Mucha magia vio José Armando García Esteves, en las “caraoticas” que, junto con unos “palitos”, posados sobre el pentagrama daban origen a la música. En sus manos creadoras, las notas se transfiguraron en códigos de un alfabeto propio, que libre de los barrotes de aquellas cinco líneas, hacen música a través de una danza visual.
El artista conocido nacional e internacionalmente como Nanin, de 63 años, con cuatro décadas de trabajo creativo constante, es el invitado a poner la fiesta visual que tendrá en Art Nouveau Galería, Maracaibo, como parte de una exposición llamada Diecisiete, su primera individual con este espacio expositivo que abrió este domingo, 22 de noviembre, de 11:00 am a 2:00 pm, y con la que, la galerista Elizabeth Hazim de Castillo, celebró los 28 años de su vitrina de arte.
Allí, con algunas de sus “palabras codificadas”, algunas de PVC, otras de aluminio y otras de acero; puestas en el piso, en espera de ser montadas, el artista que también tiene estudios de arquitectura, es museógrafo, músico, y restaurador de obras, se permitió ayer una tertulia en la que rememoró que su primera individual en Maracaibo fue llamada Código, en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez, en el año 2006. “Me encanta esta ciudad, sus colores. La gente me dice: ¿Vas al Zulia? tienes que llevar muchos colores. ¿Y cómo hago yo si mi obra es principalmente con blanco y negro?”, bromea el artista que, a sus 63 años, muestra la misma estampa del joven rockero que fue a sus 23 años, cuando comenzó a indagar en el lenguaje musical. Ese alfabeto expresivo fue el que le animó a buscar su maestro Carlos cruz-Diez desde que lo conoció,sentado a su lado en un viaje en avión. “No soy cristiano, ni tampoco dejo de serlo, tengo un poco de todas las religiones porque todas van al mismo lado. En lo que sí creo es en el destino. Ese momento (cuando conoció a Cruz-Díez) tuvo que estar signado en mi destino”. Pese a no ser del todo cristiano, asegura que lo más hermoso que ha escrito en su código es el Padre Nuestro. “Me lo han pedido. Algunos clientes piden que les escriba ciertas palabras o frases que solo ellos saben su significado. Les gusta tener un secreto en la obra”. De las enseñanzas que le dejó el maestro que lo llevó a crear ese código secreto, Cruz-Díez, dice orgulloso: “Él me llevó a descubrirme. A que no me copiara de nadie. A evolucionar, a que hiciera mi propio trabajo. Si él te ve que haces algo parecido a otro, te lo dice: ‘esto se parece a tal’. Y creo que el verdadero maestro no es el que te dice cómo hacer el trabajo, si no que te lleva a descubrir el tuyo. Pasar todo el tiempo en su taller me dio la disciplina, el afecto por el trabajo”.
Nanin comenzó con obras bidimencionales en cuyo soporte siempre estaban los pentagramas. ¿En qué momento supo que debía pasar a lo tridimensional? Asegura fue dictado por una intuición que deviene del diálogo con su obra. “Los procesos no son ni largo ni cortos, son procesos y punto. Y creo en la musa, pero en esa que se encuentra trabajando. Siempre está allí, en el trabajo, esperando. Lo que hay es que organizarla y sacarla. Pero entre la obra y el artista siempre hay un diálogo, y llega un momento que la pieza pide salir del cuadro. Este trabajo es un alfabeto. Se puede escribir, leer, en interpretar en muchas partes y de muchas formas, si yo lo decido”.
“Soy el único alfabeto de este cuento. Voy a la composición y también al diseño, que me permite investigar y organizar mis códigos -determinó el artista-. La investigación es modelar una identidad”. En la muestra de Art Nouveau muestra piezas principalmente de sus series Positivo, Viento y Acentuación.
Sobre la conceptualización de su obra como abstracto geomética y cinética confiesa: “Yo no persigo ser cinético. Pero hay gente que ve el movimiento. La obra se mueve en la cabeza de cada quien. Yo solo espero que la disfruten”.