El pique surgió hace tres años cuando en el programa Portada’s, Osmariel Villalobos, dijo que no le parecía correcto que Diosa Canales se desnudara a cada rato en las redes sociales. Desde entonces la vedette quedó marcada; nunca superó el episodio. Y aunque trataron de hacer las paces en noviembre, parece que el abrazo que se dieron en la transmisión fue como el de las telenovelas: de mentira.
Luego, no se hicieron esperar los insultos de la bomba sexy, pues cada vez que podía atacaba a la animadora zuliana. En programas de TV y en Instagram la “rayaba”. Lo último fue vincularla con “El Potro” Álvarez. Diosa insistía en que Villalobos era su mujer y que por eso él no la apoyó en el reciente lanzamiento de su disco. Por lo menos así lo hizo ver en “Sábado en la noche”, a pocas horas de protagonizar una de las golpisas más famosas de la década. Dicen que las últimas artistas en caerse a “piña” fueron Chony Fuentes y María Conchita Alonso en los 80.
Ni el video de Érika Schwarzgruber tuvo tanto eco como la “pelea de gatas”, entre Diosa Canales y Osmariel Villalobos la noche del viernes. La tarde del sábado los celulares por poco colapsaban. Solo había un tema en común: la “agarrada” que se dieron estas dos figuras públicas en el baño de un gimnasio caraqueño. “¿Viste cómo dejaron a Osmariel?”, fue la pregunta que se repetíapor WhatsApp. El morbo estalló cuando la animadora de “Portada’s” colgó la imagen más esperada; ella toda rasguñada y golpeada por la vedette.
La intérprete de “La tanga” se defendió y como “mansa paloma” dijo en el programa Sábado en la noche que Villalobos fue quien la provocó, pues ella siempre ha estado “en contra de la violencia”. Así lo hizo saber: “ella mesacó de control, se me vino encima una mujer tan grande y yo tengo que defenderme. Yo no soy tan showsera para ir a una clínica, ni nada, para eso existen los médicos forenses, para presentar mi informe y la denuncia que yo hice. Yo me le acerque y ella se vino en contra de mí y yo reacciones. Debo pedir disculpas a la gente del gimnasio, dicen que uno debe poner la otra mejilla, pero era imposible. Ella me vio chiquita y me dijo; aquí la malogro, yo respondí como se defendería cualquier mujer”.
