Siguiendo el estilo de «Irreversible», que sacudió la Croisette en 2002, el argentino Gaspar Noé vuelve a llevar el escándalo al Festival del Cannes con «Clímax», sobre una fiesta privada que degenera en caos absoluto.
El sexto largometraje del director argentino afincado en Francia vuelve a llevar la marca de transgresión que define su obra.
Seleccionada en la Quincena de Realizadores, la cinta propone una experiencia sensorial con juegos de cámara acrobáticos, luces cegadoras y una música ininterrumpida.
Los personajes del filme, un grupo de bailarines profesionales de un espectáculo, se encuentran en una fiesta donde todos los excesos están permitidos, hasta llegar a la histeria colectiva.
