Su historia devino en tragedia, a pesar de tantos superlativos y elogios con respecto a su inigualable talento al cantar. Quedó sepultada en comentarios maliciosos, en archivos de prensa, en el silencio de una familia que vivió en carne propia las desventuras de un joven tímido y soñador que quiso ser cantante, que alcanzó sus sueños y llegó a posicionarse al lado de figuras tan míticas como su propio nombre. Aconteceres que necesitaban ser contados con exactitud.
El germen
Miércoles 5 de julio de 1972. El populoso barrio marabino de Santa Lucía, capital del estado Zulia, al occidente de Venezuela, estaba atestado de personas congregadas para darle el último adiós a Felipe Antonio Pirela Morón, Felipe Pirela, luego de ser asesinado a tiros en Puerto Rico. Tal era la cantidad de personas en la calle Delgado, que el recién bachiller Eduardo Fernández, de 17 años, puedo ver el féretro del Bolerista de América solo unos segundos. Era una pena tanto para él como para su madre, quien lo acompañó esa ocasión, que el artista de marcados rasgos guajiros ya no estuviera más para cantar temas como los que escuchaba en los LP que tenía en su casa.
Cuatro décadas después, el reconocido periodista Eduardo Fernández, adjunto a la dirección del diario Panorama, con oficinas principales en el centro de Maracaibo, bautizó en 2012, en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, la biografía autorizada de su ídolo, titulada «Felipe Pirela, su vida», que ahora sirve como base para el guión de la película “El Malquerido”, versión que dirige el cineasta venezolano Diego Rísquez, protagonizada por Jesús Miranda, “Chino”, del dúo Chino y Nacho.
En aquella ocasión fue una publicación en formato de libro-revista, editada por Panorama y financiada por la Gobernación del Zulia, encartada en el periódico en una tirada de 247 mil ejemplares que se agotó dos días antes del lanzamiento. Un verdadero esfuerzo investigativo que duró más de 20 años, reunidos en 102 páginas de la pluma tenaz de Fernández, que a través del género periodístico de la crónica, logra establecer un vínculo entre los disímiles testimonios y documentos que consultó. En 20 capítulos diluye los insuficientes 30 años que vivió Pirela.
La redacción de Panorama luce como la de un diario neoyorquino. Un pasillo largo, con techo raso blanco intercalado con lámparas blancas, conduce a la sala de redacción. Mesas con computadoras a cada lado, con esos detalles personales que cada periodista coloca para delimitar sus espacios. Cubículos a media pared y grandes cristales completan la estampa de un periódico que ha circulado durante 100 años. Eduardo Fernández tiene su oficina. Papeles apilados, libros, televisión y radio encendidos, teléfonos en alerta, siempre a la espera de una última noticia arman el diseño interior al estilo periodista. Ha vivido en esta segunda casa durante los últimos 35 años de su vida. Entró escribiendo en la sección de deportes, luego fue jefe de información, después subdirector y en la actualidad es adjunto a la dirección. Se dice fácil, pero representan años de sacrificios y privaciones, incluso hasta para escribir «Felipe Pirela, su vida».
“Empecé a escribir finalmente en 2008. Entre las responsabilidades del periódico yo siempre paraba. Lolimar Suárez, que ahorita es subdirectora de página web, me dice, “chico, no te he visto escribir más sobre Felipe. Terminá ese libro Eduardo, terminálo”. Y mi esposa también me preguntaba “qué has escrito sobre Felipe”, porque yo le llevaba lo que había escrito por la noche, para que ella lo leyera en la cama, “no me has traído más nada de Felipe, qué está pasando”, y yo la miraba y me sacudía. Mi hermano mayor me visitaba y me ponía los discos de Felipe, hasta que un día le dije “mire hermano, no me ponga más discos de Felipe. Chico, vamos a hacer una cosa, el día que yo te traiga en la mano el libro de Felipe usted va a poner un LP de Felipe, yo no quiero escuchar a Felipe hasta que el libro no esté listo”, cuenta, tres años después de publicado el libro.
