La mimosa, o Acacia dealbata, fue introducida en Europa en 1824 como planta ornamental y hoy está considerada una especie exótica invasora en España, salvo en Canarias y Baleares. En Galicia se ha naturalizado en zonas bajas y medias, y sus semillas pueden germinar después de un incendio, favoreciendo la ocupación de terrenos quemados.
La trajeron por sus flores y su rápido crecimiento
Originaria de Australia y Tasmania, la mimosa llegó a Europa de forma deliberada para decorar jardines y paseos, según la información del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España. Su floración, entre enero y marzo, el crecimiento rápido y la escasa exigencia de cuidados explican parte de su atractivo ornamental.
El árbol puede alcanzar los 15 metros. Tiene hojas perennes y produce vainas aplastadas y curvas con entre cuatro y cinco semillas. En sus primeras etapas no tolera bien la sombra y las heladas la perjudican, por lo que prospera en zonas de clima suave.
El fuego puede impulsar su expansión
En Galicia, la especie ocupa áreas de hasta unos 600 metros de altitud. También ha colonizado terrenos alterados por talas, cultivos e incendios. Sus ramas se utilizan incluso para guiar viñedos del Ribeiro.
Una vez establecida, puede crecer y propagarse con rapidez y desplazar a especies autóctonas. Además, consume agua y acidifica el suelo, lo que dificulta el asentamiento de otros vegetales.
La mimosa arde con facilidad y sus semillas pueden permanecer latentes en el suelo durante largo tiempo. Las altas temperaturas del fuego pueden favorecer su germinación y la colonización posterior del terreno, lo que complica la recuperación de vegetación autóctona. Su vida media ronda los 50 años, aunque hay ejemplares que pueden superar esa duración, de acuerdo con un catálogo de especies invasoras de la Universidad de Cantabria.
El control requiere medidas sostenidas
El ministerio español señala que erradicarla es difícil y costoso, entre otras razones porque las actuaciones deben mantenerse en el tiempo. Entre las medidas mencionadas están dejar de usarla en jardinería, prevenir incendios forestales y conservar la cubierta vegetal natural. También se plantean métodos mecánicos donde sea posible acceder y la aplicación de glifosato en los tocones.
En las cuencas del Tajo y el Guadiana, en Extremadura, se desarrollan acciones de gestión que abarcan la mimosa y el ailanto. En Mérida se ha probado un método para controlar el rebrote tras el corte mediante hongos, mientras que en Madrid se describen medidas de control físico, químico y biológico.
Contenido redactado con asistencia de un LLM.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata esta nota?+
La mimosa, o Acacia dealbata, fue introducida en Europa en 1824 como planta ornamental y hoy está considerada una especie exótica invasora en España, salvo en Canarias y Baleares. En Galicia se ha naturalizado en zonas bajas y medias, y sus semillas pueden germinar después de un incendio, favoreciendo la ocupación de terrenos quemados.
¿Qué se sabe sobre «La trajeron por sus flores y su rápido crecimiento»?+
Originaria de Australia y Tasmania, la mimosa llegó a Europa de forma deliberada para decorar jardines y paseos, según la información del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España. Su floración, entre enero y marzo, el crecimiento rápido y la escasa exigencia de cuidados explican parte de su atractivo ornamental.
¿Qué se sabe sobre «El fuego puede impulsar su expansión»?+
En Galicia, la especie ocupa áreas de hasta unos 600 metros de altitud. También ha colonizado terrenos alterados por talas, cultivos e incendios. Sus ramas se utilizan incluso para guiar viñedos del Ribeiro.