbraba a montarlos en su espalda como si fuera un caballito. Era ingenioso hasta en la casa, pues en la quinta que tenían en Grano de Oro sembraba legumbres y flores que cultivaba él mismo. Para ello fabricó un sistema de irrigación por gravedad, como los aljibes, que servía para regar y tomar agua para la casa”.

“Mi mamá llegó a aprender francés y a comprender el flamenco para entender el entorno en el que él se desenvolvía. Ella era el cerebro comercial y de las inversiones de la familia. Él nunca estuvo interesado en producir dinero, sino en dejar obras a la ciudad y cualquiera de sus trabajos poseía la garantía de ser llevada a buen término y que perduraría. Mucha gente desconoce que el vidrio y el acero, así como otros materiales con los que trabajaba los traía de Bélgica o de Inglaterra”. “Entre sus obras, su favorita era el Instituto Proinfancia porque tenía una misión social. Además le hizo una capilla llamada Santa Teresita de Jesús, a la que él y mi mamá eran muy devotos. Papá fue muy católico y con él se cumplió la palabra bíblica: Por sus obras lo conoceréis”.