Aquellos apuros por terminar la biografía de Pirela no eran meras molestias de sus amigos y familiares. La idea de escribir sobre el Bolerista de América data de la década de 1970, posterior al deceso de Pirela. “Conocí a un amigo de Felipe Pirela, como en el año 73, entonces me enriqueció más sobre las cosas de Felipe, su vida, todas esas cosas que pasaron allí. Dio mucha información, y fui conociendo el ambiente en donde el hombre se movía”. Fue un proceso que se llevó su tiempo, incluso años. “Más adelante, seguí teniendo conocimientos sobre Felipe hasta que un día me decidí, ya siendo periodista, porque siempre tuve el sentimiento de escribir un libro sobre él. Acumulé el material, y cuando me decidí ya me movía en el ambiente de los deportes, de la farándula, e iba conociendo gente ligada con Felipe y conversaba con ellos”, rememora.
Los grandes aportes para esta biografía autorizada fueron de personajes que tuvieron una relación estrecha con el marabino de Santa Lucía. Eduardo Fernández logró conversar con el maestro Billo Frómeta, quien le propuso a Mamá Lucía, la madre de Felipe Pirela, que su hijo cantara para la orquesta que él estaba formando.
-Señora, soy Luis María Frómeta, estoy reagrupando mi orquesta. Quiero que su hijo trabaje conmigo.
Pipito estaba muy cerca de ambos, mostraba sus mejores galas, muy sonriente. Su cabello bien cortado lucía un copete ensortijado. El maestro lo miró fijamente y le dijo:
-Sí, a usted lo quiero en mi orquesta, he venido a buscarlo. Usted tiene un gran futuro, canta como los ángeles, lo espero en Caracas para los ensayos. (P.38)
Es así como las conversaciones con los que estuvieron al lado de Pirela se convierten en texto vivo en el libro de Fernández. Él las adereza, les da forma, las contextualiza.
La familia de Pirela fue clave para investigar a fondo sobre su vida. “Conocí a un hermano de él, William, fue uno de los que más me apoyó, que me contó, fue el más sincero. Conocí el mayor ellos, un poco presumido, cuidadoso, quería hablar poco. Conocí a Gladys, muy nerviosa, muy temerosa. Conversé con otra hermana, llamada Estela, pero no quería conversar mucho. Hablé también con Victoria, la esposa de William, que cuando la esposa de Felipe, Mariela, se va de la casa, es ella la que le prepara las maletas. Me contó muchas cosas. Ingrid, una sobrina de Felipe, me sirvió mucho de apoyo”.
De estos encuentros surgen los diálogos que predominan en el libro. En el diseño de la primera edición, a cargo de Andrea Liendo, se diferencian del texto regular. Están cargados de emociones que solo ellos, parientes consanguíneos del bolerista, pudieron haber experimentado.
-Yolanda, chica, no sé, pero en la radio dicen que mataron a Felipe en Puerto Rico.
-¡Dios mío, qué estáis diciendo mujer! ¿Será verdad eso? Mamá Lucía, Dios, vení acá, Herminia dice que mataron a Pipito-, expresó desesperada la desesperada hermana del bolerista. (P. 14)
El periodista, en busca de fuentes de primera mano, salió de Venezuela y fue a los lugares donde vivió el cantante. “Me fui a Puerto Rico también. A Paquita Berio, que fue el último amor de Felipe, logré ubicarla. Me respondió, en 1999. En ese tiempo yo era jefe de información. Entonces hablaba con Paquita, la grababa, otras veces me escribía, y quedamos en que yo iría a Puerto Rico, porque ella me iba a mostrar unas imágenes, fotografías. Dejamos de hablar como tres años. Cuando yo preparé mi viaje a Puerto Rico y todo estaba listo para viajar en un mes, yo la llamo. No me responde, no hubo manera de ubicarla, entonces trato de ubicarla por correo y nada, solo un correo de una amiga de ella que respondió. Y le pregunto que dónde está Paquita, y me dice que murió hace dos años. Y no pude conocerla, no pude estar con ella”, lamenta Fernández, pues ella pudo haber sido la segunda esposa, hecho que no se concretó por la repentina muerte de Pirela. Fue periodista y encargada de las relaciones públicas del cantante. También fueron amantes. Vino a Venezuela con el vuelo que trajo el cuerpo de su amado a Maracaibo. Fernández narra en el libro que a su llegada, un reportero de Panorama la abordó para entrevistarla.
-No estoy aquí huyendo ni vine precipitada. Vine con el cadáver de quien en vida supo brindarme su afecto y amistad sincera, fue para mí una persona muy especial.
