Espectáculos

El mundo fotográfico de Audio Cepeda

Audio Cepeda debe ser el único fotógrafo en la historia de la humanidad que ha capturado el viento. Obsesivo y disciplinado vive muy alejado de la teoría de James Joyce que dice “La irresponsabilidad es parte del placer del arte. Es la parte que las escuelas no saben reconocer”.

Plegado a su linaje artístico y a su criterio de hijo del medio, asegura que un día conoció a la fotografía y se quedó a vivir ahí para siempre, aquel tropiezo no le fue advenedizo, se considera “Zuliero” y tiene la fortuna de haber logrado hacer de este oficio lo que le dio la gana, sin la presión del contexto profesional y sin las premuras del horario. Azuza las sombras, de ellas, ha vivido hasta ahora.

Quizá ese amor al momento y al recuerdo, surgió de una de las 36 postales que conserva de su mamá, las mismas que usó su papá para enamorarla casi un siglo antes, de ellas mismas las circunstancias de afirmar:  de la imagen nace la palabra, o las palabras. La primera cámara de la que recuerda haber sido dueño, la obtuvo a los 25 años, la necesidad de erigir un oficio y su conciencia política lo condujeron a identificar falsamente a las personas a través de la imagen, su  Yashica, logró capturar momentos de la diáspora política de los años 60 y 70, así como las calles de Duaca, en el estado Lara,  cuando las responsabilidades empezaron a llegar en forma de hijos.

El mundo fotográfico de Audio Cepeda  

Esa misma cámara,  con un rollo de 120 y negativo de 6×6, le dio la curiosidad del químico y el revelado, aprendió esas lides sin escuelas y sin la anuencia del maestro inquisidor a su lado, dejó que esa libertad se viera reflejada (hasta hoy) en toda su obra. Así llegó a Maracaibo, años antes la familia había migrado completa desde su natal Santa Barbara en búsqueda de la alquimia para el corazón de su padre, “fue una mudanza traumática”, recuerda Cepeda en los contrastes del pueblo con el vahó del río Zulia, al salitre y la humedad del gran lago en la travesía de la piragua. Tanta ciudad le abrió el apetito y la oportunidad de trabajar en la revista ‘Respuesta’. “Me daba para vivir, podía llevar la comida, pagar el alquiler, mantener a mis dos hijos (Tania y Eduin) y al  amor de Nancy, su primera esposa”, narra.

Audio Cepeda se cree un hombre afortunado. A sus sesenta y tantos no ha tenido la necesidad de hacer fotografía de sociales, ni fiestas, ni bodas, ni nada que no tenga que ver con sus consideraciones y su visión del encuadre que ha podido edificar en los años a bordo de su oficio. “Siempre he hecho lo que quise hacer con la fotografía”.

Con ‘Tópico Maraven’ y Ars Moreno Valbuena aprendió a ver a Maracaibo desde lo más complejo, con un sentido crítico se inclinó a la cultura para no deambular en la flagrancia de ese   ‘vivir sin timón’, su disciplina cuenta con unos 800 retratos con sus pie de página, por su lente han desfilado desde Jesús Soto hasta Paco Hung, Lydda Franco y los que no ha podido contar, con todo y sus sombras y, hasta él mismo.

Audio aprendió un día a fotografiar los alimentos y pudo discernir entre cocinar para comer y también para fotografiarlos,  aprendió a maquillar la comida como si se tratara de un elemento de otra textura para el obturador, descubrió las sombras como el mejor de los aliados, hoy sabe hasta la temperatura de las mismas y su cauce natural sobre los techos de la ardientes ciudad de Maracaibo.

El mundo fotográfico de Audio Cepeda  

De sobra sabe que en esta urbe nada se puede fotografiar en el sol. “La fotografía es una gran mentira. La fotografía puede vender hasta realidades, todo el mundo ve lo que el fotógrafo quiere que el mundo vea, todo, es una aproximación de lo que es; también es un estado de ánimo. Una imagen nunca va a parecerse a una persona”, dice Audio y asegura que fotografía a la ciudad desde la comodidad de la sombra.

Él insiste en  fotografiar la misma ciudad que Pedro Villasmil captó en las primeras décadas del siglo pasado, “porque su Malecón es significante, todo lo que rodeó al casco central y la poca orilla que le han dejado al lago para el disfrute de sus habitantes”.

Solo que en aquel tiempo la ciudad y el mundo era más joven, hoy Audio Cepeda teme que los habitantes de Maracaibo no la vean ya, “porque están absortos mirando hacia adentro o sencillamente no ven nada, eso puede que sea más fácil”.

Él no hace retratos por encargo, no le gusta lo “fashion” y recuerda como percibió el centro, el casco central, sus Atlantes, que para él eran Sansones, como los llamaba su papá. Ha decidido salir poco de su casa porque Maracaibo no es la misma que él conoció. “La critica es afecto, no se puede criticar lo que no se quiere, porque sencillamente no nos interesa”.  

Hace algunos años Audio, mirando en el exhibidor de una librería vio y admiró un libro del fotógrafo francés Jean Loup Sieff; en la portada se mostraba una imagen de París hecha desde el interior de un café, era una hermosa composición fotográfica en blanco y negro que tiene como primer plano una pequeña mesa redonda con un cenicero, la lejana figura de un hombre que cruza la calle solitaria y al fondo una fila de edificios grises.

A pesar que el primer plano está bajo techo y por supuesto la intensidad de la luz es menos, el sujeto y la calle están completamente legibles. Audio nunca ha estado en París, pero al ver la fotografía y las que se muestran en el interior del libro, pudo comprobar que la luz es distinta a la de Maracaibo, “las sombras viven allá y aquí también, eso si no se puede cambiar”.

Desde entonces ha fotografiado la ciudad en todos sus aspectos, desde aquella que todos vemos en fotografías y postales, hasta la que anda en harapos. Todo lo ha hecho en el optimismo de un día ver una ciudad mejor.

Audio es un hombre de paciencia, es el hombre y su lente esperando la fotografía bajo las sombras, encuadra y espera, deja que la fotografía llegue, siempre aguarda lo necesario.  

El fotógrafo está seguro que hay un eslabón perdido entre el casco central y el resto de la ciudad. “La avenida Padilla es  fiel testigo de ello, hay una ruptura muy abrupta entre lo que hay antes de esta avenida y lo que está después. Nada concuerda”.

Sin embargo, afirma que por algún lado debe estar ese punto donde todo empezó. Asegura que su mejor momento fotográfico es que sigue vivo, y eso, le da la oportunidad de poder seguir indagando.

En su casa, junto con Leonor (su actual esposa) ve el correr de los días. Ha hecho una tregua con su vida, hoy no tiene apuro y lleva una cámara en un koala. Ya sus hijos pueden llamarlo por su nombre, y sus nietos también.

 

Síguenos

Comentarios

Inicia sesión para unirte a la conversación.

Cargando comentarios…

Más en Espectáculos