El centro de Maracaibo es testigo de cómo el teatro Rubino se arma y desarma en poco tiempo. El equipo artístico del Teatro Esencial lo disfruta. Es una agrupación cultural sin fines de lucro que dedica el 100% de su tiempo a proyectar producciones escénicas a todo aquél que se acerque al escenario.
El telón sube y baja con los aplausos de aquellos que por primera vez se sientan frente a un teatro. Comprometido con las calles de la ciudad, ‘el Rubino’ ha brindado mediante su teatro una bocanada de aire al ajetreado centro de la ciudad. Su labor comenzó el 10 de junio de 2012.
Momentos en que la agrupación arma su sede.
En una jornada de tres días, comenzando el 27 de marzo, día Mundial del Teatro, se presentará la agrupación Teatro Esencial y otras agrupaciones en la sede de sus fieles colaboradores, la Casa de los Títeres Arepa y Cacao, ubicada al lado de la iglesia Santa Bárbara, en plena calle Venezuela.
Uno de los actores en proceso de preparación.
Marisol Sánchez, productora de la agrupación, afirma que nunca ha sido para el Teatro Esencial una limitante el no tener presupuesto. “Hemos creído siempre que el artista tiene que trabajar con lo que hay a su alrededor”. Casi todos los integrantes de la agrupación han sido formados en la Escuela de Teatro Inés Laredo, incluyendo al director Eduardo Marín, quien asegura que las producciones del equipo artístico “no están influenciadas por manifestaciones teatrales de alguna época”.
A un costado de la Iglesia Santa Bárbara realizan sus funciones.
Dedicados a resaltar la idiosincrasia del marabino, el Teatro Esencial busca “traer orgullo de lo que somos, y no el mostrar al público nuestros mal llamados antivalores (…) la idiosincrasia zuliana es única en el mundo. Y uno de sus ejemplos es la gaita”, afirma Sánchez. Para la productora y también artista, “es esa forma tan atípica de ser amorosos (…) nosotros usamos la exageración para recrear nuestras historias. Nos manifestamos a través del humor. El zuliano contagia la alegría”.
El espacio se integra a la vida de la ciudad.
El artista en la calle
El Teatro Rubino, tiene su nombre en homenaje a Ernesto Rubino, un artista italiano que llegó a Venezuela hace aproximadamente 60 años y se dedicó a hacer teatro con la maestra Inés Laredo. “Él ejerció el teatro hacia las comunidades. Rara vez se veía al profesor Rubino en algún teatro reconocido, siempre estaba en los barrios”, expresa Marín con nostalgia mientras recuerda el día en que pudo sentar a su mentor frente al teatro que lleva su nombre. “El teatro Rubino es un teatro itinerante, un teatro que se desarma y se arma. Recibimos a personas que por primera vez están frente a una situación teatral”, añade el director. Para Sánchez y Marín, se trata de “acercar el teatro al público para que el público luego se acerque al teatro”.
La formación
Afirma el director, que “el arte no se enseña de manera académica, se orienta a descubrirlo. Porque está allí, el arte no hay que inventarlo (…) necesitamos tomar la gente con talento para orientarlos a descubrir donde tienen su propio arte, aquello que hace de cada obra un acontecimiento diferente.
La escuela, establecida desde el 2005, recibe a los aspirantes con perfiles especiales que estén enfocados a un trabajo voluntario. “Se trata de creer en lo que hacemos y ponernos al servicio de la gente”, asevera Marín. En el Teatro Esencial “se toma fundamentalmente al muchacho que no está lleno de vicios. Que podamos desde su estado puro darle orientación para que ellos mismos vayan encontrando el arte que llevan por dentro”, expresa el director, añadiendo que “no hay un perfil estándar que rija las características de nuestros artistas. Cada uno ejerce una manera diferente y todas son válidas”.
La agrupación favorece la filosofía de que los procesos creativos parten de cero. Por lo que, afirma la productora, nunca han representado obras editadas. En el Teatro Esencial, “el autor de la obra de teatro no es el director, sino el mismo actor”, declara Marín.
Sin paredes o bastidores
Tal como lo proyecta el director, “el teatro Esencial puertas adentro es un mundo diferente”. La agrupación está conformada por un elenco estable de siete personas, una generación de relevo con cinco integrantes, y de un músico colaborador.
“Lo hacemos de manera gratuita. Nos hace felices y el cansancio que queda luego es de satisfacción. Allí no hay paredes, no hay bastidores”, expresan Marín y Sánchez, manifestando que “aquí la gente se acerca y te dice que valió la pena y que volverán”.
“Siento que Venezuela está llamada a ser un foco de luz para el mundo”, considera Sánchez. “En Venezuela hay una circunstancia extraordinaria que amerita de un esfuerzo extraordinario (…) este es nuestro granito de arena para la ciudad, porque el teatro al igual que el arte, es un servicio, una entrega de amor”.