-Felipe, señor, no era un delincuente, y menos aún un traficante de drogas, como aquí en su propia tierra trataban de hacerlo parecer. Era un muchacho bonachón, un tanto ingenuo y eternamente enamorado de su profesión. A costa de tantos sufrimientos estaba traumatizado, decepcionado de muchos de sus coterráneos, de unos cuantos que pregonaban que eran sus amigos. (P. 22)
Los aportes de los archivos hemerográficos fueron de vital importancia, pues trasladaron al investigador al tiempo y espacio en que sucedieron los hechos. “Indudablemente, Panorama fue básico en la investigación, un diario de 100 años que es referencia histórica de los venezolanos. También consultamos los archivos de otros periódicos importantes y revistas especializadas del país, de Puerto Rico, Santo Domingo, Colombia, México y Nueva York. Nos fuimos a San Juan, Puerto Rico, donde nos metimos en los archivos policiales y judiciales para desmarañar todo ese misterio que se armó con su muerte. Viajamos también a Santo Domingo, allá al cantante se le dictó ciudad por cárcel, sometido a un juicio que duró tres meses, acusado de atropellar a una persona, hecho que resultó ser un chantaje”.
Pero sin dudas, un hecho, paralelo a la escritura del libro fue un aditivo simbólico de la publicación. Eduardo Fernández consigue a la única hija de Felipe Pirela, Lennys Pirela Montiel, en la indigencia y viviendo en las calles de Caracas. “Entonces un día me fui con Daniel Sarcos, que es mi compadre, quien me dice ‘vamos a buscar a la hija de Felipe’. Y la encontramos por Sabana Grande, harapienta, durmiendo debajo de un puente. La muchacha la metieron a una desintoxicación. La envían a Cuba a rehabilitarse, pero reincide. Todo esto pasa justo cuando yo estoy terminando el libro y está la campaña de exhumación del cadáver de Felipe para mandarlo al Panteón Regional”.
Este acontecimiento posicionó el libro como un generador de cambios, más allá de la figura de obra editorial. Lennys Pirela Montiel salió del mundo de la indigencia y las drogas y acompañó a Fernández al acto de exhumación de su padre, para ser llevado al Panteón Regional del Zulia, hazaña nada fácil. “Eso tomó entre tres y cuatro años. Hubo oposición porque en el Panteón Regional solo pueden estar los ilustres y Felipe no era ningún ilustre; José María Baralt, Urdaneta y Ambrosio sí podían, no ese tipo que era borracho, un convicto, entonces todo eso costó”, reseña.
No podía terminar de escribir sin visitar San Juan de Puerto Rico, escena del crimen de Felipe Pirela, donde encontró la fatalidad a los 30 años en pleno apogeo de su carrera musical. “Aproveché una Serie del Caribe, que cubrí por Panorama, y fui para el viejo San Juan, el nuevo San Juan. Fui al sitio donde lo asesinaron, plasmé y viví el momento, me senté en la esquina donde murió, el hotel, todas esas cosas, fui a donde funcionó el Molino Rojo, estuve hasta la madrugada con unos amigos, y me fui metiendo dentro del personaje. Todo eso lo fui haciendo para poder revivir lo acontecido”, señala. Lo demás es historia.
Llega al cine
Después del éxito del libro «Felipe Pirela, Su Vida», el periodista zuliano busca una nueva dimensión para la historia. Quiere proponerla como película. “Me dijeron que Diego Rísquez admiraba el personaje, así que le envié el libro de lujo (uno de los tres mil que se imprimieron en Colombia, con tapa dura), también a Román Chalbaud y César Bolívar. Chalbaud y Bolívar me escribieron entusiasmados, pero fue Diego quien se vino a Maracaibo y comenzamos a escribir el guión. Así comenzó el proyecto de filmación. Fue toda una novedad para el autor y para el diario.
Panorama ha servido como fuente de publicidad para el film. Todo el proceso de filmación, tanto en Caracas como en Maracaibo, fue publicado con orgullo por el medio impreso que vio crecer, en cierto sentido, al germen de El Malquerido. “Diego es el director, trabaja con un equipo de producción muy profesional. La inversión se ha hecho con presupuesto del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía, con el apoyo de la empresa privada y el gobierno regional. Trabajar con un cineasta de la valía y trayectoria de Diego nos enriquece profesionalmente y nos orgullece, y más cuando nuestro trabajo ha sido tomado en cuenta”, asegura.
