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‘Fences’, un drama teatral llevado a la gran pantalla

Con cuatro nominaciones se presenta ‘Fences’, dirigida y protagonizada por la leyenda que es Denzel Washington, tercer largometraje que dirige y su cuarta vez detrás de las cámaras si contamos su pasantía por Greys Anatomy.

‘Fences’ es la adaptación al cine de la obra de teatro homónima de August Wilson. En ella se narra la historia de Troy, un afroamericano en lucha frente a las desigualdades raciales en los años cincuenta. Lo que empieza como una especie de publicidad pro-afroamericana, se va convirtiendo en una historia íntima de un hombre que debe enfrentarse a sí mismo, a conflictos cotidianos con los que cualquiera puede verse reflejado, pero vistos desde la óptica del personaje principal.

Siendo una adaptación de una obra teatral, el máximo atractivo de la cinta son sus largas escenas de diálogo, siendo esta también su debilidad. Se hacen tediosas, de nunca acabar, especialmente al comienzo la película con casi media hora de habladuría de Troy, personaje interpretado por Washington, donde es difícil mantener el ritmo. Sin embargo, todo esto al final construye al personaje y se justifica.

Resalta Viola Davis en el personaje de Rose, esposa de Troy. Construye el personaje a medida que avanza el metraje, desgranándolo poco a poco hasta llegar cerca del final, donde Davis explota y demuestra la capacidad que tiene de dominar la pantalla. Ha sido la gran ganadora en esta temporada de premios y no sería sorpresa obtenga su primer Oscar, desde hace rato lo tiene merecido.

Denzel Washington está excelente, tanto en actuación como en dirección. Su Troy nos inunda de emociones, ya cuando conocemos el personaje nos dejamos llevar con su historia y justificamos cualquier acción. Difícil que resulte ganador la noche del 26 de febrero (Casey Affleck en ‘Manchester by the sea’ tuvo la mejor actuación del año por mucho) pero hay una pequeña posibilidad, es uno de los consentidos por la Academia.

Como director, Washington hace un buen trabajo pero no emula la grandeza de algunos de sus colegas como Mel Gibson o Clint Eastwood, quienes han conseguido el éxito destacándose en ambas facetas. 

La fotografía es casi irreal, preciosa, reforzada con una dirección de arte cuidada hasta el último detalle. La banda sonora no resalta pero es efectiva, brindando un toque de emoción al drama a lo largo de la película.

No es una cinta para el público convencional ya que su manejo es casi teatral, escenas largas y muy poca acción, todo se basa en la interacción de los personajes. Recomendada para personas que disfruten los dramas y para todo aquel que quiera descubrir la magnífica pieza de August Wilson. Las actuaciones, sobre todo la de Davis, hacen que las más de dos horas de duración valgan la pena.

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