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El sepelio del poeta Ramón Palomares será hoy a las 3:30 de la tarde

El alma de pájaro  cansado de Ramón Palomares  mora, con  Polimnia, su madre, en los jardines de aquel Reino de Escuque que el mismo trazó con la candidez de su palabra.

Su esposa María Eugenia Chávez, con voz quebradiza,  precisó en el reloj las 10:15 de la noche como el momento de la despedida, en el Hospital del Seguro Social de Mérida, ciudad andina donde residía el vate, y donde es velado en la funeraria La Inmaculada, lugar en que  también será el sepelio hoy a las 3:30 de la tarde y le será conferida la Medalla del Libertador por parte del Gobierno nacional. 

“En diciembre pasado se le detectó una arritmia y desde entonces quedó padeciendo más de sus cardiopatías que se complicaron con sus problemas hepáticos, hasta que le dió un paro respiratorio”, contó la “eterna novia” que enamoró con poemas el “Viejo Lobo”, como era llamado por sus allegados, en especial por sus hermanos en el arte de crear universos con  palabras.

“Se marchó el  más grande de los poetas venezolanos”, expresó su pesar uno de esos hermanos, el poeta  Blas Perozo Naveda,  doctor en letras de La Sorbona.  

“El Catire” Enrique Hernández De Jesús, poeta y uno de los más cercanos estudiosos y difusores de la obra de Palomares se sumó a la afirmación de Perozo Naveda y arguyó: “No es el más grande porque sea mi amigo sino porque jamás quiso escribir ni como los franceses, ni como los españosles, sino que retrató a Venezuela con sus palabras. La palabra verdadera. Cuando los años pasen la gente se va a olvidar de la gente que le ha hecho daño al mundo,  pero la historia va a dejar testimonio de la literadura que deja Palomares,  un poeta de la lengua española, no solo de nuestro país”. 

“El Catire”, desde el funeral del también Premio Nacional de Literatura (1975), habló de los proyectos de publicación que quedaron en marcha: “Hay algunos poemas inéditos que tiene y hay que organizar para publicar. Pero aparte, yo tengo más de 80 fotografías escritas por él con las que pienso hacer un libro. También se está editando  un libro trilingue, en francés, inglés y español, de  una antología con poemas  inéditos, que se prepara para difundir para todo el Caribe”.

“Sin duda se trata de una de las voces más auténticas de la poesía latinoamericana, que vuelve al canto originario. Es una voz pura y a la vez universal”, quiso determinar José Gregorio Vásquez, jefe del Departamento de Literatura de la Universidad de Los Andes, casa de estudios que en el año 2001 le confirió el doctorado Honoris Causa a Palomares, junto con otros poetas venezolanos consagrados como Juan Sánchez Peláez y Rafael Cadenas.

En aquel momento el doctorado fue concedido por su obra y su participación, en 1963, en los  movimientos estéticos El Techo de la Ballena, el Grupo Sardio, así como su labor como editor de la revista Rayado sobre el techo.

De Sardio y El techo de la ballena solo queda vivo Edmundo Aray y con la voz atravesada por el llanto contenido reconoció: “Estoy totalmente apesadumbrado. Perdí un hermano. Desde los 17  años nos unió el amor a la palabra.  Un poeta mayor. El que más cerca estuvo de la voz popular y particularmente de los andinos. Nos queda su poesía, que es un latido permanente. Esta mañana me levanté para escribir sobre él y solo me vino a la cabeza que es  un manantial de transparencias. Así  lo evidencia  su poesía”. 

Un día antes de su hospitalización en el Seguro Social de Mérida, previo a su partida, “el señor de las flores” recibió en su residencia la visita de Tarek William Saab, poeta y defensor del pueblo, quien contó, compungido, que aún en sus últimas horas se mostró alegre. 

“Compartí con él horas antes que falleciera y a pesar de estar en cama, conversamos amenamente. Le ofrecí llevarlo a comer comida árabe y me dijo que prefería el menú mexicano. Yo  viví en Mérida en los años 80 y para todos los poetas jóvenes él era, y es todavía,  una especie de padre, por su conducta moral y su nobleza, además de la importancia de su poesía, que no se le debe reducir a un ámbito nacional. Obras como El reino, Paisano y Adiós Escuque son libros que demuestran su trascendencia universal”.   De la capacidad de Palomares para escribir, Luis Alberto Crespo, con la autoridad de ser también Premio Nacional de Literatura 2010 y 2012 dejó ver su admiración: “Basta con leer en voz alta un poema de Palomares para que nos volviéramos inocentes”. 

Esa tierna candidez en la palabra de Palomares fue explicada por él mismo en su última entrevista a PANORAMA, en el 2013.

“Son las voces de mi infancia —expuso—. De ahí deviene que mi relación con el idioma sean diferentes a las de otros poetas. Más que lector yo soy un oyente, y el orden de mi trabajo en poesía, está mucho en el sonido del habla de las gentes. También está reflejado en mi trabajo poético el inmenso amor que siento por Venezuela, por mi familia  y por mi pueblo”. 

“Tuvo  alas en cada uno de sus sentidos”, determinó Luis Alberto Crespo. 

Ciertamente, el hijo predilecto de Escuque con sus letras vuela sobre las colinas “cabeza de plata”, y envuelto en niebla roza los arroyos para escuchar el arrullo del torrente.

Desde siempre tuvo alas y fue “precioso pájaro”. No abandona el oro de sus plumas entre las nubes. No pierde su canto en el dominio de los truenos. Pasa más allá del cielo y se quedó preso en los astros.

 

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Ramón David Sánchez Palomares Nació en Escuque, estado Trujillo, el 7 de mayo de 1935. En el año 2006 fue el primer Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora y en 2010 ganó el Premio Iberoamericano de Literatura.

 

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