El éxito de un manga suele confirmarse cuando trasciende al cine o la televisión, como ocurrió con Candy Candy. La historia, publicadas inicialmente por la editorial Kodansha en 1975, se convirtió en animé bajo la producción de Toei Animation.
De Japón a Hispanoamérica
El primer capítulo de la serie animada se emitió el 1 de octubre de 1976. Aunque su expansión internacional llegó años después, en los 80, el doblaje realizado por actores argentinos permitió que Candy Candy conquistara a Hispanoamérica.
La trama, ambientada a finales del siglo XIX, sigue a una protagonista abandonada de bebé cerca de un orfanato. Su desarrollo cautivó al público por la ambigüedad de sus sentimientos hacia los personajes masculinos, rompiendo con los esquemas tradicionales del género.
El litigio que la borró de las pantallas
Desde 1998, Candy Candy está prohibida en las programaciones televisivas. La razón es un conflicto legal por derechos de autor resuelto en los tribunales de Japón. Kyoko Mizuki, creadora y escritora de la historia, demandó a la mangaka Yumiko Igarashi por comercializar merchandising del animé sin su autorización.
Igarashi argumentó que no necesitaba permiso para negociar con sus dibujos. Sin embargo, el juez determinó que Mizuki podía explotar la historia que creó, pero sin usar las ilustraciones de Igarashi. Además, la mangaka quedó impedida de utilizar la imagen de Candy Candy y el resto de los personajes, ya que sus rasgos respondían a los creados por la demandante.
Mizuki, por su parte, publicó tres novelas continuando la historia de los protagonistas. El conflicto no solo impidió que nuevas generaciones conocieran este clásico, sino que evidenció las tensiones entre dos colaboradoras que, tras alcanzar el éxito, bloquearon una obra con potencial comercial.





