Espectáculos

En el Día Mundial de la poesía, recordamos algunos de los poemas más famosos

La poesía es una manifestación de la diversidad en el diálogo, de la libre circulación de las ideas por medio de la palabra, de la creatividad y de la innovación. La poesía contribuye a la diversidad creativa al cuestionar de manera siempre renovada la forma en que usamos las palabras y las cosas, y nuestros modos de percibir e interpretar la realidad. Merced a sus asociaciones y metáforas y a su gramática singular, el lenguaje poético constituye, pues, otra faceta posible del diálogo entre las culturas.

La decisión de proclamar el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía fue aprobada por la UNESCO durante su 30º periodo de sesiones, que se celebró en París en 1999.

De acuerdo con la decisión de la UNESCO, el principal objetivo de esta acción es apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y dar la oportunidad a las lenguas amenazadas de ser un vehículo de comunicación artística en sus comunidades respectivas.

Por otra parte, este Día tiene como propósito promover la enseñanza de la poesía; fomentar la tradición oral de los recitales de poéticos; apoyar a las pequeñas editoriales; crear una imagen atractiva de la poesía en los medios de comunicación para que no se considere una forma anticuada de arte, sino una vía de expresión que permite a las comunidades transmitir sus valores y fueros más internos y reafirmarse en su identidad; y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones artísticas, como el teatro, la danza, la música y la pintura.

Pablo Neruda – Poema XX.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.”

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el ultimo dolor que ella me causa,y estos sean los últimos versos que yo le escribo.

Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) 

 

Federico García Lorca – Gacela de la terrible presencia.

Yo quiero que el agua se quede sin cauce.Yo quiero que el viento se quede sin valles.

Quiero que la noche se quede sin ojosy mi corazón sin la flor del oro.

Que los bueyes hablen con las grandes hojasy que la lombriz se muera de sombra.

Que brillen los dientes de la calaveray los amarillos inunden la seda.

Puedo ver el duelo de la noche heridaluchando enroscada con el mediodía.

Resisto un ocaso de verde venenoy los arcos rotos donde sufre el tiempo.

Pero no me enseñes tu limpio desnudocomo un negro cactus abierto en los juncos.

Déjame en un ansia de oscuros planetas,¡pero no me enseñes tu cintura fresca!

De Diván del Tamarit (1936)

 

 Antonio Machado – A un olmo seco

Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.

 ¡El olmo centenario en la colina que lame el Duero! Un musgo amarillento le mancha la corteza blanquecina al tronco carcomido y polvoriento.

  No será, cual los álamos cantores que guardan el camino y la ribera, habitado de pardos ruiseñores.

  Ejército de hormigas en hilera va trepando por él, y en sus entrañas urden sus telas grises las arañas.

  Antes que te derribe, olmo del Duero, con su hacha el leñador, y el carpintero te convierta en melena de campana, lanza de carro o yugo de carreta; antes que rojo en el hogar, mañana, ardas en alguna mísera caseta, al borde de un camino; antes que te descuaje un torbellino y tronche el soplo de las sierras blancas; antes que el río hasta la mar te empuje por valles y barrancas,  olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida. Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.

Alfonsina Stormi – Tú me quieres blanca

Tú me quieres alba,Me quieres de espumas,Me quieres de nácar.Que sea azucenaSobre todas, casta.De perfume tenue.Corola cerrada

Ni un rayo de lunaFiltrado me haya.Ni una margaritaSe diga mi hermana.Tú me quieres nívea,Tú me quieres blanca,Tú me quieres alba.

Tú que hubiste todasLas copas a mano,De frutos y mielesLos labios morados.Tú que en el banqueteCubierto de pámpanosDejaste las carnesFestejando a Baco.Tú que en los jardinesNegros del EngañoVestido de rojoCorriste al Estrago.

Tú que el esqueletoConservas intactoNo sé todavíaPor cuáles milagros,Me pretendes blanca(Dios te lo perdone),Me pretendes casta(Dios te lo perdone),¡Me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,Vete a la montaña;Límpiate la boca;Vive en las cabañas;Toca con las manosLa tierra mojada;Alimenta el cuerpoCon raíz amarga;Bebe de las rocas;Duerme sobre escarcha;Renueva tejidosCon salitre y agua;Habla con los pájarosY lévate al alba.Y cuando las carnesTe sean tornadas,Y cuando hayas puestoEn ellas el almaQue por las alcobasSe quedó enredada,Entonces, buen hombre,Preténdeme blanca,Preténdeme nívea,Preténdeme casta.

 

Lo que dejé por ti – Rafael Alberti

Dejé por ti mis bosques, mi perdida arboleda, mis perros desvelados, mis capitales años desterrados hasta casi el invierno de la vida.

Dejé un temblor, dejé una sacudida, un resplandor de fuegos no apagados, dejé mi sombra en los desesperados ojos sangrantes de la despedida.

Dejé palomas tristes junto a un río, caballos sobre el sol de las arenas, dejé de oler la mar, dejé de verte.

Dejé por ti todo lo que era mío. Dame tú, Roma, a cambio de mis penas, tanto como dejé para tenerte.

Lope de Vega – Qué tengo yo que mi amistad procuras

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,que a mi puerta cubierto de rocíopasas las noches del invierno escuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,si de mi ingratitud el hielo fríosecó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:«Alma, asómate agora a la ventana,verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,«Mañana le abriremos», respondía,para lo mismo responder mañana!

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