El nuevo reto de Henry Semprún (actor de la ciudad y dramaturgo desde sus 17 años) es un personaje de dos metros de alto, incluyendo los 20 centímetros de tacón con plataforma y un elevado penacho de garota que busca rozar el cielo, como símbolo de su espigada vanidad.
Se llama La Grande, y muy grande tendrá que ser, para diferenciarse y superar el éxito del show teatral Señoras de Maracaibo, del que es coautor. El personaje es un hombre travestido que hizo una breve aparición en el show El Velorio de Eudomario de Señoras de Maracaibo, el domingo 14 de agosto en el Teatro Baralt, como anuncio de la próxima obra de Fundrama. El público respondió eufórico con ese abreboca.
Previo a esa corta presentación, La Grande llevó su escandalosa alegría por la fachada de la Basílica, por el Monumento y por la calle Carabobo, donde en medio de la explosión de color de las fachadas de las casas se sintió a tono, porque ella es felicidad y divismo ante el lente de los fotógrafos y sin ellos también. Allí se registró en fotos al nuevo proyecto de Fundrama, el monólogo La Grande, que se estrenará el 2 de octubre, a las 6:00 pm, en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez.
“La Grande recordará cuando tuvo su primer amor, también recreará la vida de los bares gay de los 90, aquellos donde se les aplicaban la Ley de Vagos y Maleantes —una ley que ya nadie recuerda que existió—, y a la que apelaban los policías para allanar los lugares de ‘ambiente’, simple y sencillamente, porque había homosexuales y esos bares eran prohibidos”, cuenta Henry Semprún quien además de intérprete escribió la historia hace tres meses, tiempo que lleva de preparación el montaje. “El público verá los ademanes y el argot que utilizaba el colectivo gay de los 90 —añade Henry—. La Grande también contará amor de los 30, las diferencias, el de los 20 es más de descubrimiento y el de los 30 es de más responsabilidad. Ya en el año 2000 no eran prohibidos y ya no llegaba la policía a allanar. La última parte el amor a los 40, donde se enamora de un joven al que le dobla la edad, porque eso es lo que dice la sociedad que tienes que consumir”.
Sobre el drama en la historia, Semprún defiende su visión “feliz” del travesti: “Ella no transita por soledades, ni depresión. No hay dolor sino reflexión. No hay una referencia del travesti violado, ni maltratado, porque ya eso se ha hecho mucho. Se ve una sociedad que invade al gay”. De su huella biográfica en la historia el hacedor teatral expone con franqueza: “Yo soy gay, soy actor teatral, soy dramaturgo, y no tengo trauma por eso. En mi familia y amistades siempre he sido tratado con respeto. Por eso siempre he apelado a la felicidad. Traté de buscar la otra perspectiva. Si a mí algo no me hace infeliz, yo salgo de allí. No hay un momento de llanto, ni frustración allí, porque no soy así y esta historia es 50% yo y 50% lo que he visto en los travestidos”.
Como el experimentado actor que es, Semprún en sus casi tres décadas de trayectoria, ha escrito y también ha encarnado en el teatro zuliano otros roles como Flecha, en El Avaro de Moliere; El vendedor, en Cositas mías; Héctor, en Drama de arcilla; y un recolector de basura en Cabimas Zamuro entre otros con el grupo Teluz. Pero La Grande le impone exigencias que nunca había experimentado. “Con este personaje debo bailar en coreografía, cosa que no sé —reconoce—. Otro reto es que los ademanes no sean de mujer, sino de gay, más caminar con tacones de manera natural. Lo estoy haciendo en mi casa, por lo menos una hora diaria. Es muy diferente a los otros personajes”. Richard Oliveros, director de Fundrama y de la obra, contó que lo más difícil en este trabajo ha sido despojar a Henry de Marucha, un personaje que realiza desde hace ocho años. “Henry ha interpretado a mujeres como la actriz de la obra Función de Circo. Hizo a una muchacha en Las Criadas de Jean Genet —rememora Oliveros—. También interpretó a Mujiquita, un gay viejo en la obra Sobrecenizas (Teluz 1997). Pero La Grande no es mujer, es un maracucho que se viste de mujer y no necesariamente quiere ser mujer”.
El escenario también será distinto, será en una gran pasarela y la escenografía contará con telares que dibujarán la bandera de la comunidad sexodiversa. La música será de DJ con la base de canciones de cantantes setentosas como Mirian Ochoa y Marita Capote. Oliveros subrayó: “Este será, por primera vez de manera frontal, un reconocimiento a la diversidad sexual en Venezuela”.
Luis Becerra, presidente de la Fundación Venezolana de Apoyo a la Diversidad Sexual, expresó que realiza una alianza institucional con la nueva obra teatral de Fundrama. “Es una puesta en escena del travetismo que no es estigmatizante, es más bien reivindicativa y exalta el derecho a amar con libertad y felicidad”.