Parecería impensable una media hora de ovación. Pero sucedió. El público desbordó el espacio del Teatro Teresa Carreño en 1992 y no para ver a la compañía residente de ese templo de las artes escénicas venezolanas, sino al Ballet de Maracaibo. Una hazaña llena de amor por la más rigurosa y exacta de las disciplinas de la danza, la clásica. La compañía que hoy cumple 40 años, fue creada por el ingeniero serbio Dusan Gosic Gibon, y luego heredada por su hija Sasha, quien fue primera bailarina y junto con su esposo Nedo Vojkic, quien fue primera figura de la Ópera Nacional de Belgrado (ambos serbios), dieron continuidad a ese proyecto que no tiene ningún nombre europeo, sino el de la ciudad que aman: Maracaibo.
Sasha y Nedo Vojkic, fundadores.
Momentos de preparación para la gala del Ballet de Maracaibo.
“Lo mejor de estas cuatro décadas es haber trabajado con marabinos. Aquí la gente es buena, amistosa, alegre y muy talentosa. Eso es lo que me sostuvo aquí”, afirmó tajante el maestro Nedo, mientras fijaba el azul de sus ojos en los movimientos de su centenar de alumnas para llevarlas a la perfección requerida. Ellas conforman la Escuela de Ballet Classique, creada cinco años después que la compañía. Y ensayaban esta semana para la gala que de esta noche, a las 7:00, en el Teatro Bellas Artes de Maracaibo para celebrar los dos aniversarios. En la gala tendrán una participación especial los tres bailarines que quedan de esa compañía: Carmen Alicia Arocha, de 33 años y 27 en la escuela; Gustavo Urdaneta, de 44 años y 20 en la institución y Jesús Rangel, de 56 y 26 en esa academia.
Los ojos de Rangel se inundan de nostalgia cuando recuerda aquella ovación de 1992: “Para mí lo más grato de formar parte de esta escuela es haber bailado Carmen (que se bailó en tres funciones) en el Teresa Carreño, cuando por primera vez me vio bailando toda mi familia. Desde entonces todos me respetaron. Mi papá es andino y le decía a sus amigos: Mi hijo es bailarín”. Rangel cuenta que desde que quiso dedicarse a la danza admiró la calidad del Ballet Maracaibo y su perseverancia al lograr otra hazaña que se creía imposible, que fue el montaje de la obra completa Lago de los cisnes, y no en Caracas, sino en Maracaibo, en 1978. Gustavo Urdaneta atesora también en su memoria los tiempos en que pudo compartir escena con su maestra Sasha en la obra La Esclava. “Eso fue en la celebración de los 25 años del Ballet”. Urdaneta expresa que por falta de presupuesto los bailarines de la compañía no son remunerados. “Pero recibimos algo más valioso, que son los valores morales y sentimentales. Los maestros han sido nuestros padres”.
Bailarín Gustavo Urdaneta: “Los maestros han sido nuestros padres”.
Carmen Alicia se suma a ese parecer al asegurar: “Hemos sido muy privilegiados de tener a esos dos maestros dedicados completamente a cada uno de sus bailarines, como profesionales y como personas. El resultado es esta escuela que es uno de los mejores espacios de ensayo de toda Venezuela. También todos los bailarines egresados se han destacado en otros países, muchos de ellos son hoy las principales figuras del Ballet Teresa Carreño”.
El equipo se encuentra feliz por llegar a cuatro décadas de labor.
Con el entusiasmo vivo en el celeste de sus ojos, la maestra Sasha Vojkic reconoce que muchas personas del ballet se fueron. “Y tienen que hacerlo para poder vivir. Pero no perdemos las esperanzas en que eso cambie. Yo no me rindo y Nedo tampoco. Porque nuestra fe está en el desarrollo de nuevas generaciones. Una persona formada en arte es disciplinada, constante y muy sensible. Ese artista está formado para trasmitir esa dedicación que llevará al público a contagiarse de esos mismos sentimientos, a valorar lo sublime”.