Como gesto de gratitud, Fernández figura como actor en este film venezolano. “Rísquez nos invitó a participar en la trama. Lolimar Suárez hace el papel de una periodista puertorriqueña que interroga a Felipe, en este caso, Jesús “Chino” Miranda, en un programa de televisión horas antes de su muerte. Me tocó personificar al director del diario Un Nuevo Día de Puerto Rico, quien conversa con la periodista Paquita Berio, la última novia de Felipe. Fue ella quien acompañó el cadáver del cantante cuando fue repatriado a Maracaibo. El Periódico le ha dado apoyo logístico a la producción desde hace tres años cuando comenzamos con los guiones y a buscar las locaciones”.
En Maracaibo rodaron en la Basílica de la Chinita, parada obligatoria para registrar la esencia del Maracaibo de los años 60, en la Plaza Baralt, en las inmediaciones del colegio Rosmini, al noreste de Maracaibo, donde hacen la escena de una “caimanera” en la que juegan los niños Felipe Pirela y Luis Aparicio, y en la propia redacción de Panorama. El formato Blanco y negro transformará esos escenarios en la vida del Bolerista de América, reto que asumió Diego Rísquez.
El estreno de El Malquerido se espera para el venidero 1° de diciembre, en el histórico Teatro Baralt de Maracaibo, cuna de Felipe Pirela. Al día siguiente se proyectará en Caracas y progresivamente en todo el país. El trabajo cinematográfico se resumirá a una hora 45 minutos de película, tiempo suficiente para mostrar las desventuras de Felipe Pirela, uno de los venezolanos más célebres en el plano artístico.
Felipe Pirela vigente
“Nuestro país ha dado buenos cantantes y los continuará produciendo, pero Felipe Pirela fue una excepción, tanto así que se mantiene vigente. Necesitaríamos mucho espacio para contar por qué fue excepcional. Cuando se alcanza tanta fama y nos convertimos en figuras públicas, somos un blanco perfecto de la crítica. La exitosa carrera de Felipe se debe mucho a los medios de la época, que lamentablemente, ante el escándalo promovido por su suegra y los señalamientos de su esposa Mariela, siendo ella, apenas, una niña, algunos medios manejaron la noticia con sensacionalismo. Su vida sigue siendo un acertijo. De su muerte sabemos que lo asesinó un narcotraficante convicto, de mala calaña, fugado de una cárcel de Nueva York, que de alguna manera se relacionó con el cantante”, expresa Eduardo Fernández, al mirar atrás y examinar toda una vida en la búsqueda de la persona de Felipe Pirela.
Se está preparando una segunda edición de «Felipe Pirela, su vida», que contendrá actualizaciones de datos, según lo arrojado en investigaciones recientes. Se amplían los capítulos con los hechos acaecidos en los últimos cuarenta años, como el hallazgo de la hija de Pirela, Lennys Pirela Montiel, la versión de los hechos de la esposa del cantante, Mariela Montiel, quien conversó con el autor tiempo después de su publicación, y la exhumación y envío al Panteón Regional del Zulia de los restos mortales de Pirela Morón. Ya hay conversaciones con el sello Dahbar Ediciones, del periodista, escritor y editor Sergio Dahbar, para que sea esta editorial quien imprima y distribuya la tirada, reconocida por publicar libros de excelente calidad.
Eduardo Fernández resume la vida trágica de Felipe Pirela en tres grandes errores que lo llenaron de angustia, inseguridad, desconsuelo y soledad: haberse casado tan joven y con una niña de 13 años, sin conocerla a ella ni a su familia; empeñar su carrera musical a un sello discográfico, en este caso Velvet, que produjo la mayoría de sus éxitos; y ser olvidado por aquellos que decían ser sus amigos. El resultado de esta obra y los proyectos subsecuentes representan la mayor satisfacción para el comunicador, pues le hacen ver que cumplió con el reto periodístico y personal que se propuso hace dos décadas, el cual hoy también permite al público redescubrir a Felipe Pirela.
Publicación de origen: Newsweek Venezuela