Ángel Mendoza Zabala/[email protected]
Vibraron las veradas, ayer, frente a San Juan de Dios. Las voces femeninas de la gaita ofrendaron, ante el féretro con el cuerpo de Gladys Vera, los mas sonados hits de la “Sempiterna Reina de la Gaita”, fallecida el pasado lunes 14 a las 3:40 de la tarde.
A las 11:20 am, bajo el sol brillante de siempre, los servidores de María cargaron la urna, cubierta con la bandera del Zulia, hacia la plazoleta. Los acordes de “Siempre estaré contigo” la recibieron entre “la lluvia de aplausos” que, “con el corazón arrugado”, pidió su amiga, la periodista Moraima Gutiérrez.
Un último homenaje que había comenzado a las 9:00 am, con el rezo de un rosario íntimo, con amigos, familia, y la primera combatiente del estado, Margarita de Arias.
“Rogamos a Dios, hoy, que reciba en su seno a Gladys Mercedes Vera Mora, un baluarte regional, una vida dedicada a cantarle a los dramas del Zulia, a las bondades de esta tierra y a alabar a Dios”, proclamó el vicario Eduardo Ortigoza.
Las lágrimas no dejaron de brotar. De sus hermanos, de sus sobrinos, de sus amigas —Marina Salas, entre ellas— y de los gaiteros.
En la plazoleta, “Amor marginal” arrancó lágrimas de algunos presentes. Yelitza Vilchez entonó el célebre tema de Gladys. Ante una falla del sonido, la garganta zuliana respondió coreando el verso.
“Toda la vida llevo cantando sus gaitas. Era una mujer tan elegante que era inimitable”, dijo Martha Gutiérrez, una luciteña que acudió a la despedida.
A mediodía, después de escuchar Amor marginal, Estampas y Mi gentilicio, las niñas del conjunto Los Parranderitos cantaron Fuente divina.
Fue la apertura de la fuente del llanto. Yumaira González, de Koquimba, se quebró. Igual le pasó a Deyanira Bravo, quien entonó “Mi vieja plaza Baralt”.
“Es un ejemplo a seguir, una mujer elegante, distinguida. Una gran amiga, compartimos mucho en Los Chiquinquireños”, dijo la “Solista de la Virgen” y voz emblema de Barrio Obrero, Carmencita Silva.
Con escolta, el cortejo partió entre flores a las 12:30 pm. Desde un camión con cornetas reprodujeron sus gaitas, esparciendo las notas de su legado a los cuatro vientos zulianos. “Lo más sublime, con el trato más jovial. Le gustaban mucho los chistes, las anécdotas. Vivía riéndose todo el tiempo”, recordó el locutor Eduardo Torres.
Sumido en el dolor, Fernando Calzadilla, su viudo, no habló. Acompañó al cuerpo incluso en el recorrido final. Iba en el carro fúnebre.
Ricardo Cepeda también se mantuvo alejado. Visiblemente compungido junto a su esposa, no subió a la tarima a la serenata. “Está muy afectado”, reveló un amigo.
En el camposanto volvieron las gaitas, a capella. Y, entre los compases sacros del Himno a la Chinita, bajó Gladys, al sepulcro. “Hubo un gran parrandón el lunes, en el cielo”, imaginó Moraima Gutiérrez. “Astolfo la esperó. Betty Alvarado animó el gaitón que Ricardo Aguirre dirigió complacido”. Ingresó, a pulso —entre furro y voz— al olimpo de los íconos zulianos. Con la ayuda y la fe en Dios, como decía su gaita, seguirán sonando sus versos en la memoria musical de Maracaibo.