Luis Fernández llevó al cine una versión de El pez que fuma que define como atrevida, libre e incluso irrespetuosa con el clásico de Román Chalbaud. La película, estrenada recientemente en Caracas, se aparta de la obra original para contar otra historia desde dentro y fuera de un rodaje.

Fernández conoció a Mimí Lazo en 1995, durante uno de los montajes teatrales de la pieza, y ahora la actriz vuelve a ese universo, pero desde una lectura distinta. En esta versión, ella se interpreta a sí misma como una actriz que encarnará a La Garza en la filmación de una nueva adaptación.

Una versión que no busca respetar el molde

Fernández retuerce El pez que fuma con una versión libre

El cineasta explicó que su propuesta nace de una decisión deliberada de apartarse de la fidelidad. “Es una versión bastante irreverente”, dijo, al advertir que los puristas y los nostálgicos podrían sentirse ofendidos por el resultado. Según su visión, el objetivo fue ir más allá del largometraje de 1977 y trastocarlo en función de otra historia.

También recordó que la idea surgió como una propuesta de Mimí Lazo, con quien habló del proyecto desde 2018. Fernández aseguró que compraron los derechos y que el proceso tomó años, en parte porque Román Chalbaud enfermó antes de poder acompañar más de cerca el desarrollo de la película.

El realizador describió el filme como una carta de amor a Chalbaud y al cine venezolano que lo marcó desde joven. “Yo estudié cine en 2008”, señaló, al explicar que tardó años en animarse a dirigir una obra propia de gran escala.

La mirada puesta en las mujeres y en el petróleo

Fernández retuerce El pez que fuma con una versión libre

Fernández sostuvo que su lectura está más enfocada en La Garza y en la relación de ese personaje con las otras mujeres del burdel. En contraste, dijo que en la versión de Chalbaud el eje estaba atravesado por otros personajes masculinos.

“Está enfocada específicamente en La Garza y en la comunicación que tiene La Garza con las otras mujeres del burdel”, afirmó. Añadió que, en su visión, el hombre aparece como un elemento secundario, “girando alrededor del poder real que es la mujer en Venezuela”.

Más allá de los personajes, dijo que la película admite varias capas de lectura, entre ellas la del petróleo. Para él, ese recurso ha marcado el destino del país “para bien y para mal”, y recordó que en 1976 la industria estaba en proceso de nacionalización, mientras que ahora, medio siglo después, atraviesa otro momento de transformación.

Fernández retuerce El pez que fuma con una versión libre

Una ópera prima que ya pasó por salas y festivales

La cinta quedó seleccionada para un festival clase A de la Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos, aunque Fernández todavía no reveló cuál. Además, figura entre 19 largometrajes que aspiran a una nominación a los premios Goya como Mejor película iberoamericana.

Antes de esa ruta, tuvo un estreno técnico de una semana en el Trasnocho Cultural, requisito para optar al Oscar, aunque la película postulada por Venezuela fue La muerte no tiene dueño de Jorge Thielen Armand. Después, la obra tuvo su premiere en el Centro Cultural Chacao.

Fernández insistió en que no busca dar respuestas cerradas con su película, sino abrir preguntas. También dijo que, más allá del cine, el teatro vive un momento en el que el público reclama volver a las salas y plantea un reto para quienes producen temporadas largas.